martes, 22 de junio de 2010

LA BATALLA IDENTITARIA




La batalla identitaria; o más bien, nuestro «Frente del Ser», contra el no ser de la homogenización, del desarraigo, de la disolución en el mefítico bodrio occidental.

Lucha por existir y resistir, batalla por la autoafirmación y la autodefensa, institución de un proyecto histórico y puesta en marcha de una comunidad de destino. En la época en la que los pueblos europeos están amenazados en su misma supervivencia física, después de haber ya cedido el alma al demonio mundialista, la lucha por la defensa de nuestra identidad, el despertar de nuestra consciencia nacional y la regeneración de nuestra forma étnica adquiere una importancia decisiva, crucial. Pero, sobre todo, ¿qué se entiende con el término «identidad»? Podemos definirlo como el resultante de tres factores: naturaleza, cultura y voluntad (1). De la naturaleza forman parte las características más estrictamente físicas, biológicas y raciales de un pueblo, su esencia más concreta, la «materia humana». La cultura representa el modo único y original con el que cada pueblo percibe el mundo y su manera de orientarse en él, alcanzando la autoconciencia a través de una confrontación (y/o un enfrentamiento) con la otra parte de sí mismo; también, cultura son las tradiciones, las usanzas, los hábitos, la memoria histórica, las referencias míticas etc. El lado volitivo está constituido por la puesta en marcha de las otras dos primeras, es la plena asunción del dato físico y del dato cultural en un horizonte de sentido determinado por una decisión creadora y fundadora. Voluntad, por lo tanto, es hacerse cargo de la propia identidad bio-cultural, proyectando en el futuro la propia memoria transmutada en proyecto. Este punto en fundamental. Siempre es la voluntad lo que hace la historia, un pueblo que está desprovisto de tal no es nada más que una población, un mero conjunto de individuos sin historia, un simple dato estadístico-demográfico. Nacer en un determinado estado, tener los padres de una cierta nacionalidad, poseer característicos rasgos somáticos, aprender en el colegio determinadas nociones, hablar una cierta lengua, comer determinadas pitanzas; todo ello constituye una identidad sólo en potencia. No basta que se haya pasado el testigo; es necesario quererlo recibir y tener la intención de pasarlo a quien viene después. La elección contraria es muy posible; a tal propósito se pueden ver a tantos intelectuales, políticos, estrellas del show business que escogen conscientemente la vía del cosmopolitismo, del mundialismo, del etnomasoquismo, del desarraigo. Éstos son italianos y europeos tanto como nosotros, pero quieren rechazar esta pertenencia en nombre de una retórica «hermandad universal». La identidad, por lo tanto, puede muy bien ser rechazada. Por otra parte hoy es la elección mayoritaria. Esto es posible porque la apertura de nuestra historia, consecuente con la fundamental libertad humana, consiente también la opción de la salida de la misma historia, lo que equivale a decir la elección de la entropía étnica, cultural, social, ecológica etc. Frente a tal libertad existencial, será entonces nuestro deber escoger la vía identitaria.

Un nuevo nacionalismo

Para hacer esto es sin embargo necesario no caer en viejos errores ni decaer en fórmulas caducas. Debe ser superada, en particular, la creencia típicamente reaccionaria según la cual una lucha identitaria deba simplemente defender la presunta virginidad de un conjunto de valores todavía no contaminados de los males de la modernidad. En absoluto es así. La identidad no es un concepto estático, una experiencia pura a preservar de los trastornos de la historia; es precisamente en la historia, es más, ésta es perennemente generada y regenerada, en un proceso continuo, sin pausa. La identidad es un proyecto en el devenir, una autoconciencia que eternamente se reformula y se recrea. No existen simplemente valores a conservar, sino toda una serie de mitos, de tradiciones, de memorias a escoger, seleccionar y re-interpretar, con formas siempre nuevas y originarias en base al futuro que se haya escogido. Es el proyecto que da un sentido a la memoria, no lo contrario; es esto, aquello que entendía Giovanni Gentile [alias] cuando afirmaba que la nación es una realidad espiritual que «nunca existe, es necesario siempre crearla de nuevo». Esta concepción dinámica de la batalla identitaria, dirigida más hacia el futuro que al pasado, se nutre por lo tanto de una forma nueva y «post-moderna» de nacionalismo. Hablamos de un nacionalismo impregnado de sensibilidad imperial y grande-europea, ya no a la merced de un obtuso y provincial orgullo chauvinista; un ideal popular y comunitario, en la convicción de que una comunidad nacional existe verdaderamente tal sólo sí en su interior se reconoce la total dignidad social a cada uno, contra todo dominio oligárquico e intereses de logias. Contra la idea regresiva, reaccionaria y tradicionalista es necesario proponer en oposición un espíritu innovador, revolucionario y futurista; contra el nacionalismo meramente defensivo, refugiado en el conservadurismo estéril de una memoria momificada y en la preservación beata de cuanto, en el hoy, persiste del ayer, nosotros queremos un nacionalismo agresivo, determinado por lo tanto a agredir la modernidad moribunda y su fracasado «proyecto incumplido» para destruirla, subvertirla, superarla en una época tan nueva, y sin embargo con fascinaciones tan arcaicas. Nunca más al culto inmóvil de los «viejos y buenos valores de un tiempo» ni al machacamiento masturbatorio del folclore empolvado: en su lugar, una voluntad de poder deflagrante y revolucionaria fundadora de una nueva civilización. Pensar o actuar en modo diverso significaría permanecer atrasado por lo menos de un siglo, permanecer parados, al estilo de la vieja derecha liberal, clasista y conservadora eliminada por las vanguardias nietszcheanas, futuristas, dannunzianas y belicistas que al inicio del siglo veinte inflamaron el mundo. Es desde estas sugestiones de donde debemos partir de nuevo, articulando un pensamiento plenamente nacional-revolucionario, arqueofuturista, descendiente directo del sobrehumanismo fascista.

Muerte y regeneración de la patria

Por otra parte, incluso queriendo, no sabríamos sinceramente sobre qué bases fundar un patriotismo pequeño-burgués de tipo conservador, no por otra cosa que por la elemental razón que no hay nada más que conservar. Puesto que, por favor, ¿donde estaría hoy la patria? ¿Quizá esté escondida en alguna parte en los discursos rezumantes de banalidad e hipocresía de un Presidente de la República antes partisano y usurócrata, dispuesto recientemente a reivindicar, para la Italia de hoy, la actualidad de los valores... del 8 de septiembre (¡!)? ¿O quizá en los desfiles militares tan de moda últimamente, tan pomposos tanto como patéticos con el tentativo penoso de enmascarar la realidad del verdadero papel de hoy, del ejército italiano, ascazo servil del patrón de más allá del océano? O quizás, más modestamente, «patria» es hoy el equipo nacional de fútbol, cuya afición es sólo una miserable simulación de pertenencia, casi el único «ideal» por el cual a estas alturas se consiga emocionarnos. ¿Por esto deberíamos luchar? ¿Desde las «tierras irredentas» al tridente Vieri/Totti/Del Piero? No, es necesario adquirir la consciencia que hoy la patria está muerta, por lo menos como postura. Por el contrario subsiste todavía, en potencia, como un conjunto de valores y sensibilidades inconscientes a reactivar de forma radicalmente nueva. Es necesario tomar consciencia de la dimensión fundamentalmente nihilista de la era presente, del vacío absoluto en el que nos encontramos, vacío que es la fuente de desplazamiento y de angustia, pero que puede ser también la ocasión de la reconquista para quien lo sepa llenar. Debemos acoger la nada que nos rodea como la condición de posibilidad de un nuevo inicio, como la ocasión que se nos abre frente a quien posea una voluntad histórica de autoafirmación. De frente al avance del desierto, es necesario ser «fundadores de ciudades». Sólo habría que intentar estar a la altura de tal tarea, re-evocando nuestra más antigua memoria para proyectarla en el más lejano futuro contra la desolación del más alucinante de los presentes. El Fascismo no hizo nada de diverso: renegó de todas las enmohecidas tradiciones entonces existentes para evocar directamente un pasado remoto, arcaico, mítico, poniéndolo al mismo tiempo en la base de un proyecto político y metapolítico que miraba hacia un futuro milenario (2); por esto fue y sigue siendo odiado por los conservadores de ayer y de hoy. Haciéndonos cargo plenamente y conscientemente de nuestra libertad histórica, debemos asumir la tarea schmittiana de una decisión superior que establezca qué queremos ser, sobre la base – evidente – del dato bio-cultural, pero con un espíritu voluntarístico y heroico donde el mero «dato» es sólo la materia bruta de una obra de autocreación en un continuo devenir. No se trata, lo repetimos de nuevo, de «descubrir» aquello que se es; se trata, nietzscheanamente, de querer llegar a ser. Es el concreto querer-ser-así contrapuesto al anhelo hacia lo indistinto, hacia lo indeterminado, hacia lo genérico típico de la tradición igualitaria, que además es una voluntad-de-no-ser enmascarada de un querer-ser-todo (da aquí el elogio del cosmopolitismo: nos ilusiona con tener raíces por doquier cuando en realidad no se tienen en ninguna parte). Al dominio de lo informe proponemos en oposición la voluntad de la forma, iniciando de nuestra forma étnica (3), contra los monstruosos proyectos de quien querría de-formarla por medio de la «muerte tibia» del consumismo global o a través del alucinante diseño multirracialista.

El futuro de los pueblos europeos

Esta tarea de tutela, defensa, afirmación y regeneración de nuestra forma étnica es, a día de hoy, lo más blasfemo que pueda existir. De hecho, para un europeo es un pecado mortal reivindicar el derecho a la propia especificidad cultural, derecho que al menos en línea de máxima se está siempre listo a reconocer a cualquier otro pueblo. Tiene perfectamente razón Francois Dancourt cuando, en un sitio identitario francés, hace notar como en Francia (y en Europa) no está en absoluto prohibido ser racista, con la condición sin embargo que el racista se autocertifique como «antirracista» reconocido y que la raza por él subestimada sea la europea. Es la lógica alienante de lo políticamente correcto, que en la culpabilización y en la desvirilización de los europeos encuentra la propia razón de ser. Nosotros, por lo que nos respecta, consideramos que cada pueblo, comenzando por el nuestro, debe poder cultivar las propias tradiciones, gozar de la propia independencia y soberanía, desarrollar el propio original modo de ser en el mundo. Estamos fundamentalmente de acuerdo con quien, como Alain De Benoist, sostiene que la identidad debe ser defendida «en sí misma y no por sí misma», por consiguiente para todas las etnias y las culturas; concordamos también con quien, como Marcello Veneziani, retiene que «quien defiende su pueblo defiende también el mío»; consideramos, sin embargo, que sea siempre y en cualquier caso de nosotros mismos que se deba partir (4). Son los europeos los primeros a sufrir los efectos perversos del desarraigamiento; es sólo en Europa, no en otra parte, donde se experimentan las suicidas políticas inmigracionistas, la xenofilia masoquista, la acogida indiscriminada; es en nuestra casa donde la sociedad multirracial, el dominio de la religión de los derechos humanos, la americanización de las mentes, la barbarización de las costumbres, el igualitarismo más salvaje se están triunfalmente afirmando.

El primer pueblo en peligro es el nuestro.

Por lo tanto sólo comenzando por defender la identidad «para mí mismo» podré defenderla «en sí misma». Es afirmando por encima de todo mis especificidades culturales que defiendo también las tuyas. De esta manera podemos evitar las incoherencias hipócritas de muchos europeos, intelectuales «empeñados», siempre listos a defender la más exótica y lejana de las causas para después predicar en patria el cosmopolitismo, el suicidio étnico, el humanitarismo decadente, el olvido de las raíces y la destrucción de las tradiciones. Sólo éste puede ser el sentido de un reencontrado etnocentrismo imperial europeo. Etnocentrismo ya no filo-imperialista, impregnado de mesianismo cristiano y universalismo iluminista, sino serena y radical afirmación del propio papel en la historia por parte de los europeos finalmente libres de complejos de culpabilidad y otros complejos varios. Etnocentrismo como conciencia étnica, toma de conciencia de ser un único pueblo, en la unidad inseparable de los antepasados y de los descendientes. Etnocentrismo como orgullo, dignidad, patriotismo, fidelidad a sí mismo, voluntad de perpetuarse biológicamente y culturalmente. Sólo siendo nosotros mismos podremos contribuir a la salvación del Otro. Sólo una Europa libre, etnocentrada, poderosa y orgullosa de la propia identidad podrá un mañana representar la vanguardia mundial de la causa de los pueblos -de todos los pueblos-. Una Europa sierva, impotente, presa del caos étnico y del etnomasoquismo podrá solo representar el trágico monumento viviente del triunfo del mundialismo.

Adriano Scianca


Artículo original publicado en el número 229 de la revista Orion, octubre de 2003. Posteriormente publicado en el número 15 de la revista Tierra y Pueblo, abril de 2007



Notas:

1. Pierre Vial, Une terre, un peuple, Editions Terre et Peuple, París 2000

2. Para una exposición, sintética pero profunda, de los aspectos del Fascismo puestos aquí de relieve consultar Giorgio Locchi, «Espressione politica e repressione del principio sovrumanista», en L’Uomo libero n° 53, marzo 2002, y además las Notas de Stefano Vaj que preceden tal texto.

3. Para el concepto de «forma étnica» ver Franco Freda, I lupi azzurri, Edizione de Ar, Padua 2000.

4. Sobre este punto y los precedentes ha insistido recientemente Guillaume Faye. Para un lúcido examen de las tesis del último Faye y para otras inteligentes reflexiones acerca de la idea identitaria, sobre el tema de la inmigración, sobre el etnocentrismo europeo etc. Consultar el excelente ensayo de Stefano Vaj, «Per l’autodifesa etnica totale», en L’Uomo Libero n. 51, mayo 2001.





lunes, 14 de junio de 2010

EL LATIR DEL CICLO ANUAL: CELEBRACIONES DE MUERTE Y VIDA.

«Er ist der Stern, er ist die Sonn,
Er ist des ewgen Lebens Bronn,
Aus Kraut und Stein und Meer und Licht
Schimmert sein kindlich Angesicht»

«Él es la estrella, es el sol,
La fuente eterna de la vida.
Entre la hierba y la piedra,
En el mar y la lumbre,
Resplandece su rostro infantil»
                                             NOVALIS



La Naturaleza como Libro Divino

En estos tiempos que corren, el antropocentrismo y la antropolatría imperan y anidan en mentes y corazones de mujeres y hombres en este mundo actual, convulso en plena crisis no simplemente de cambio climático (léase «ecológica»), o de valores (léase «ético-política») o económica. Nosotros –los identitarios– nunca nos cansaremos de insistir que esta crisis en general es fundamentalmente una crisis espiritual, puesto que la disociación de Cielo, Hombre y Tierra es más que evidente. Ese antropocentrismo –esa religión laica «liberal y progre» a un mismo tiempo– en su máxima categoría imperante es la llamada antropolatría: el materialismo, en todas sus versiones (léase histórico, económico, biológico, etc.) como pseudo-religión, conduce sólo a adorar y a pensar en dinero, beneficios, ultra tecnología y demás sucedáneos o vanidades. Y todo esto, es el efecto de una causa.

Vivimos de espaldas a la Naturaleza, hemos olvidado esa cosmovisión tradicional de que «en el mundo tradicional, la naturaleza era no “pensada”, y sí “vivida” como un gran cuerpo animado y sagrado, “expresión visible de lo invisible”»(1). La Creación es la máxima expresión de sabiduría y el gran libro divino que el Creador nos ofrece. De ahí que en la tradición hermética, sus maestros tienen presente que para realizar la Obra, basta con imitar a la Naturaleza. Nos hemos desconectado de los circulares ritmos naturales y se van olvidando sus celebraciones y ritos, ceremonias y fiestas, perdiendo parte no sólo de nuestra identidad, también implícitamente de nuestro espíritu. La memoria de los antepasados con su legado de Conocimiento y Sabiduría, está oculto a los ojos de un mundo cada vez más profano y –de la Naturaleza cada vez más profanada– donde lo sagrado ha sido relegado a las brumas… ¿tal vez de Avalon, del jardín de las Hespérides?

Y como todos sabemos, la Naturaleza en sus ciclos estacionales: primavera, verano, otoño e invierno, nos recuerdan dos lecciones que siempre debemos tener presente: por un lado, la impermanencia a la que estamos sometidos todos los seres de la Naturaleza y por otro, el triunfo de la Luz. Nacemos con el ciclo ascendente del año, como las semillas que han sido recogidas en la tierra y nuestra infancia es eterna Primavera. Nuestra juventud se expande y es pletórica en la estación del crecimiento del reino vegetal. En el Verano alcanzamos nuestra madurez, después que la flor ha dado paso al fruto. Estamos pues listos para ir marchitando en el Otoño, ya en pleno ciclo descendente del año, para dejar la vida y morir en el ocaso del Otoño y recogernos en el seno del Invierno. Nos pudriremos en la Tierra y en su interior, germinaremos de nuevo para renacer de nuevo en la Primavera. Morimos para nacer, así como antes fueron las Tinieblas y después la Luz, primero el Caos y después el Orden. Morimos para nacer, y así como sabemos que el invierno siempre da paso a la primavera, debemos tener presente que nacer y conocer es lo mismo, puesto que Conocer es co-nacer. Antes fue la Noche y después el Día, como nos recuerda la tradición céltica y la escandinava. Hombre y Mujer vuelven siempre al seno de la madre, a la Tierra, mientras que el padre Sol con su poder fecundará de nuevo con su Luz y calor a la semilla, con la ayuda de los otros dos elementos restantes: aire y agua. Esta analogía llena de simbolismo son leyes divinas y naturales a las que estamos sometidos, incluidas en las iniciaciones de diversas tradiciones.

No han sido los últimos en tener presente esta cosmovisión, pero es menester citar a los escritores románticos del siglo XIX, que percibieron en su memoria de la sangre, que, tras el Racionalismo y la Ilustración, esa antropolatría se instauraba definitivamente en los corazones de sus congéneres. He aquí unas muestras de Verdad y Belleza de esa perenne sabiduría, ofrecidas por la pluma de Hölderlin: «Ser uno con todo, ésa es la vida de la divinidad, ése es el cielo del hombre. Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegrías, ésta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes»(2). O bien de la mano de un Novalis, que al igual que su compatriota nos lega estos versos: «Todas las cosas están en el Uno y el Uno está en todas las cosas,/ ver la imagen de Dios en la hierba, en una piedra, / el espíritu de Dios en el hombre y en los animales, / esta actitud deberíamos tener en el fondo de nuestros corazones»(3). Y también en ensayo denunciaba el terrible olvido de ese legado: «Ya en la infancia de los pueblos existieron espíritus profundos que descubrieron que el rostro de la Naturaleza era el de una divinidad, mientras que los demás, con el corazón liviano, no se ocupaban de ella más que para depositarla sobre la mesa; el aire les resultaba reconfortante bebida, las estrellas eran la luz para iluminar sus danzas nocturnas, y las plantas y los animales, sólo excelentes alimentos; la Naturaleza se les ofrecía no como un templo grandioso, sino como de un agradable recetario y una regocijante despensa. Otros, de alma más sensata, distinguían las muchas posibilidades que la Naturaleza les ofrecía, pero todavía en estado salvaje, y día y noche se dedicaban a crear modelos para conseguir una Naturaleza más noble».

Dentro del seno de la Tradición cristiana europea, esta cosmovisión se mantuvo por algunas figuras excepcionales, hombres sabios y santos, entre los que cabría citar a San Francisco de Asís, como el máximo exponente de esta visión sagrada en torno a la naturaleza y a la Creación del Supremo Artista. Recordad el conocido poema «Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano sol…», exposición máxima de un esoterismo cristiano, que pervive e influye en el seno del catolicismo, llevando a la nueva religión a re-venerar olvidados santuarios a lo largo de toda Europa, bajo advocaciones marianas o de santos en particular. Y también cumple hacer justicia –dejando aparte frivolidades y prejuicios neopaganos– que la selva o bosque virgen, la montaña sagrada o la fuente milagrosa, igualmente perviven en la memoria de nuestros abuelos, así como en su tiempo estuvo en la de nuestros más remotos antepasados, merced a esa savia del esoterismo cristiano que llenó de monasterios y ermitas nuestros mas inhóspitos y agrestes lugares de España y de Europa(4).

El fundador de la Orden del Cister, cuya influencia como es sabido, se extendió entre la Orden del Temple –San Bernardo– igualmente participaba de esta cosmovisión sagrada en torno a la naturaleza, a la Creación. Fue él quien dijo que «hallarás en los bosques algo más que en los libros. Los árboles y los pedruscos te enseñarán cosas que no podrás aprender de ningún maestro». Copartícipes de esta recta visión de la naturaleza, como Ecce omnia opera Domini, también fueron entre otros Fray Luis de León, San Juan de a Cruz, Fray Luís de Granada, y también en nuestros tiempos el cisterciense Thomas Merton.

La Naturaleza de por sí misma es un auténtico santuario, así lo percibieron, sintieron y vivieron nuestros antepasados. «Entre los antiguos germanos, sedentarios primitivos, es decir, que rechazaban la arquitectura propiamente dicha, los santuarios estaban localizados, pero siempre en la naturaleza virgen. El bosque de Broceliande, entre los celtas, y el de Dodona, entre los griegos, son ejemplos de una perspectiva tradicional análoga, a pesar de la presencia, en estos pueblos, de una arquitectura sagrada y una civilización urbana. Entre los hindúes, el bosque es la morada natural de los sabios; y se encuentra este mismo “aprovechamiento” espiritual del aspecto sagrado de la naturaleza en todas la tradiciones que tienen –siquiera indirectamente– un carácter primordial y por lo tanto mitológico»(5).

El mundo por entonces era mágico, Dios o los dioses, la Divinidad en suma, eran algo cercano, sutil, pero intensamente sentido, vivido y experimentado. Una lectura con visión tradicional de las antiguas mitologías indoeuropeas, nos describirán una naturaleza animada tanto para griegos y romanos, como para celtas, germano-nórdicos y eslavos, puesto que para todos ellos la Naturaleza era «una poética metáfora, una metáfora tangible de la vida de los dioses (una Metamorfosis divina). Hay en estas cosmovisiones una absoluta y confusa interpenetración entre lo material y lo espiritual. La naturaleza es consustancial a la divinidad (y al espíritu humano). La Vida de la naturaleza es, de hecho, la manifestación visible de la vida de los dioses. Lo que se ve claro leyendo a hombres antiguos (como Hesíodo en su Teogonía u Homero en La Odisea o La Ilíada) no es que haya espíritus o dioses que simplemente se manifiesten en la Naturaleza, sino que las montañas, ríos, bosques…La naturaleza es toda, en sí misma, espíritu. El latir de la vida, el movimiento de los astros, el paso de las estaciones…todo, es divino. Desde la noche de los tiempos, como vemos, no pudo entenderse otra religión que la de la naturaleza»(6) .

En la Antigüedad, nuestros pueblos europeos, no precisaban de edificar templo alguno puesto que para ellos, como venimos insistiendo hasta ahora, toda la naturaleza en sí misma era sagrada. Formaba parte de un todo y sus ciclos estacionales con sus fiestas –regio-sacerdotales, guerreras o agrarias– eran ritmo de sus vidas, de sus campos, de sus animales, de su caza. Y como nos recuerda Alain de Benoist, «…después de los trabajos de Eliade y de Dumézil ya no se puede reducir a las antiguas religiones paganas a un simple culto a la naturaleza. El paganismo jamás fue un puro naturalismo, incluso cuando los antecedentes “naturales” y cósmicos juegan en él un papel central. Tampoco fue nunca un panteísmo, como en Giordano Bruno o Spinoza, aunque también hallamos elementos panteístas en casi todas las culturas religiosas»(7).



Solsticios y Equinoccios

No nos detendremos mucho en este apartado, existe suficiente literatura al respecto. René Guénon, Julius Evola, Hermann Wirth, Jean Mabire y Pierre Vial, entre otros, han escrito lo fundamental en torno a estas festividades. Sólo recordaremos a vuela pluma, que nuestras principales fiestas o celebraciones, en sus analogías paganas y cristianas, siendo éstas regidas como sabemos, por el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Dos son los solsticios y dos los equinoccios y así queda delimitado nuestro año, el giro completo de la Tierra alrededor del Sol, de la rueda-órbita alrededor de su Centro.

Por un lado tenemos los dos solsticios, sabiendo e interpretando desde un punto de vista hermético que «Los solsticios –de sol stare, el sol se detiene– marcan los momentos del año en los que el Sol parece detenerse en un punto fijo de su órbita, para a continuación reiniciar su marcha en sentido inverso. Estos momentos de inmovilidad abren las puertas que permiten acceder a otros estados de ser; así el solsticio de invierno abre la puerta de salida de la “caverna cósmica”, mientras que el solsticio de verano abre una puerta que es simultáneamente de entrada y salida»(8). Así pues tenemos dos partes del año, claramente divididas, del Solsticio de Invierno (21 de Diciembre), desde la gélida Navidad con su nacimiento del Sol, (o del Cristo solar según interpretaciones), hasta el Solsticio de Verano (21 de Junio): desde un San Juan Bautista (27 de diciembre) hasta un San Juan Evangelista (24 de Junio). Para nuestros antiguos, estas dos fases del año corresponden como el dios romano bifronte Jano a dos períodos, a dos puertas solsticiales, la de los «grandes misterios» (estados supraindividuales) y la de los «pequeños misterios» (estado humano): según la tradición védica, el período ascendente del sol a la «Vía de los Dioses» y el período descendente a la «Vía de los Padres, Antepasados». Y este período ascendente y descendente también lo podemos aplicar al período mensual de la Luna, pues en su fase creciente está en relación con el deva-yâna –o Vía de los Dioses– y en su fase decreciente con el pitr-yâna– o Vía de los Padres, Antepasados. También recordar que cuatro son las fases de la luna, al igual que las del sol(9).

Citábamos antes la salida de la caverna cósmica con relación a los solsticios. Para su comprensión diremos que la caverna cósmica es la caverna iniciática, considerada por un lado como una imagen del mundo y por otra del corazón del ser humano. La caverna desde un punto de vista iniciático es el lugar del «segundo nacimiento» o iniciación, el «sepulcro» del cual se re-nace. Es en suma la caverna el mundo profano, el mundo de las tinieblas y de la ignorancia, y para que pueda existir una «salida final» de dicha caverna, es necesario que «el iniciado debe precisamente sobrepasar en esta nueva fase del desarrollo de su ser, del cual el “segundo nacimiento” no era en realidad el punto de partida»(10).

Sabemos que el latir del ciclo anual, es como una rueda o cruz solar, una cruz espacio-temporal que con su eje vertical (al Norte corresponde el invierno, al Sur el verano) y su eje horizontal (al este la primavera, al oeste el otoño), ordena el ciclo y el rito de nuestra Tradición, expresión de un arquetipo universal.

Por otro lado, están los equinoccios, completando los ejes de la cruz solar. Los equinoccios «equilibran» el año, puesto que en ambos la Tierra se encuentra en el punto intermedio de su órbita con respecto al astro rey. Con los equinoccios, según la tradición hermética, tenemos a los dos arcángeles, Gabriel y Miguel (25 de Marzo, 29 de Septiembre, Fortaleza y Templanza respectivamente), con fechas muy cercanas a los equinoccios, puesto que por un lado el día y la noche tienen una misma duración y por otra está equidistante del invierno-Norte y del verano-Sur.



Pervivencias del latir céltico: Difuntos y Mayos

En base a estas cuatro grandes fiestas, generalmente celebradas por casi todos los pueblos europeos, tendríamos que añadir a ellas otras cuatro, propiamente de origen céltico y con un significado similar, aunque no idéntico a los solsticios y equinoccios, pero que igualmente forman parte, digámoslo así, del patrimonio del latir del ciclo anual, igualmente con celebraciones y ritos de muerte y vida. Markale nos asevera que «el año céltico, basado en un calendario lunar, con un mes intercalado cada cinco años, está claramente dividido en dos estaciones, invierno y verano, lo que hace que su eje central vaya del 1º de noviembre al 1º de mayo. Repitámoslo: el calendario céltico, y por tanto druídico, no tiene estrictamente ninguna relación con los solsticios»(11). Aunque a esto habría que añadir, que los monumentos megalíticos como los dólmenes (anteriores por otra parte al mundo céltico) «reutilizados» por los pueblos célticos, tienen una orientación especial, generalmente en relación al solsticio de verano.

Las cuatro grandes fiestas célticas según el Calendario de Coligny son el Samain, Imbolc, Beltaine y Lugnasad:

Samain era una fiesta comunitaria donde todos los hombres y mujeres que integraban «de derecho» dicha comunidad, debían obligatoriamente asistir, puesto que allí se hablarían asuntos políticos, religiosos, y económicos. Etimológicamente Samain significa «el final del verano», es decir el comienzo del invierno y a su vez el primer día de un nuevo año. A su vez este día según la tradición céltica, era el encuentro de dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Ciertamente como en el noroeste peninsular sabemos, la parroquia de los muertos establece contacto con la parroquia de los vivos. Ambos mundos se interrelacionan e ínter penetran en estas fechas y así lo atestiguan las leyendas célticas, puesto que el acceso al Otro Mundo, grandes batallas y muertes rituales del héroe que ha transgredido ciertas prohibiciones, acontecen en este señalado día. Igualmente conocemos que este día en nuestro calendario cristiano corresponde al día de todos los Santos, ya en pleno otoño y ciclo descendente del año. También asociado al día de Todos los Santos estaría el día de los Muertos, aunque en realidad según Markale, para el pensamiento céltico «no hay en Samaín ni muertos ni vivos, como tampoco hay dioses ni hombres. Hay todo»(12). En la antigua Irlanda, los fuegos debían estar apagados y el fuego renacerá en el momento en que los druidas enciendan uno nuevo. Según Markale, este simbolismo habría sido transferido por los cristianos a Pascua.

Después de transcurridos tres meses después del Samain, vendría la festividad del Imbolc, bajo la advocación de la diosa Brigit, cristianizada bajo el nombre de Santa Brígida. El 1º de febrero es el día cristianizado de la Candelaria, fiesta purificadora a mitad del invierno. Esta celebración sería más íntima y local, mientras que una celebración que si ha llegado con mayor vigor hasta nuestros días, transcurridos otros tres meses después del Imbolc, sería el 1º de Mayo, Beltaine.

Beltaine, etimológicamente significa «Fuego de Bel», es el final del invierno y el comienzo del verano. «De ahí los ritos del fuego, particularmente abundantes y la sacralización de la vegetación naciente…la fiesta de Beltaine es una apertura a la vida y la luz, una introducción en el universo diurno, en lo que todavía se llama en Bretaña los –meses negros–»(13). Esta fiesta sería propiamente sacerdotal y sería costumbre plantar ramas en los campos, huertos y sobre los establos como símbolo de prosperidad y abundancia, siendo en los países germánicos la noche de Valpurgis. Las celebraciones en torno al mes de mayo persisten a lo largo de toda Europa, si bien ha pasado a ser considerada por antropólogos y etnógrafos como una fiesta eminentemente agraria, conocida como los Mayos. «Os Maios», que así denominan en Galiza, son fiestas de carácter eminentemente agrícola, celebrados no sólo en el noroeste peninsular, sino a lo largo de toda la península ibérica bajo múltiples formas, que en esencia simbolizan lo mismo como las Cruces de Mayo en Valencia y Andalucía, especialmente en Córdoba. Esplendor de la primavera, esperanza y «propiciando» buena cosecha, al mismo tiempo que alejando todo ser (visible o invisible) que pueda dañar la fecundidad de los campos. Estos «Maios», antiguos cultos o rituales agrarios (hoy en día fiestas folklorizadas), fueron objeto de denuncia y persecución por la Iglesia, puesto que en Concilios como el de Braga en el 570 o el de Lugo en el siglo VIII, se condenaron estas «prácticas» de culto fitolátrico. Como sabemos, el mes de Mayo pasó a ser el mes de las flores, el mes de María. Las condenas se extendieron también en la edad media, donde por ejemplo en Portugal, en 1385, la cámara de Lisboa acordaba que «nâo se cantem Mayas nem Janeiras». El cabildo compostelano igualmente prohibía entrar en la catedral a las «maias» y «demiños», bajo pretexto de lo indecente de sus danzas y canciones.

Hay siempre dos elementos principales en torno a esta celebración europea de los Mayos. Encontramos por un lado el Árbol de Mayo y por otro los Reyes del Mayo. Naturaleza y Hombre/Mujer, son símbolos en este ancestral recuerdo del triunfo de la primavera, ya que como nos recuerda el maestro V. Risco, esta estación del año siempre «significa el reverdecer de las plantas, el comienzo del año agrícola, la alegría de ver levantarse el sol por encima del horizonte y coger fuerza; y tiene diferentes formas: árbol de Mayo, hombre cubierto de ramas, armadilla de verduras y flores, reina de mayo, pareja de mayo, cruz de mayo, engalanar las casas con ramas, esparcirlos por los campos, presagios de hartura y dinero…»(14).

Algunos etnógrafos nos recuerdan que la referencia escrita más antigua sobre esta festividad, la encontramos en el romano Tácito: «Igual que la feliz unión de dos seres produce numerosos hijos, la plenitud de los dones de la naturaleza es provocada por la unión de los dos sexos. Se tiene, pues, una idea profunda y clara, de los fenómenos naturales del mundo, y se ve hasta qué punto el hombre está inscrito en la naturaleza, hasta que punto estas representaciones son antiguas y arraigadas. Ya en el siglo XII se habla de la visita de una reina de Pentecostés ricamente adornada. El relato de Tácito del viaje de la diosa Nerthus de la fertilidad y de la Tierra procede, sin duda alguna del mismo espíritu»(15).

En las diversas comunidades de etnia y lengua alemana, los «mayos» son igualmente celebrados análogamente que en otras zonas de Europa, así pues observamos que «en el folklore, este triunfo de la primavera tiene como símbolo la guirnalda primaveral (Ernte-kranz, en alemán, literalmente “corona de la cosecha”) que se entrega a la joven pareja del “Rey de mayo” y a la “Reina de mayo” para ser colocada la corona triunfal en lo alto del mástil de los festejos, el “Palo o Polo de Mayo”, símbolo del Árbol de la Vida y del Eje que une Cielo y Tierra. Se trata de una corona vegetal que, con su verdor, su belleza y lozanía, su brillo y su aura alegre, proclama la Victoria del Sol y de la vida renacida… Esa guirnalda primaveral es como el gran anillo floral que sella el enlace nupcial entre el Príncipe (el hombre o la humanidad) y la Princesa (la Naturaleza). No queda sino añadir que dicha corona verde y florida viene a corresponderse con la Rad-kreuz (rueda solar, cruz céltica)… En ambos se expresa la misma idea de totalidad y armonía, de vida centrada en torno a la luz»(16).

La costumbre cristanizada de la bendición de los campos y establos, de los animales que sustentan al hombre en sus duros trabajos agrícolas, e inclusive de bendición de aguas (recordemos la festividad de la Virgen del Carmen) como hemos podido observar a lo largo de este artículo, tienen sus lejanos ecos en las antiguas tradiciones paganas europeas.

A modo de conclusión, vemos que hemos comprobado que existe una estrecha interrelación entre el latir del ciclo anual y la vida externa del ser humano, entre la vida cósmica y nuestra alma profunda, en constante reconquista del estado primordial del Ser, del encuentro y recuerdo constante de Dios a través de su mejor libro escrito que es el de la Naturaleza con su ciclo anual y su latir, de la existencia primaveral y paradisíaca de la Edad de Oro, del Satya-Yuga o edad de la Verdad, del Jardín del Edén, de la mítica y primordial tierra de los ancestros, Hiperbórea.


Federico Traspedra
(Publicado en el nº 16 de la revista Tierra y Pueblo)


NOTAS:

1. A Tradiçâo Hermêtica, Julius Evola. Ediçôes 70, p. 33

2. Hiperión o el eremita en Grecia, riedrich Hölderlin. Libros Hiperión, 1996. p.25

3. Poesías Completas. Los Discípulos en Sais, Novalis. DVD ediciones, 2004, pp. 131 y 253-254

4. También no olvidamos a los perseguidores de los cultos paganos, como el caso del galaico-bracarense San Martín de Dumio, que escribió De Correctione Rusticorum para atacar las creencias druídicas (panteístas y naturalistas para él) de los antiguos galaicos. Un dato curioso sobre este obispo de Braga, es que por su culpa, en Portugal cuentan los días de la semana como feiras, en vez de las antiguas advocaciones a los dioses que se conservan en el resto de lenguas europeas.

5. Perspectivas espirituales y hechos humanos, Frithjof Schuon. Ed. José J. de Olañeta, 2001, p. 63.

6. Paraísos perdidos, Carlos de Prada. RB editores, 2005, p.31

7. ¿Cómo se puede ser pagano?, Alain de Benoist. Ediciones Nueva República. 2004, p.14

8. La Logia Viva. Simbolismo yMasonería. Siete Maestros Masones. Ediciones Obelisco. 2006, p.255

9. Recordar que también durante la Semana Santa, el Jueves Santo se celebra en plenilunio.

10. Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, René Guénon. Cáp. XXXIII. Ed. Eudeba, 1988, p. 195

11. Druidas, Jean Markale. Ed. Taurus, 1989, p. 182

12. Op. Cit, Jean Markale, p. 184

13. Op. Cit. Jean Markale, p. 185

14. Festas do Ano en Obras Completas Vol. 3, Vicente Risco. Ed. Galaxia 1994, p. 605.

15. Artículo “Prometida de Mayo-Reina de Mayo” de Friedrich Mössinger, perteneciente al libro La Orden de Edwige Thibaut, p. 291

16. La Lucha con el Dragón, Antonio Medrano. Ed. Yatay.1999, p. 430.







lunes, 7 de junio de 2010

¡NO ES CUESTIÓN DE MORIR POR ISRAEL!


Comunicado de Robert Spieler, Delegado general de la Nouvelle Droite Populaire (N.D.P.)

Martes, 1 de Junio de 2010

9 muertos y decenas de heridos en el ataque a la flotilla humanitaria que intentaba llegar a la Franja de Gaza. Los comandos israelís han perpetrado una carnicería: En aguas internacionales. Francia reacciona «condenando estos acontecimientos», al mismo tiempo que condenando la «provocación» que representa ante sus ojos la voluntad de romper ese insoportable asedio a una tierra martirizada. Miserable…

Bien sabe Dios que rechazo la islamización de nuestra tierra. Sin embargo, no acepto la injusticia cometida contra el pueblo palestino. Si yo fuera palestino -Palestina cuenta todavía con muchos cristianos-, lucharía por la liberación de mi tierra. Cierto, si fuese israelí, estaría al lado de Liebermann para exigir el Gran Israel.

Se da la circunstancia de que soy europeo y que ese conflicto, a priori, no me concierne, incluso aunque sienta una profunda compasión por quienes son tratados como perros en su (propia) tierra. Pretender que Israel es el escudo antiislamista de Europa es una mentira y una impostura. No vamos a aceptar que el conflicto de Oriente Próximo sea importado a nuestro suelo. No vamos a aceptar que mañana Europa sea arrastrada a una conflagración con Irán.

No es cuestión para nosotros de plegarnos a la propaganda oficial.

No es cuestión de morir por Israel.


Tierra y Pueblo se adhiere al comunicado de Robert Spieler, Delegado general de la Nouvelle Droite Populaire (N.D.P.) y amigo de Terre et Peuple - Tierra y Pueblo.


martes, 25 de mayo de 2010

MUNDIALIZACIÓN Y MUNDIALISMO



Si queremos afrontar correctamente el tema, para comenzar lo oportuno es despejar el campo de un equívoco muy extendido: no se deben confundir los conceptos de mundialismo y globalización.

Por lo que algunos llaman mundialización y otros, globalización, se entiende la homologación tecnológica, económica y cultural del planeta. El mundialismo es una ideología que se manifiesta en un proyecto político.

La globalización es por lo tanto un fenómeno más o menos mecánico que se verifica ya sea por causas materiales y técnicas aún antes que económicas, ya sea por razones meta-históricas y por esto podría ser revisada, corregida, y rectificada por la intervención de elites políticas y de fuerzas sacras. En otros términos, se trata de una fase histórica de la cual el mundialismo es hoy una interpretación ideológica de sello mesiánico.

El mundialismo, por su parte, es sobre todo una cosa: ansia de uniformidad y por lo tanto de deformidad. Exalta y anima la destrucción de las diferencias y de la calidad; eso no sólo en el ámbito sociocultural y político sino también en lo cotidiano, en todos los campos, desde la esfera intelectual a la alimenticia. Su ideal es el de una sociedad unificada y gobernada por una clase dirigente dedicada a modelar plasmar el planeta con intención de que cada uno de sus habitantes sea exclusivamente sólo el fruto de la mundialización y sobre todo no tenga nada de antiguo o heredado. Por lo tanto, el mundialismo es una ideología fanática de la mundialización, como fue el comunismo de la ideología fanática de la proletarización. Existe interdependencia pero no equivalencia absoluta.

La mundialización, o globalización como quiera decirse, actúa siguiendo su propio impulso imparable. Los mundialistas, que son sus testarudos y entusiastas sostenedores, anhelan ser los protagonistas de un trastorno existencial, cultural y político total sin posibilidad de retorno.

El mundialismo intenta así hacer de esta mundialización una suerte de religión revelada e imponerla como una especie de divinidad social. Las elites mundialistas, tanto las que han tenido acceso a los lugares estratégicos del poder supranacional como a las religiones, pseudo-esotéricas o intelectuales que pululan sobre todo en el hastiado Occidente, se encuentran hoy con que son las únicas que definen e imponen una ideología que va paralela a la globalización. Pero esta última puede ser transformada e incluso radicalmente, corregida, revolucionada, pero ciertamente no puede detenerse. La ideología y el programa mundialista no sólo no es en absoluto irreversible sino que puede ser derrotado y arrojado a la basura de la historia.

Para que se pueda dar este cambio radical, se deberá re-interpretar la ecumene naciente de una manera radicalmente opuesta: es decir clásica, imperial y gibelina.

El mundialismo, ideología del anhelo de posesión.

El mundialismo proyecta la unificación de la sociedad entorno a un solo credo, a una elite dirigente, con el objetivo de realizar la igualdad y la felicidad en la Tierra.

Se funda sobre un anhelo de omnipotencia mundana, una suerte de superdominio horizontal. Todo esto permite a varios componentes ideológicos y a diferentes comunidades político-religiosas reconocerse en el mundialismo o por lo menos en alguna particular versión del mismo.

Los fanáticos judíos pueden encontrar ahí el proyecto mesiánico del dominio de la tierra por parte del pueblo elegido. Los fanáticos cristianos reconocen en él frecuentemente el proceso de evangelización universal. Los comunistas pueden reconocer en el mundialismo, la sociedad sin estados ni naciones, la tabla rasa con el pasado. En realidad el mundialismo es un poco todo esto sin ser nada de todo esto; sin embargo las notas de su sinfonía suenan familiares a todas estas orquestas.

El poder mundial

Por lo tanto el mundialismo congenia perfectamente con la situación actual o por lo menos con la de Occidente y el capitalismo. Tanto que hoy no es sólo lícito, sino indispensable, hablar de centros multinacionales que pisotean y rompen las soberanías, que coordinan las economías y que dictan en todas partes leyes en el plano cultural, educativo, pretendiendo imponer un modelo común, estandarizado, en la filosofía, la ética, la lengua, la sexualidad, la gastronomía, la política.

¿Pero podemos afirmar de verdad que existe un centro único de poder mundial?

¿O se trata de un conjunto de centros neurálgicos que colaboran en plena armonía respondiendo a determinados intereses materiales de clase, de etnia, de partido, de nación?

¿El sistema mundial es fruto de un diseño de mentes superiores o es el efecto de la organización racional de un Caos imperante y desbaratado? Y sobre todo, ¿de una afinidad cultural y espiritual?

Como se ve por las preguntas que es preciso formularse para afrontar el advenimiento de esta época nueva, que estas son numerosas y sobre todo complejas y necesitan la aplicación de una lógica muy perfeccionada que esté capacitada para, individualizar, comprender y definir al mismo tiempo la ideología mundialista, la evolución del sistema internacional y la composición del poder mundial.

Gabriele Adinolfi

(De su libro: Nuovo Ordine Mondiale. Tra Imperialismo e Imperio)

lunes, 17 de mayo de 2010

LOS FUTUROS RETOS DE EUROPA

Las mayores amenazas para la estabilidad social y económica de Europa e incluso para su supervivencia física en el futuro son la explosión demográfica en los países subdesarrollados, la crisis ecológica global, la escasez de recursos naturales y la globalización de la economía. La supervivencia de nuestra civilización depende de nuestra habilidad para resolver estos problemas -debemos estar preparados para tomar medidas decisivas para proteger a Europa de los peligros de un mundo que se desmorona-. Sería un error ver estos problemas globales como asuntos separados, ya que siempre están en interconexión. Estos problemas son, después de todo, diferentes aspectos del mismo problema primordial. Un error aún mayor sería creer que alguien a excepción de nosotros tenga los medios intelectuales, culturales y materiales para enfrentarse a estos problemas.

El principal problema al que se enfrenta nuestro planeta es la extensión de los efectos de la revolución científico-industrial de Occidente a las sociedades no europeas. El mundo se ha desequilibrado debido a que prácticamente todas las sociedades humanas del planeta están siendo asoladas por los violentos cambios de la modernización. La revolución científico-industrial, que se originó en Europa y catapultó a nuestra civilización a su cenit, se ha abierto camino hasta el último rincón del planeta de modo que no ha quedado ninguna cultura tradicional libre de sus efectos.

La actual explosión demográfica, tiene hondas raíces que se remontan al menos al siglo XVIII en Europa.

La población de Europa ha ido creciendo constantemente desde el azote de la peste negra del siglo XIV. Por varias razones, hubo una fuerte caída de la mortalidad en el siglo XVIII que fue seguida por un masivo crecimiento de la población (la tasa de crecimiento de población europea de entonces era equivalente a la del tercer mundo actual).

Una población creciente era nuestra arma demográfica, que combinada con la revolución científica e industrial nos dieron los medios para conquistar el mundo.

Hoy, tras un largo período de transición demográfica, nuestro crecimiento de población se ha detenido y pronto estará en declive. Históricamente hemos pasado de una fase de alta fertilidad + alta mortandad, a una de alta fertilidad + baja mortandad, y finalmente a una de baja fertilidad + baja mortandad que está envejeciendo la población.

Al mismo tiempo, los resultados de la revolución científica e industrial se han extendido al Tercer Mundo, dando como resultado una fase de alta fertilidad + baja mortandad con la consiguiente explosión demográfica.

La cuestión vital para nuestro Planeta es cuánto tiempo durará la transición de la fase de alta fertilidad + baja mortandad, a una fase de baja fertilidad + baja mortandad. Si esta transición demográfica cuesta 200 años como en Europa, el planeta está condenado; si cuesta 100 años, también. De hecho tenemos que encontrar la forma de cambiar esta tendencia en los próximos 50 años; lo que desgraciadamente parece ser imposible.

El mayor obstáculo parece ser el hecho de que esta transición demográfica requiere la creación de una sociedad industrial para aumentar la producción material y subir radicalmente el nivel de vida. Esto es exactamente lo que sucedió en Europa entre 1770 y 1970; y hoy parece imposible que una transición similar se dé en el Tercer Mundo sin un incremento masivo de los medios materiales de vida.

El problema, sin embargo, es si esto es posible, ya que se calcula que requeriría 4.6 veces los recursos totales del Planeta. Podemos decir que en breve plazo, para salvar a nuestro Planeta habría que crear una sociedad de consumo a nivel global; lo cual es imposible mientras crezcan la pobreza y el atraso.

Debemos también tener en mente que la industrialización no absorbió las siempre crecientes masas de pobreza rural de Europa. En la encrucijada histórica en la que la población de Europa alcanzó su máximo apogeo, ésta tuvo la bendita oportunidad de colonizar nuevas tierras: las Américas, Australia, Nueva Zelanda, Siberia, y grandes partes del África central y del sur, absorbieron la presión demográfica de millones de europeos cuando la industrialización no era suficiente para proporcionarles a todos trabajo e ingresos.

Hoy, cien o doscientos años después, encontramos estas mismas migraciones con la salvedad de que el mundo ahora está repleto. Ya no quedan continentes que colonizar ni zonas vírgenes que ocupar. El Tercer Mundo, pobre, presiona sobre sociedades ya densamente pobladas y con un crecimiento económico lento que reduce a las crecientes masas de trabajadores poco cualificados a subclases hostiles.

Nuestra conclusión debe ser que hay demasiada gente en el planeta. La población humana no es cualitativamente diferente de otras poblaciones de animales sociales. La inteligencia humana nos ha dado la posibilidad de romper las barreras ambientales y crecer exponencialmente al menos hasta ahora.

La expansión demográfica, que antes fue nuestra fuerza, se ha vuelto nuestra debilidad. Hoy estamos en peligro de ser desbordados por poblaciones más expansivas. Como en la naturaleza, estas poblaciones seguirán creciendo mientras puedan mandar a sus excedentes a colonizar otros territorios. Las masas del Tercer Mundo crecerán hasta llegar a sobrepasar el límite que su hábitat pueda soportar, tras lo que colapsarán el planeta. Mientras Europa, Australia, Estados Unidos y Canadá permiten el flujo de inmigrantes del Tercer Mundo, el crecimiento seguirá imparable.

La explosión demográfica del Tercer Mundo será el último empuje del crecimiento de la humanidad más allá de los límites que la tierra puede soportar, un proceso que se inició en Europa en el siglo XVIII.

Absorbiendo el exceso de población del Tercer Mundo, facilitamos su crecimiento y aceleramos el desastre ecológico global. Está claro que pretender aumentar el consumo per cápita con el crecimiento de la población, es una estrategia que fracasará debido a que los recursos naturales son limitados y dichos recursos se acaban.

Algunos optimistas piensan que sería posible desarrollar economías que corrijan nuestros errores y pueda elevar el estándar de vida de los más pobres mediante tecnologías menos contaminantes y que consuman menos recursos. Estos optimistas ponen su fe en tecnologías que evitarían la fase 1 para saltar directamente a la fase 2.

Esto es sólo una fantasía dada la enormidad del problema: La ingente cantidad de pobres cuyo nivel de vida habría que elevar y en poco tiempo disponible para ello. En las próximas décadas se estima que 1.200 millones de personas entren en el mercado de trabajo y sólo 300 millones encuentren un empleo si las cosas siguen como hasta ahora.

Por otra parte, nadie sabe exactamente cómo será esa nueva tecnología ecológica. Podemos asumir que la nueva tecnología es siempre más cara que la tecnología anterior. Entonces si las economías en vías de desarrollo quieren repetir la revolución industrial de Occidente y mejorar su nivel de vida, deberán recurrir a una tecnología menos sofisticada que dañe más el medio ambiente y consuma más recursos.

Hasta ahora no hemos alcanzado la fase 2. Es difícil pensar que la industrialización del tercer mundo vaya a ser más ecológica y suave de lo que lo fue la de Occidente.

Es muy poco probable, que en un futuro próximo, la ciencia vaya a hacer avances que mejoren la optimización de los recursos naturales –al menos en cantidades que puedan satisfacer las crecientes necesidades a tiempo–. Dado que las necesidades crecen y los recursos naturales decrecen, el resultado inmediato es que las sociedades del Tercer Mundo están bajo una creciente tensión.

El colapso político.

Muchos países del Tercer Mundo están en peligro de colapsar bajo el tremendo peso de una creciente población. Muchos países africanos hace tiempo que dejaron de funcionar como estados y se han visto reducidos a meros conceptos políticos teóricos. La explosión demográfica causa una tensión masiva en la estructura social intensificando el conflicto entre ricos y pobres y, en caso de que haya crecimiento económico, la creciente población tiene tendencia a privar a las sociedades de sus resultados debido a que la población crece más rápido que la economía.

A mediad que la tensión social y económica crece, emergen nuevos extremismos políticos y religiosos -el ascenso del islamismo radical puede verse como un intento de hacer frente a la frustración social del mundo islámico-. Las grandes mega ciudades se pueden ver como incubadoras de violencia a gran escala.

La explosión de población global y la escasez de recursos naturales, crean no sólo amenazas internas para las sociedades pobres sino también externas. Las guerras del futuro las provocarán las necesidades básicas para la vida: agua, tierra y puede que incluso aire limpio. Estas guerras del futuro serán guerras ecológicas, y decidirán la muerte o supervivencia de millones de personas. Las guerras del futuro significarán la introducción de factores ecológicos en las políticas globales y geo-estratégicas.


Las sociedades del Tercer Mundo podrían caer en el caos ya que puede resultar imposible gobernar poblaciones tan masivas. El problema de los refugiados que nos encontramos hoy en día es sólo un aperitivo de lo que viene en el futuro. El número de refugiados crecerá de forma exponencial, grandes masas del Sur pobre que se moverán desesperadamente en busca de una vida mejor, intentando sobrevivir. Más y más gente se desplazará por razones medioambientales y será cada vez más difícil distinguir los refugiados políticos de los medioambientales debido a la interacción de las crisis social política y ecológica.

Globalización.

Gran parte de la actividad industrial en las economías emergentes es resultado de el traslado de la base industrial de Occidente a países con laborales menos exigentes y sin leyes medioambientales. Durante décadas los economistas nos han explicado que esta erosión de la base industrial de Europa no sólo nos beneficiaría a nosotros sino también al resto del mundo. Hoy queda bastante claro que no es así.

El traslado del tejido industrial europeo nos trae dos problemas:

Incremento del desempleo.

Pérdida de ingresos por impuestos.

La pérdida masiva de puestos de trabajo industriales durante las últimas décadas no se ha visto compensado por un incremento razonable de trabajo en el sector servicios -como decía la teoría económica liberal-. Lo que ha ocurrido ha sido más bien lo contrario, la afluencia de trabajadores poco cualificados provenientes del Tercer Mundo, ha copado el sector servicios con trabajo cuasi-esclavo con salarios por debajo del mínimo y condiciones laborales inaceptables. El resultado es que muchos europeos han caído en la pobreza perpetua.

La salida del tejido industrial ha condenado a grandes áreas de Europa a convertirse en tierras yermas y a sus habitantes a convertirse en una subclase errante abocada a una vida de penuria y pobreza. Esta plaga post-industrial se extiende a medida que la teoría liberal global convierte a la mayor parte de los étnicamente europeos en sobrantes e inútiles.

Si escogemos aceptar esta falacia post-industrial estamos cometiendo un suicidio lento. El poder y la salud de la civilización occidental vinieron de la producción industrial. Si deliberadamente entregamos nuestra base industrial, fragmentamos las bases de nuestra civilización. Los realities televisivos y los trabajos basura no sostendrán nuestro poderío global, nuestra fuerza y nuestro orgullo étnico. Debemos tener el coraje intelectual de cuestionar el paradigma prevaleciente en las economías modernas que sostiene que desmantelar el tejido industrial europeo nos beneficia no sólo a nosotros sino al resto del mundo.

La salida del tejido industrial sobre todo hacia China y la India significa también que los beneficios de las compañías transnacionales no pueden ser gravados. Esta erosión del sistema fiscal de los países occidentales los convierte en incapaces de garantizar los servicios mínimos a sus ciudadanos y mantener la infraestructura. La única salida que queda es obtener más créditos.

Permitiendo que las grandes multinacionales muevan la producción industrial y el capital libremente, aceptamos su dominio sobre nosotros. Aceptamos que esas compañías operen al margen de nuestras leyes y saquen el máximo beneficio utilizando mano de obra barata no europea y nuestro poder adquisitivo.

Hemos permitido a las multinacionales hacerse más fuertes que las propias naciones, les hemos permitido que nos extorsionen, nos sangren y abusen de nosotros. Hemos permitido que el conglomerado de las multinacionales sea más fuerte que nuestra propia civilización. Se nos ha hecho creer que la prosperidad de las multinacionales es nuestra propia prosperidad; una vez nos demos cuenta de que eso no es así, ya estaremos de más para las grandes multinacionales.

Las multinacionales son tigres de papel. No son comunidades naturales. La naturaleza inmaterial y parasitaria de las multinacionales requiere la existencia de comunidades naturales. Las multinacionales devoran los estados nación y su energía vital. Una multinacional necesita de un estado nación y los servicios que proporciona –servicios que pretende tener gratis–. Todo lo que la multinacional hace, debilita a la sociedad en la que se asienta.

La fuerza que mueve al capitalismo global moderno es la disparidad entre el Occidente poderoso y el Tercer Mundo pobre. El capitalismo global prospera en la medida en que puede demoler las sociedades occidentales sin llegar a hacerles caer en el caos. Cuando las sociedades occidentales estén agotadas, el caos se adueñará de todo y el capitalismo global acabará.

La mayor amenaza para la Ecosfera viene del la producción industrial de Occidente que ha sido trasladada al Tercer Mundo. Las sociedades pobres y caóticas del sur no pueden ni quieren controlar como se respetan las necesidades ecológicas en las grandes industrias. Si esas industrias se hubieran quedado en Europa, se hubiera supervisado y controlado cómo dichas empresas afrontan las necesidades ecológicas. Pero sucede lo contrario. Para las multinacionales, la gran “ventaja” de los países en vías de desarrollo es su falta de legislación medioambiental o su insuficiente supervisión.

Resulta irónico comprobar cómo mientras Europa se debilita por la hemorragia de su tejido industrial hacia el tercer mundo, se acelera el colapso medioambiental global.

China.

Durante casi tres décadas hemos sido mesmerizados(1) por el crecimiento cataclísmico de la economía china. El crecimiento de China tiene obviamente implicaciones ideológicas -se nos ha mostrado como un ejemplo indiscutible de la victoria del capitalismo global y la economía liberal-. El éxito de China se ha usado para poner un ejemplo a la clase trabajadora europea y mostrarle cuán tontos, gordos, lentos e ineptos son comparados con la habilidad comercial, agilidad y dureza de los chinos.

El éxito de China se ha usado como señal del fin de la dominancia del oeste y de la victoria del capitalismo global sobre los estados nacionales y las sociedades del bienestar. China ha sido el instrumento más importante para las multinacionales para debilitar la estructura social del mundo occidental. China ha sido usada como ejemplo para mostrar a las clases medias y obreras de Europas la nueva realidad que deben aceptar. El éxito de China es resultado del racismo inverso que se ha extendido por Europa. Racismo inverso con una fuerte impronta liberal.

Pero la pregunta permanece: ¿Prevalecerá el Oriente sobre Occidente?

¡Mi respuesta es NO!

Si echamos una mirada al pasado de China nos daremos cuenta de que pese a todo el éxito actual, se encuentra en las últimas fases de lo que llamamos un «ciclo dinástico» El patrón recurrente en la historia de China ha sido la caída y auge de dinastías. Un ciclo dinástico comienza cuando el país es unido por una nueva dinastía cargada de energía tras un período de caos, guerra civil e invasiones bárbaras.

Cuando el ciclo dinástico se aproxima a su fin, los síntomas de debilidad se hacen evidentes. Estos síntomas son:

Superpoblación. Durante los períodos de paz, la población del campo tiende a crecer muy rápidamente si no hay hambrunas o epidemias que frenen el crecimiento. Esto se debe a que los campesinos necesitan grandes familias para tener suficiente mano de obra.

Creciente tensión social. A medida que crece el número de pobres, la tierra cultivable tiende a acumularse en parcelas cada vez más grandes. Históricamente, las granjas tienden a fragmentarse para acabar formando parte de latifundios mayores.

Aumento de la corrupción en los funcionarios a medida que se generaliza el soborno como medio de medrar. La influencia política permite a los funcionarios explotar a los pobres y los pequeños propietarios.

Desastres naturales en las áreas más pobladas donde la agricultura es más extensiva.

Escasez crónica de fondos por parte del gobierno debido a la corrupción de los funcionarios, excesivos proyectos de obras públicas y crecientes gastos de una corte derrochadora.

Las frecuentes protestas del pueblo indican que el sistema ha gastado su energía y está empezando a colapsarse desde dentro. Finalmente todo el país se verá sumido en una amarga guerra civil generalmente acompañada de una invasión de tribus nómadas que explotarán la situación. Cuando el emperador pierde el mandato del cielo a ojos de sus súbditos, el ciclo dinástico acaba para recomenzar tras algún tiempo.

Todos los síntomas antes mencionados pueden verse en la China actual. El partido comunista chino es sencillamente una dinastía moderna que empezó con el carismático Mao, una dinastía que no puede escapar a la lógica del ciclo dinástico.

China tiene una plaga de enorme crecimiento de población, aunque la política del hijo único funcione, la población china crecerá aún considerablemente por que los chinos vivirán más tiempo.

El enorme crecimiento industrial ha causado un estado de desastre ecológico en muchas partes de China. La mayor parte de los ríos chinos están contaminados y el nivel de aguas freáticas está bajando. La agricultura y ganadería intensivas ha convertido gran parte del norte de China en un terreno polvoriento. Combatir este inminente desastre ecológico, requeriría enormes cantidades de dinero, que China no tiene; y una voluntad política, de la que China carece, ya que la filosofía del sistema es sacar el mayor provecho en el menor tiempo posible para reducir el abismo que separa a China de occidente cuanto antes. La ventaja en cuanto a competitividad de China es que no existen leyes medioambientales. El gobierno chino y especialmente las autoridades a nivel local no quieren arriesgarse a tener paro y descontento civil si las compañías tienen que cerrar debido a razones medioambientales.

El abismo que separa el mundo rural pobre y la población urbana se ha ensanchado aún más desde que China se abrió al capitalismo. Esta polarización de la sociedad está causando un constante descontento y es una seria amenaza para la estabilidad -lo que es sabido por el gobierno chino-.

Cuanto más se convierte China en una economía de mercado, más se corrompe la burocracia china. A pesar del éxito inicial de china en desarrollar el capitalismo, un sistema dictatorial y burocrático hacen una mala combinación. El dinero ha corrompido a los burócratas chinos. Cuando China aún era un país socialista de hecho, el dinero, el status material y el avance económico no significaban nada -al contrario, eran peligrosos ya que hacían que alguien pudiera ser señalado como traidor-. Hoy que la economía de mercado se ha introducido a todos los niveles de la sociedad y enriquecerse no sólo es aceptado sino que es fomentado por el gobierno, es habitual que los cargos políticos se usen para el beneficio personal. La unión entre gobierno y negocios es completa, y la política a todos los niveles es sólo una continuación de los negocios. Dado que el sistema chino es probablemente el menos transparente del mundo, la protección que proporciona al ciudadano llega sólo hasta donde éste puede recurrir al soborno. En China el individuo está siempre a merced del sistema y de aquellos que tienen dinero para sobornar al sistema.

Esto, de forma natural, erosiona la legitimidad del sistema a ojos del pueblo. No en vano, la legitimidad del poder en China del partido comunista se basaba en el hecho de que los comunistas eran la fuerza nacional que unificaba al país y expulsaba a los intrusos extranjeros –durante décadas esto ha dado una gran cobertura al partido comunista-. En segundo lugar, el impresionante éxito de la economía desde principios de los 80 y la emergencia de China a la arena global han sido suficientes para comprar la lealtad del pueblo. El pueblo chino, es consciente además del caos que seguiría a la caída del partido comunista. En la historia de China hay un constante movimiento hacia detrás y hacia adelante entre el caos y la autoridad imperial restaurada. El mayor temor del pueblo chino es el caos por que la historia china está llena de ejemplos de cuán masivo puede ser el derramamiento de sangre cuando el sistema político colapsa.

Para los chinos incluso un mal gobierno es mejor que el caos, pero la cuestión es ¿cuánto puede empeorar un gobierno antes de perder la protección divina? Cuando intentamos adivinar el futuro de China, debemos tener en mente que dese el principio de la apertura de China al capitalismo, China ha disfrutado de al menos 30 años de crecimiento sin precedentes –de hecho, China ha sido apartada de los informes económicos serios. Sin embargo debemos tomar esto como un indicativo de que «mas dura será la caída»– cuando China finalmente experimente su primera crisis, está irá en proporción al desmesurado crecimiento que haya podido disfrutar. Cuando China soporte su primera crisis, será una prueba de fuego para el sistema.

A corto plazo, podemos decir que China es un tigre de papel. El crecimiento de China se basa en nuestra producción industrial que ha sido traspasada allí por los capitalistas, La salud económica que China acumula es la salud que el sistema liberal nos ha quitado -mientras compremos productos chinos, China prosperará-. Pero, todo esto acabará si empeora la actual crisis económica; el poder adquisitivo de las economías «post-industriales» occidentales se agotará como resultado del flujo de capital hacia China, y la economía y la sociedad china se colapsarán.

Al final, Oriente no prevalecerá sobre nosotros y lo mismo ocurrirá con el Sur -no importa cuán rápido crezcan-. Hoy, cuando los fundamentos del capitalismo se caen, también lo hacen los cimientos del mundo liberal. Finalmente las civilizaciones de la Tierra son puestas realmente a prueba y a pesar de nuestros problemas actuales seremos los vencedores.

En realidad necesitamos la crisis. La crisis nos hará más fuertes, nos hará más sabios y más decididos. La crisis una vez más nos hará entender las verdades fundamentales de la vida. La crisis es una gran oportunidad para nosotros.

La revolución europea será primero una revolución ecológica y ambiental.

Debemos combatir los peligros de la superpoblación.

Debemos detener las migraciones predatorias del Tercer Mundo a Europa. Debemos tomar acciones rápidas y decididas para controlar el crecimiento de la población y debemos estar preparados para actuar drásticamente si fuera necesario.

Debemos proteger el medioambiente de las amenazas del capitalismo global.

Debemos evitar que las multinacionales exploten el vacío legal que hay en el tercer mundo y conviertan grandes áreas de nuestro planeta en un vertedero. Debemos evitar que las multinacionales contaminen el aire y los océanos. Lo que las multinacionales hagan en el Tercer Mundo nos afecta, porque nos llegará; ya que el cambio climático y la polución no conocen fronteras.

Y debemos también asegurar a Europa su parte en el reparto de los recursos naturales del mundo ahora que se están agotando.

La revolución europea como revolución ecológica no es sólo una absoluta necesitad sino que también es una gran oportunidad para nuestra raza para avanzar un paso de gigante. Hasta ahora sólo hemos explotado los recursos y dominado a la naturaleza. Ahora debemos aprender a devolver parte de lo recibido, a aportar algo a este oasis azul que flota en el espacio. La raza europea, que por naturaleza es una raza fáustica, es el hijo pródigo de Gaia -y ya es hora de que el hijo pródigo vuelva a casa-. La raza europea será la guardiana de la Tierra. Nuestra supremacía sobre otras civilizaciones se basará en su destino manifiesto. La civilización europea que es la más avanzada de la Tierra, extenderá la revolución ecológica así como lo hizo con las revoluciones científica e industrial.

Está totalmente claro que este tipo de cambio es imposible si permitimos que los capitalistas corruptos y los liberales infantiles hagan las paces. La gran transición tecnológica en cuanto a medios de producción no se cumplirá si permitimos que las multinacionales saboteen nuestra economía explotando a la mano de obra barata con la complicidad de los gobiernos corruptos del Tercer Mundo.

Para conseguir nuestros objetivos necesitamos una estrategia global, planes centralizados y una voluntad decidida para ejecutar los planes:

- Reindustrializaremos Europa.

- Remilitarizaremos Europa.

- Revitalizaremos Europa.

- La política global, volverá a ser dictada por la voluntad europea.

Nuevas formas de producción industrial surgirán a medida que nuestra fuerza productiva es repatriada, una nueva actividad económica vigorizará Europa, un nuevo entusiasmo, optimismo y determinación moverán a las masas como la desesperación, el pesimismo y la indecisión las hunden.

Habrá trabajo para los parados, hogares para los sin techo, habrá nueva esperanza para quienes no esperaban ya nada del futuro. El honor y la dignidad de los hombres y mujeres trabajadores de Europa será restaurado y nuestra civilización será fuerte de nuevo para defender sus reivindicaciones legítimas sobre este planeta.

En los próximos años, Europa tendrá que enfrentarse a retos que eran impensables sólo hace unas décadas. Nuestra posición se ha deteriorado dramáticamente en los últimos 40 años pero nuestro afán competitivo está intacto. Cuando nos levantemos para afrontar estos retos, aprenderemos duras lecciones a cerca de las verdades fundamentales de la vida, redescubriremos nuestro potencial oculto y encontraremos de nuevo nuestra línea.

Nunca nos hemos enfrentado a un reto como civilización como el de hoy en día. Esta crisis nos fuerza a los europeos a actuar finalmente como una nación unida por primera vez en nuestra historia: sin esta crisis, no habría unidad entre nosotros. Europa ha sido retada a una lucha a vida o muerte pero esta lucha le dará a Europa la victoria total.



Kai Murros



Nota :

1. Mesmerizar es una palabra poco usual que hace referencia al médico alemán Franz Antón Mesmer, que se hizo famoso por el estudio de lo que él llamó «magnetismo animal» y que luego vino a llamarse mesmerismo. Mesmer practicaba un tipo de medicina basado en cierto tipo de sugestión que armonizaba el tránsito de la energía vital por el organismo. La palabra «mesmerizar» se utiliza con un sentido de hipnotizar, sugestionar. (N del T)

martes, 11 de mayo de 2010

POR UNA ESTRATEGIA IDENTITARIA EN EUROPA

La definición de una estrategia tal exige que sean sistemáticamente dejadas de lado las querellas personales, reacciones pasionales, amarguras, rencores, espíritu de capilla, intereses diversos (financieros, electorales, etc...). Solo debe intervenir la exigencia de claridad y de honestidad, sobre el terreno ideológico, en virtud de los militantes a los que nos dirigimos.
EVIDENCIA
Europa es víctima de una invasión de gran envergadura, por parte de poblaciones venidas sobre todo desde África del Norte y del África negra. Esta invasión tiene un objetivo evidente: La conquista y el dominio de Europa por esas poblaciones. Este proceso está ya muy avanzado actualmente. Es favorecido por los traidores y renegados que, por convicción ideológica o interés (estar a bien con los futuros amos, que tendrán necesidad de colaboracionistas a su servicio), hacen todo lo posible para preparar la esclavización de los pueblos europeos e instalan en las estructuras de poder (administraciones, ejército y policía, medios de comunicación) a miembros de las “minorías visibles” (eufemismo con que se designa púdicamente a los invasores). Seamos claros: Los invasores, que se equivocarían mucho si se molestaran, juegan su juego, aprovechándose de la cobardía de las autoridades políticas, económicas, culturales, religiosas que controlan el poder en los países europeos. Son estas autoridades, que constituyen el entramado del Sistema vigente, las prioritariamente culpables. Deberán pagar algún día por sus crímenes, siendo el único crimen imperdonable el crimen contra la sangre de los pueblos, crimen que se llama mestizaje. No obstante, la lucha contra los invasores es evidentemente imperativa puesto que no es cuestión de que nos dejemos robar nuestra tierra.
REACCIONES POPULISTAS
Contra tal fenómeno, diversas son las reacciones de defensa y resistencia europeas que se manifiestan un poco por todas partes, bajo la forma de movimientos populistas que se expresan sea a través de manifestaciones de rechazo, en ocasiones violentas, sea a través de los resultados electorales, en Italia con la Lega Nord, en Suiza con la votación contra los minaretes, en Francia con los resultados del Front National, en Flandes con los del Vlaams Belang, en Gran Bretaña con los del B.N.P., en Austria con los del F.P.Ö., en los Países Bajos con el Partido de la Libertad de Geert Wilders –en otros países europeos con movimientos similares en Escandinavia, en Europa central, en Grecia, en Cataluña–.
Evidentemente tal fenómeno es globalmente positivo, puesto que muestra que hay todavía un instinto de defensa y de supervivencia en algunos europeos. Y todo cuanto acontezca en tal sentido debe ser aprobado y apoyado. Pero al respecto hay que hacer un análisis lúcido, desapasionado, exigiendo una crítica positiva de las ambigüedades que pueden desembocar en callejones sin salida, condenando a la reacción identitaria al fracaso.
LA DERIVA OPORTUNISTA
Con la ambición, totalmente ilusoria, de hacerse aceptar en el seno del Sistema vigente, algunos juegan al compromiso (es decir al empeño) con la ideología cosmopolita que está en el poder. Tentación ilustrada por la célebre declaración de Jean-Marie Le Pen en Argenteuil, afirmando que los inmigrantes son «las ramas del árbol Francia». Declaración ésta que es la consecuencia de la influencia de Marine Le Pen, que quiere, como ella misma dice, “desdiabolizar” al F.N. con la mirada puesta en del día en que, convertida en presidenta del F.N., podrá negociar las ventajas de una adhesión al Sistema. Una perspectiva que se perfila en el horizonte, habida cuenta de los disgustos de Sarkozy, tal y como lo subraya el semanario Marianne (de 27 de Marzo de 2010), en un artículo titulado “La cuestión que mata... ¿Y si la U.M.P. estuviera condenada a aliarse con el F.N.?”. El artículo relata las inquietudes de diversos diputados de la U.M.P. tras el revés de su partido en las elecciones regionales. Pero precisa: «Un interrogante les es común a todos ellos: ¿Y si la derecha estuviera, al final, condenada a aliarse con el Front National, convertido en más “frecuentable” bajo la dirección de Marine Le Pen? La hija del presidente frentista soñaría, se oye por aquí o por allá, con una “normalización” de su clan (…) Después de años de oposición sistemática, después de haber sucedido a su padre, Marine Le Pen podría querer probar las mieles de un partido en el gobierno, tentar su suerte en el juego de la participación, aliarse con esa U.M.P. maldita, pero que podría revelarse como interesante si el partido sarkozysta abriese la puerta del “sistema” tan denostado». El secretario de Estado para el comercio Hervé Novelli admite: «Marine no es Jean-Marie, un después de Le Pen se perfila, el cual, es evidente, no será portador de los mismos discursos». El F.N. podría convertirse de golpe en “más aceptable”. Las mismas campanadas por parte del diputado por Vaucluse Thierry Mariani: «Cada vez hay más gente sobre el terreno que nos habla de alianzas». ¿Y si a estos dos les hubiera encargado su amo empezar a preparar tranquilamente el terreno?
En todo caso, Marine ha estado lanzando, desde hace ya mucho tiempo, muchas señales, que hay que saber interpretar. Cuando era abogada, entre 1992 y 1998 defendió en diversas ocasiones, ante la 23ª sala correccional del Tribunal Superior de Justicia (T.G.I.) de París, a inmigrantes clandestinos. Fue ella la que inspiró el cartel del F.N., para las elecciones presidenciales, en el que se veía a una joven mujer magrebí al lado de Jean-Marie Le Pen. Es ella la que ha multiplicado, durante estos últimos meses, las declaraciones a favor de los parados inmigrantes «que son tan franceses como los otros».
Encontramos una deriva oportunista como esa en las declaraciones de los dirigentes del Bloc Identitaire durante su convención de Orange, donde se aliaron con Bompard para intentar una operación electoral y en donde aseguraron «renunciar al nacionalismo y al antisemitismo» (lo que quiere decir, en buen francés, que practicaban nacionalismo y antisemitismo, antes de renunciar a ellos...).
Todo ello corresponde al síndrome Fini. Éste, devorado por el arrivismo carrerista, hundió al M.S.I. que le legó Giorgio Almirante, creó la inodora Alleanza Nazionale antes de adherirse puramente y simplemente al partido de Berlusconi. Ha tenido su recompensa, puesto que es actualmente el presidente de la Cámara de los diputados. Para estar bien a la altura de las circunstancias, nunca le falta una ocasión en la que escupir sobre la Italia mussoliniana (¡De la que incluso ciertos hombres de izquierda italianos reconocen que fue un período positivo para su país!).
El síndrome Fini se inscribe en el marco de una operación de gran envergadura, a escala europea, destinada a proporcionar a Israel el apoyo de gente de derecha y de extrema-derecha. Esta operación es en realidad una temible trampa para los identitarios.
LA TRAMPA
Se trata de trasladar a Europa el enfrentamiento que opone en el Oriente Próximo a Israel y los arabo-musulmanes. Puesto que en Israel se inquietan al ver el crecimiento del poderío demográfico de los arabo-musulmanes, en el Oriente Próximo pero también en Europa en la que las comunidades judías saben que pueden ser sumergidas en el caso de una guerra étnica.
Para nosotros, europeos, la lucha contra los invasores arabo-africanos es evidentemente indispensable y cuantos más refuerzos recibe tanto mejor es. Pero precisando bien que la amenaza, si bien se cubre con un velo religioso, el islam, que sirve de justificación («Alá lo quiere»), tiene primero y ante todo un carácter étnico. En claro, si un magrebí o un negro abandona el islam (el caso es poco frecuente), no deja de ser en absoluto un magrebí o un negro, que por su presencia sobre el suelo europeo amenaza a la identidad étnica europea. El problema está ahí y hay que ser bien consciente de ello: Estamos empeñados en una guerra étnica.
De otro lado la lucha, justa y necesaria, contra el invasor africano y musulmán, es utilizada por algunos para justificar la adhesión a una causa que no es la nuestra: La lucha de Israel contra los arabo-musulmanes.
Los identitarios europeos corren el riesgo de caer en una trampa, constituida por la incitación que les es hecha para implicarse en una guerra que no les concierne en absoluto, la que opone a Israel y los pueblos arabo-musulmanes. Israel y aquellos que le dan un apoyo incondicional quieren de hecho transformar a los identitarios europeos en harqueños, conscientes o inconscientes, al servicio de Israel. El argumento es simple y eficaz: En nombre de la lucha contra los musulmanes, todos aquellos que rechazan el crecimiento del poderío del islamismo deben unirse en un frente común, reagrupando a las fuerzas identitarias europeas y los partidarios de Israel. Acompañado, a modo de clave, de un chantaje clásico: ¿No queréis apoyar a Israel? Entonces, es que sois antisemitas (la acusación que mata...).
Esa ha sido la estrategia ilustrada por el rol de peces piloto jugado por escritores como Del Valle y Guillaume Faye (con su último libro, La nouvelle question juive, Les Éditions du Lore, 2007).
La misma que se manifiesta actualmente a través de la acción de un tal Patrick Brinkmann, hombre de negocios que hemos visto surgir recientemente en los círculos de la extrema derecha en Europa cuando era hasta el momento un total desconocido. Dispone de importantes medios financieros (ha prometido una donación de 5 millones de euros al partido Pro Köln-Pro NRW) que le sirven para seducir a cierta gente, de la que algunos no son más que unos ingenuos pero de la que otros actúan con perfecto conocimiento de causa.
Muchos miembros de lo que se conviene en llamar extrema-derecha europea sueñan con un diploma de honorabilidad que, creen ellos, les permitiría entrar en el juego político “normal”, es decir, para ser claro, en el Sistema vigente, con las ventajas muy concretas que ello implica. Para obtener tal diploma de honorabilidad, es necesario ser “realistas”, es decir pagar alguna prenda.
De ahí las tomas de posición, en Italia, de un Fini, presidente de la Asamblea, o de un Alemanno, alcalde de Roma, a favor de Israel; en Alemania, de un Brinkmann, declarando querer organizar una “peregrinación europea” a Israel; en los Países Bajos de un Geert Wilders denunciando al islamismo, durante un viaje a los Estados Unidos, y diciendo de Israel: «he vivido en ese país y lo he visitado docenas de veces. Apoyo a Israel. Primero porque es el territorio judío desde hace dos mil años de exilio hasta Auschwitz, segundo porque es una democracia y tercero porque Israel es nuestra primera línea de defensa».
En otros países europeos encontramos tomas de posición totalmente similares. Es el caso, en Francia de una Marine Le Pen, miembro en el Parlamento europeo, desde 2005, del grupo de estudios de las relaciones con Israel y que deseaba, pero en vano, hacer un viaje a Israel.
Insistamos un poco sobre el caso Brinkmann puesto que es particularmente revelador. Se presenta como el líder de un movimiento llamado Bürgerbewegung pro Deutschland. En sus textos (escritos de hecho por su “negro”, un tal Andreas Molau) afirma la necesidad de una “entente” entre Europa e Israel para la supervivencia de ambas. Y declara: «La cultura judía está para mí inextricablemente entrelazada con la cristiana. Quien es antisemita es pues contrario a su propia cultura». De paso, explica que en los años treinta su abuela vivió un gran amor con un judío, habiendo nacido una hija en 1937 de esa relación.
Durante una entrevista con la agencia PI, en Enero de 2010, se le pregunta a Brinkmann sobre cuál es su relación con el judaísmo. Él responde: «He visitado Israel. Estuve en el Yad Vashem, pero no como un turista, puesto que fui allí a llorar (...) Creo que el judaísmo va a la par con la cultura europea».
Durante el congreso del movimiento Pro Köln-Pro NRW, celebrado en Leverkusen el 19 de Febrero de 2010, Brinkmann declaró: «Consideramos al judaísmo como parte integrante de la Cultura occidental. Quien sea antisemita no puede ser un verdadero patriota (...) Me siento ahora muy orgulloso por participar en Alemania en la construcción de un partido de derecha moderno y serio más allá de todo extremismo y antisemitismo».
Sabido es que en Alemania, desde 1945, tan pronto como un movimiento identitario se perfila el Sistema blande de inmediato el espantapájaros nacionalsocialista. ¿Chantaje imbécil? Cierto. Pero es necesaria una gran fuerza anímica para resistirle. Incluso a pesar de que todos los estudios de opinión muestran que el antisemitismo va dejando cada vez más de estar presente en Europa (salvo entre los arabo-musulmanes, por razones ligadas al conflicto del Oriente Próximo...).
CONCLUSIONES
Nuestro rol, para nosotros, revolucionarios identitarios, es constituir un bastión ideológico inquebrantable, que sea, más allá de las vicisitudes coyunturales, el punto de anclaje, de referencia de los auténticos militantes identitarios, sinceros, desinteresados, determinados a seguir un camino de fidelidad. Militantes lúcidos y que hayan remachado a sus cuerpos una fe sin fisura alguna en nuestra lucha y en nuestra misión histórica. Obramos para el futuro.
He aquí nuestros principios de acción:
1) Los europeos no deben dejarse arrastrar hacia un enfrentamiento entre Israel y los arabo-musulmanes que no les concierne en absoluto. No es nuestra guerra, Dejemos a los hijos de Abraham despedazarse entre ellos.
2) Los éxitos electorales de las fuerzas identitarias en Europa son algo que está muy bien y hay que hacer todo lo posible para acrecentarlos pero no nos hagamos ilusiones: Será necesario todavía algún tiempo para que tengamos la capacidad de destruir al Sistema vigente.
3) Ello no impide que tal objetivo debe ser nuestra brújula. Luchamos para que un día triunfe la revolución identitaria.
4) Para ello, es necesario mantener firmemente, pase lo que pase, la fidelidad a nuestros principios, a nuestras convicciones, a nuestra fe solar. Esta fidelidad es nuestra única riqueza. Preservémosla como a un tesoro.
5) Ello pasa por la afirmación serena, sin compromiso y sin temor, de nuestra concepción del mundo:
- El mestizaje es una amenaza mortal para los pueblos europeos.
- Rechazamos y combatimos al capitalismo liberal, es decir el reino del dinero-rey y la explotación de los trabajadores.
- Afirmamos la necesidad de la justicia social, del solidarismo identitario, en el marco de una economía orgánica.
- Afirmamos la necesaria preeminencia de la soberanía política sobre las fuerzas económicas, cuya libertad debe ser enmarcada y arbitrada por el poder político.
- Afirmamos la necesidad de una Europa imperial, bloque de poder que permita frustrar la hegemonía americano-sionista.
- Afirmamos la necesidad de un mundo multipolar, en el seno del cual Europa podrá defender sus justos intereses, incluyendo el establecimiento de acuerdos con tal o cual bloque geopolítico, como la China o la India.
- La solidaridad entre la Europa del Oeste y Rusia debe ser total.
- En virtud de las realidades etnopolíticas, que afirman su fuerza por todas partes en el mundo, afirmamos la preeminencia de la LEY DE LA SANGRE. La identidad es primero y ante todo étnica. Esta realidad se afirmará cada vez con más fuerza. La revolución del Siglo XXI será identitaria.
El movimiento TERRE et PEUPLE se compromete a colaborar estrechamente con todos los camaradas europeos que manifiesten su acuerdo con este texto.


Pierre VIAL, a 5 de Abril de 2010, en algún lugar de la tierra de Europa.