miércoles, 27 de octubre de 2010

SAMHAIN, EL AÑO NUEVO CELTA.


El 1 de noviembre todo el mundo se acuerda de sus familiares muertos y acude a los cementerios a ponerles flores, mientras la víspera los niños se disfrazan y piden dulces por el vecindario, mientras las casas se decoran con calabazas vacías iluminadas por dentro. Sin duda este es uno de los mejores ejemplos de tradiciones de ida y vuelta: la festividad de las ánimas de origen celta, presente en prácticamente toda Europa, viajó a América de la mano de las sucesivas diásporas europeas y hoy retorna al viejo continente envuelta en el consumo y el terror cinematográfico que caracterizan a la sociedad norteamericana. El Halloween que nos venden en la actualidad desde Estados Unidos es en realidad la vieja fiesta celta de Samhain (pronúnciese ‘sawen’ o algo así) pero debidamente maquillada por el marketing consumista de nuestro tiempo.

Para los celtas, que sólo distinguían entre dos estaciones (verano e invierno), Samhain (que significa etimológicamente ‘el final del verano’) representaba el comienzo del invierno. Se acababa el tiempo de las cosechas y a partir de entonces los días iban a ser más cortos y las noches más largas. Por eso, los celtas celebraban importantes festivales para dar la bienvenida al Año Nuevo. Al anochecer de cada 31 de octubre (ya 1 de noviembre para los celtas, pues el nuevo día arrancaba con la puesta del sol), la costumbre era dejar comida y dulces fuera de sus casas y encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y el descanso junto al dios Sol, en las Tierras del Verano. En la noche de Samhain los vivos y los muertos podían comunicarse. Las barreras que los separaban desaparecían en aquel momento mágico. Lo bueno era que los espíritus de los antepasados podían aconsejar a los vivos sobre el futuro, pero lo malo era que también se convocaban a los espíritus maléficos. Por eso, los druidas ordenaban encender hogueras para ahuyentar a estos últimos.

Con la romanización de los pueblos celtas (y la evangelización de los nunca romanizados, como Irlanda), la religión de los druidas llegó a desaparecer, pero el primitivo ‘Samhain’ pudo sobrevivir al paso del tiempo conservando gran parte de su espíritu y algunos de sus ritos. Con el Cristianismo, esta vigilia pasó a llamarse ‘de Todos los Santos’ (en inglés, “All Hallow´s Eve”, de donde va a derivar la expresión actual ‘Hallowe’en’).

En el Halloween moderno se ha mantenido la vieja tradición de dejar comida para los muertos, hoy representada en los niños que, disfrazados, van de casa en casa, pidiendo dulces, con la frase ‘trick or treat’ (trato o truco). Parece ser que los druidas celtas recogían alimentos por las casas para realizar ofrendas a la divinidad (se habla también de posibles sacrificios humanos) y que llevaban consigo una gran calabaza con carbones encendidos dentro, representando al espíritu que les daba poder. A finales del siglo XIX, los irlandeses introdujeron esta fiesta en América y bautizaron a la calabaza como “Jack el que vive en la lámpara” o, como se conoce actualmente, “Jack O’Lantern”.

Hoy Halloween es una fiesta internacional, que carece de todo sentido religioso y cuyo origen es ignorado por la mayoría. Nada tiene que ver ya con los rituales de los druidas ni con los pueblos celtas que dominaron la mayor parte del oeste y centro de Europa durante el primer milenio a.C. Se trata sólo de una excusa más para el negocio, el consumo o la industria del cine.

Sin embargo, en Irlanda se conserva la referencia de Samhain: no sólo es el nombre en gaélico irlandés del mes de noviembre, sino que todavía hoy durante la noche de Samhain se prenden grandes hogueras en las que el vecindario arroja los trastos viejos que acumula en sus casas. Esa es la forma actual en la que los irlandeses reciben el año nuevo celta.

Oíche Shamhna shona!
Que pases una buena noche de Samhain.


Articulo cedido por Innisfree. Un blog sobre Irlanda, de Chesús Yuste.

http://innisfree1916.wordpress.com/





sábado, 23 de octubre de 2010

Una canción para el Samaín. Loreena McKennitt - All Souls Night





Letra Original.


Bonfires dot the rolling hills
Figures dance around and around
To drums that pulse out echoes of darkness
Moving to the pagan sound.


Somewhere in a hidden memory
Images float before my eyes
Of fragrant nights of straw and of bonfires
And dancing till the next sunrise.


I can see lights in the distance
Trembling in the dark cloak of night
Candles and lanterns are dancing, dancing
A waltz on All Souls Night.


Figures of cornstalks bend in the shadows
Held up tall as the flames leap high
The green knight holds the holly bush
To mark where the old year passes by.


Bonfires dot the rolling hillsides
Figures dance around and around
To drums that pulse out echoes of darkness
And moving to the pagan sound.


Standing on the bridge that crosses
The river that goes out to the sea
The wind is full of a thousand voices
They pass by the bridge and me.


I can see lights in the distance
Trembling in the dark cloak of night
Candles and lanterns are dancing, dancing
A waltz on All Souls Night.


Figures of cornstalks bend in the shadows
Held up tall as the flames leap high
The green knight holds the holly bush
To mark where the old year passes by.


Texto en castellano.


Hogueras de las laderas rodeando,
Las figuras de la danza alrededor y alrededor,
Con los tambores que a pulso hacen eco en la oscuridad.
Del movimiento con el sonido pagano.


En algún lugar de la oculta memoria,
Las imágenes flotan ante mis ojos.
Con las fragantes noches de paja y hogueras,
Bailando hasta el siguiente amanecer.


Puedo ver las luces a distancia,
El temblor en el manto oscuro de la noche,
Las velas y los faroles están bailando, bailando,
Un vals durante toda la noche de las almas.


Las figuras de los tallos de maíz aparecen en las sombras,
Elevando alto como las llamas saltando alto,
El caballero verde posee el acebo,
Para marcar el año viejo que pasa. (x2)


Hogueras de las laderas rodeando,
Las figuras de la danza alrededor y alrededor,
Con los tambores que a pulso hacen eco en la oscuridad.
Del movimiento con el sonido pagano.


Permanentemente sobre el puente que cruza,
El río que fluye hacia el mar,
El viento está lleno de miles de voces,
Que pasan entre el puente y yo.


Puedo ver las luces a distancia,
El temblor en el manto oscuro de la noche,
Las velas y los faroles están bailando, bailando,
Un vals durante toda la noche de las almas.


Las figuras de los tallos de maíz aparecen en las sombras,
Elevando alto como las llamas saltando alto,
El caballero verde posee el acebo,
Para marcar el año viejo que pasa. (x2)

miércoles, 13 de octubre de 2010

CAMPAMENTO IDENTITARIO, DIAS 2 Y 3 DE OCTUBRE


Los días 2 y 3 de octubre tuvo lugar este primer campamento identitario en el que se han dado cita y han colaborado diversas agrupaciones del ámbito territorial de la Comunidad Valenciana, tales como la Asociación Pensamiento y Acción Ecologista (PAE), Asociación Cultural Tierra y Pueblo, miembros de Zona Cero (Castellón), Editorial Camzo, así como demás compañeros que a titulo personal han contribuido en la organización y el desarrollo de estas jornadas.

Han participado en total sobre una treintena de personas, contando que algunos asistían con su pareja y niños, ya que se ha pretendido crear un ambiente de comunidad popular, abriéndonos a la participación de todas las edades. Este evento no es más que el comienzo de un sinfín de actividades a desarrollar por nuestra comunidad popular identitaria.

En un paraje cercano a la localidad de Moixent, se instaló el campamento. En la primera jornada siguiendo con la programación de actividades, y después de recibir a los asistentes, se inició un ascenso en ruta de senderismo hacia la cumbre donde se hallan las ruinas del castillo de la localidad de Vallada.

Posteriormente algunos decidieron prolongar la ruta, y prosiguieron hasta alcanzar el conocido peñón del águila, desde donde disfrutamos de unas magníficas vistas del interior de la comarca valenciana de la Costera.

En la bajada de la montaña nos desviamos para visitar la “sima del sumidero”, considerada una de las cavidades mas profundas del planeta, y a la que accedimos mínimamente hasta donde pudimos. Finalizamos la ruta de senderismo regresando para comer en los merenderos de la ermita de Vallada.

Por la tarde realizamos una visita guiada por los organizadores al castillo de Montesa, sede de la orden de caballería homónima, heredera de la Orden del Temple.

Tras estas actividades se procedió a establecer el campamento en un paraje cercano al yacimiento ibero de La Bastida de les Alcusses.

Ya entrada la noche tuvo lugar una magnifica cena de hermandad entre todos los asistentes. Tras la cena y como colofón a una jornada repleta de actividades nos amenizo el representante de la editorial CAMZO con una presentación de los últimos títulos publicados.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, los más pequeños se dedicaron a recrear a través de juegos y actividades un pequeño campamento vikingo. Incluida una sesión de tiro con arco organizada por los camaradas de Zona Cero.

A continuación iniciamos una ascensión a la montaña para dirigirnos a visitar el yacimiento arqueológico de la Bastida. Tras una marcha que se prolongo unos 7 u 8 kilómetros más de lo que habíamos pensado, los más valientes llegaron al punto convenido, donde un guía local les introdujo en la historia, usos y costumbres de nuestros antepasados íberos.

Finalmente concluimos las jornadas con una comida típica (paella) despidiéndonos hasta la próxima.
Desde estas líneas animamos a todos los colectivos Identitarios a colaborar entre nosotros y participar de todas las actividades que realicen estos grupos para formar una verdadera comunidad popular.

Si hay Voluntad hay un Camino.

En la cima del Peñon del Aguila.

Entrando en el castillo de Montesa.

Charla informativa en el interior del castillo.

Los mas pequeños en la sala capitular del castillo.

El campamento una vez instalado.

Organizando juegos para nuestros pequeños barbaros.

Subiendo hacia la montaña.

En ruta hacia la Bastida de les Alcusses.

El yacimiento arqueologico del poblado de les Alcusses.


jueves, 7 de octubre de 2010

Blog Montaña y Tradición



Es la hora de las alturas solares y de la gran soledad.

Después de estas largas horas, en las cuales una voluntad tenaz se ha impuesto a la fatiga, a la inercia, al oscuro miedo del cuerpo, no sólo se desvanece como el sueño vano el recuerdo de todos los afanes y trabajos de la llanura, sino que también se realiza un sentido cambiado de sí mismo, se percibe la imposibilidad de definirse a uno mismo como algo rígido, cerrado y efímero, como lo que, en el fondo, para unos pocos, es el «yo»". (Julius Evola, Meditaciones de las cumbres).

 

http://meditacionesdelascumbres.blogspot.com/

 

Colabora, cuenta tu experiencia en la montaña, escribe tus sensaciones, mándanos el artículo o el capítulo de un libro, que en su día te impresionó. Y sobretodo practica el excursionismo y el alpinismo con nosotros.




viernes, 1 de octubre de 2010

EL VIAJE




Nunca en la historia de la humanidad se ha conocido el constante trajín actual de individuos que sola o colectivamente se ha desplazado voluntariamente por el medio geográfico.

A lo largo de los tiempos hemos visto que a causa de cambios climáticos, guerras, hambrunas, catástrofes naturales, etc. Grupos humanos han sido impelidos a trasladarse en busca de horizontes que asegurasen su subsistencia, todos ellos lo hacían pues de una manera forzosa.

Estos apuntes van dirigidos a realizar un breve análisis de la forma actual de entender el viaje y como, modestamente, entendemos podríamos darle una perspectiva diferente.

Desde el principio de nuestra creación estamos moviéndonos continuamente, viajando, el viaje de la concepción, el viaje del nacimiento, a través de la vida, más allá de la muerte. El movimiento es una fuerza natural de la vida, un instinto básico, necesitamos movernos, explorar, satisfacer nuestra curiosidad, requerimos el estímulo y la inspiración que proporciona el viaje.

Ya de niños alimentamos nuestras aspiraciones de viajar, a través de la literatura o del cine, lugares misteriosos y lejanos cautivan nuestra mente, viajamos con nuestra cabeza y nuestro corazón antes de conocer el lugar soñado físicamente y así poder vivir lo imaginado.

Viajamos por muchos motivos, para escapar del tedio cotidiano, para descansar, por prestigio social, para hacer negocios, para conocer gente, para aprender un idioma, porque lo hacen todos.... pero también lo hacemos para buscar el verdadero sentido de la aventura, para reflexionar, para cumplir con un peregrinaje religioso o espiritual, para descubrir nuestras raíces, para escalar una montaña, para tener la sensación de dirección, para probarnos....

Entonces nos libramos de todas las razones para no ir. Dinero. Familia. Trabajo. Carrera. Obligaciones y responsabilidades, ya no vale poner excusas, el impulso de nuestra inminente partida se intensifica y nos rendimos ante la frontera buscada, viajamos hacía nuestras posibilidades, hacía nuestras potencialidades, abandonamos lo cotidiano, vamos allí donde nos conmovemos más profundamente; el océano, el desierto, las montañas, el camino.

Es entonces cuando nos inspeccionamos, nos cuestionamos, miramos nuestro interior después de mirar hacía el exterior y así descubrimos la fortaleza, la belleza, la alegría, la perspectiva, porque hemos cambiado sin saberlo nuestra forma de pensar, hemos confrontado nuestros valores y creencias y reconsideramos ciertas opiniones antes inamovibles.

Solos o con amigos, llamémonos como nos llamemos, somos viajeros, aventureros, turistas, veraneantes, mochileros, vagamundos, peregrinos...

Así pues, consideramos en principio todo viaje de un modo positivo, pero pensamos que se puede cambiar el horizonte del mismo más allá del modo imperante, en su mayoría, de casi todas las formas masivas de viaje dirigidas por un sistema al que lo único que le interesa es el beneficio económico y la alienación del individuo. Por tanto frente al viaje de corte consumista y ocioso se debería buscar aquel que aporte beneficios tangibles al viajero ya sean espirituales o formativos.

Frente a los paquetes turísticos de los hoy en día eufemísticamente llamados Parques Temáticos (ayer meramente parques de atracciones) donde nuestros hijos se van a ver inmersos en un mundo irreal y de pastel, debemos reivindicar para ellos la pertenencia a los todavía existentes grupos escultistas o meramente excursionistas donde van a conocer la integración en el grupo y la naturaleza de una manera real y directa.

Frente a los paquetes multiaventuras y de deportes de riesgo que nos conducen a un frenesí, a veces peligroso y de excitación que conlleva una actuación en lo espiritual de carácter descendente reivindicar la conquista de la montaña o la mera contemplación de la naturaleza que nos abre un camino de sacrificio y verticalidad espiritual.

Frente al abúlico sistema de sol y playa que nos abandona a un estado perezoso de merendero, tumbona y siesta reivindicamos el interés activo en la zona visitada, llegando a conocer a sus habitantes, paisaje, cultura e historia.

Frente a viajes maratonianos a puntos exóticos del planeta donde eres estabulado en un paraíso perdido y siempre controlado para que el entorno no té “choque” demasiado reivindicamos el viaje por nuestra patria, Europa, y no solo a sus capitales turísticas sino a sus pueblos, regiones, gentes que nos lleven a conocer nuestras raíces y nuestro destino común.

Y así podríamos seguir con otros diversos sistemas de viaje con los que en la actualidad el sistema controla nuestro ocio para dejarnos al finalizar el viaje espiritualmente estériles y el bolsillo vacío.

Busquemos pues otro tipo de viaje, aquel que revele aspectos desconocidos de nuestro carácter, nuestro coraje, nuestra perseverancia y así ver como nos transformamos, nos fuimos con curiosidad, dudas y temor y volvemos con audacia, valentía y sabiduría.

Quitémonos los residuos de pereza mental que nos ahogan, esforcémonos en enseñarnos a ver y no nos conformemos con solo mirar y así podremos decir que hemos visto más de lo que recordamos y recordamos más de lo que hemos visto.



La vida que no se examina, no vale la pena ser vivida

Platón



lunes, 20 de septiembre de 2010

DONDE HAY UNA VOLUNTAD HAY UN CAMINO...



FANNY TRUILHÉ y MATHILDE GIBELIN son dos jóvenes amigas que forman parte del movimiento scout identitario juvenil EUROPE~JEUNESSE; fundado, entre otros, por Pierre VIAL, Jean MABIRE y Jean~Claude VALLA en Francia en 1973.

FANNY y MATHILDE emprendieron una gran aventura el 21 de Septiembre de 2009 y la concluyeron, diez meses después, el 30 de Julio de 2010: LA VUELTA A EUROPA A PIE, a lo largo de 5.000 kilómetros y siguiendo las huellas de las leyendas europeas, para, según ellas, mostrar su voluntad en aras de una Europa, nuestra gran patria, fuerte y orgullosa de su cultura y de sus tradiciones.

No cabe duda, pues, que FANNY y MATHILDE son dos dignas y fieles hijas de Europa, ejemplo vivo de que con jóvenes hombres y mujeres como ellas todo es posible... Pues nadie negará que, a través de su estimulante empresa, es fácil llegar al convencimiento de que Europa vivirá... Eternamente...

Y ya se sabe, como dijera F. W. Nietzsche:

DONDE HAY UNA VOLUNTAD HAY UN CAMINO...

domingo, 12 de septiembre de 2010

LOS INDOEUROPEOS de Jean Haudry





LOS INDOEUROPEOS por Jean Haudry:   Antiguamente editado en la colección "¿Que se yo?" ya no editado (adivinar por qué)...

Jean Haudry  y Editions 
La Foret (Ediciones del Bosque) se complacen en presentar esta edición, actualizada y ampliada por el autor. (Actualizado en los últimos conocimientos y descubrimientos arqueológicos)

Mientras que el mundo moderno quiere borrar nuestra historia, y formatear nuestras memorias, este libro es esencial para la comprensión de cuales fueron los orígenes de los europeos.

Todo joven Identitario debe leer  este libro, que nos recuerda cuales son nuestras raíces, nuestros valores; en definitiva lo que nos hace diferentes a los europeos del resto de los pueblos.

El precio es de  21 euros + 4 euros por el envío postal.

Para  pedir el libro de Jean Handry: Los Indoeuropeos.

Para contactar con la editorial:

lunes, 12 de julio de 2010

MARS ULTOR. LA AGENDA DE LAS VANGUARDIAS



Una guerra puede perderse. Una guerra desafortunada nunca es definitiva. La paz más dura jamás es irrevocable. Pero una revolución debe ganarse. Una revolución es irrepetible. Una revolución no es un asunto que un pueblo dirime con otro. Una revolución es el asunto más específicamente propio de una nación, que el pueblo en cuestión ha llevado adelante sólo consigo mismo y de cuyos puntos de partida depende el camino a seguir». Esto fue escrito por Moeller van den Bruck hace ya más de medio siglo. No pueden ser más actuales las palabras de este gran profeta y visionario. Sí. «Necesitamos luchadores que sientan la necesidad de la ideas pero también de la acción, es decir, partisanos del espíritu que busquen el sentido de la vida, y a un mismo tiempo, berseker de la voluntad que ansíen comprender el sentido más profundo de la acción política. Y para ello necesitamos ideas, que movilicen, que profundicen, que agiten: ideas que revolucionen, que nos lleven más allá de los caminos trillados, que nos catapulten más allá de los compromisos con este sistema enfermizo. Sí, ideas que anuncien el gran amanecer de un despertar para la vanguardia de toda posteridad. Porque las ideas llegan más lejos que los cañones, es un presupuesto ineludible no pescar nada en ningún recipiente de tibia agua bendita judeocristiana sino forjar en el ardiente yunque de Merlín, de Dionisos o de Wotan». (Fragmento de la conferencia dictada en Dortmund por Pierre Krebs en 2008), por esta razón la Revolución cultural es el tema central de Mars Ultor 2010. El profesor Dr. Schröcke, el profesor Dr. Pierre Vial, el Dr. Carlos Dufour, la joven suiza Denise Friederich y Jürgen Rieger revolucionan la cultura en los ámbitos de la Prehistoria, la Historia, la Identidad, el Sexo y la Estrategia.
     Son muchas las voces de la ciencia y el pensamiento que pueden oírse de nuevo en Mars Ultor que proporcionan nuevos impulsos a la voluntad de renacimiento y nuevos argumentos al espíritu. El profesor Dr. Otto Huth, el gran investigador en el campo de la religión y el simbolismo, en tiempos colaborador de la Ahnenerbe, se une a la gran lista de personalidades de la ciencia y la cultura popular cuya biografía y bibliografía se puede encontrar en Mars Ultor.
     Rectificaciones sobre sucesos históricos, información sobre importantes acciones de la «Nueva Cultura» en toda Europa, citas, libros recomendados y documentos sobre política, cultura y economía proporcionan también este año una importante fuente de informaciones que son indispensables si se quiere tomar parte bien preparado en este combate a vida o muerte de Europa.
     Este año se han reproducido obras del artista ruso Boris Olschanski. Sus impresionantes pinturas hablan de los mitos, la vida y la lucha de nuestro pueblo hermano ruso.
     Nos une el saber de la cultura y la voluntad de revolución por la cual finalmente –y sobre los fundamentos de una genopolítica de vanguardia aparejada a una etnoreligiosidad que abra caminos nuevos– se producirá el renacimiento de Europa.
Dr. Pierre Krebs  

jueves, 1 de julio de 2010

SOLSTICIO DE VERANO





Asumiendo las pautas de renovación que nos habíamos planteado, un grupo de  de militantes de Tierra y Pueblo se han sumado el pasado fin de semana a la celebración del Solsticio de Verano convocados por un nutrido grupo de camaradas de la región de Levante.
Nosotros, que intentamos ser herederos  de las formas que durante siglos alentaron al hombre europeo a conjuntar su ser más profundo con el ciclo anual de la naturaleza, celebramos durante un instante el triunfo del Astro Rey y el símbolo que representa.
Lo hacemos en franca camaradería, en torno al fuego ritual para mas tarde, comer, beber y reír si  lo que se busca es la sana alegría, no solo con aquellos que luchan de algún modo por el triunfo de nuestra concepción del mundo, sino también con sus amigos y familias haciendo del Solsticio de Verano una celebración natural, colectiva y divertida.
Durante esta jornada nos reencontramos con antiguos camaradas y conocimos nuevos, revivimos momentos perdidos y nos reafirmamos en la necesidad de la convergencia con  todas las sensibilidades del movimiento de resistencia Identitario.
Sirvan estas líneas para confirmar nuestro compromiso con los camaradas allí presentes, así como una nueva luz de esperanza en las generaciones que van tomando el testigo en la lucha.



martes, 22 de junio de 2010

LA BATALLA IDENTITARIA




La batalla identitaria; o más bien, nuestro «Frente del Ser», contra el no ser de la homogenización, del desarraigo, de la disolución en el mefítico bodrio occidental.

Lucha por existir y resistir, batalla por la autoafirmación y la autodefensa, institución de un proyecto histórico y puesta en marcha de una comunidad de destino. En la época en la que los pueblos europeos están amenazados en su misma supervivencia física, después de haber ya cedido el alma al demonio mundialista, la lucha por la defensa de nuestra identidad, el despertar de nuestra consciencia nacional y la regeneración de nuestra forma étnica adquiere una importancia decisiva, crucial. Pero, sobre todo, ¿qué se entiende con el término «identidad»? Podemos definirlo como el resultante de tres factores: naturaleza, cultura y voluntad (1). De la naturaleza forman parte las características más estrictamente físicas, biológicas y raciales de un pueblo, su esencia más concreta, la «materia humana». La cultura representa el modo único y original con el que cada pueblo percibe el mundo y su manera de orientarse en él, alcanzando la autoconciencia a través de una confrontación (y/o un enfrentamiento) con la otra parte de sí mismo; también, cultura son las tradiciones, las usanzas, los hábitos, la memoria histórica, las referencias míticas etc. El lado volitivo está constituido por la puesta en marcha de las otras dos primeras, es la plena asunción del dato físico y del dato cultural en un horizonte de sentido determinado por una decisión creadora y fundadora. Voluntad, por lo tanto, es hacerse cargo de la propia identidad bio-cultural, proyectando en el futuro la propia memoria transmutada en proyecto. Este punto en fundamental. Siempre es la voluntad lo que hace la historia, un pueblo que está desprovisto de tal no es nada más que una población, un mero conjunto de individuos sin historia, un simple dato estadístico-demográfico. Nacer en un determinado estado, tener los padres de una cierta nacionalidad, poseer característicos rasgos somáticos, aprender en el colegio determinadas nociones, hablar una cierta lengua, comer determinadas pitanzas; todo ello constituye una identidad sólo en potencia. No basta que se haya pasado el testigo; es necesario quererlo recibir y tener la intención de pasarlo a quien viene después. La elección contraria es muy posible; a tal propósito se pueden ver a tantos intelectuales, políticos, estrellas del show business que escogen conscientemente la vía del cosmopolitismo, del mundialismo, del etnomasoquismo, del desarraigo. Éstos son italianos y europeos tanto como nosotros, pero quieren rechazar esta pertenencia en nombre de una retórica «hermandad universal». La identidad, por lo tanto, puede muy bien ser rechazada. Por otra parte hoy es la elección mayoritaria. Esto es posible porque la apertura de nuestra historia, consecuente con la fundamental libertad humana, consiente también la opción de la salida de la misma historia, lo que equivale a decir la elección de la entropía étnica, cultural, social, ecológica etc. Frente a tal libertad existencial, será entonces nuestro deber escoger la vía identitaria.

Un nuevo nacionalismo

Para hacer esto es sin embargo necesario no caer en viejos errores ni decaer en fórmulas caducas. Debe ser superada, en particular, la creencia típicamente reaccionaria según la cual una lucha identitaria deba simplemente defender la presunta virginidad de un conjunto de valores todavía no contaminados de los males de la modernidad. En absoluto es así. La identidad no es un concepto estático, una experiencia pura a preservar de los trastornos de la historia; es precisamente en la historia, es más, ésta es perennemente generada y regenerada, en un proceso continuo, sin pausa. La identidad es un proyecto en el devenir, una autoconciencia que eternamente se reformula y se recrea. No existen simplemente valores a conservar, sino toda una serie de mitos, de tradiciones, de memorias a escoger, seleccionar y re-interpretar, con formas siempre nuevas y originarias en base al futuro que se haya escogido. Es el proyecto que da un sentido a la memoria, no lo contrario; es esto, aquello que entendía Giovanni Gentile [alias] cuando afirmaba que la nación es una realidad espiritual que «nunca existe, es necesario siempre crearla de nuevo». Esta concepción dinámica de la batalla identitaria, dirigida más hacia el futuro que al pasado, se nutre por lo tanto de una forma nueva y «post-moderna» de nacionalismo. Hablamos de un nacionalismo impregnado de sensibilidad imperial y grande-europea, ya no a la merced de un obtuso y provincial orgullo chauvinista; un ideal popular y comunitario, en la convicción de que una comunidad nacional existe verdaderamente tal sólo sí en su interior se reconoce la total dignidad social a cada uno, contra todo dominio oligárquico e intereses de logias. Contra la idea regresiva, reaccionaria y tradicionalista es necesario proponer en oposición un espíritu innovador, revolucionario y futurista; contra el nacionalismo meramente defensivo, refugiado en el conservadurismo estéril de una memoria momificada y en la preservación beata de cuanto, en el hoy, persiste del ayer, nosotros queremos un nacionalismo agresivo, determinado por lo tanto a agredir la modernidad moribunda y su fracasado «proyecto incumplido» para destruirla, subvertirla, superarla en una época tan nueva, y sin embargo con fascinaciones tan arcaicas. Nunca más al culto inmóvil de los «viejos y buenos valores de un tiempo» ni al machacamiento masturbatorio del folclore empolvado: en su lugar, una voluntad de poder deflagrante y revolucionaria fundadora de una nueva civilización. Pensar o actuar en modo diverso significaría permanecer atrasado por lo menos de un siglo, permanecer parados, al estilo de la vieja derecha liberal, clasista y conservadora eliminada por las vanguardias nietszcheanas, futuristas, dannunzianas y belicistas que al inicio del siglo veinte inflamaron el mundo. Es desde estas sugestiones de donde debemos partir de nuevo, articulando un pensamiento plenamente nacional-revolucionario, arqueofuturista, descendiente directo del sobrehumanismo fascista.

Muerte y regeneración de la patria

Por otra parte, incluso queriendo, no sabríamos sinceramente sobre qué bases fundar un patriotismo pequeño-burgués de tipo conservador, no por otra cosa que por la elemental razón que no hay nada más que conservar. Puesto que, por favor, ¿donde estaría hoy la patria? ¿Quizá esté escondida en alguna parte en los discursos rezumantes de banalidad e hipocresía de un Presidente de la República antes partisano y usurócrata, dispuesto recientemente a reivindicar, para la Italia de hoy, la actualidad de los valores... del 8 de septiembre (¡!)? ¿O quizá en los desfiles militares tan de moda últimamente, tan pomposos tanto como patéticos con el tentativo penoso de enmascarar la realidad del verdadero papel de hoy, del ejército italiano, ascazo servil del patrón de más allá del océano? O quizás, más modestamente, «patria» es hoy el equipo nacional de fútbol, cuya afición es sólo una miserable simulación de pertenencia, casi el único «ideal» por el cual a estas alturas se consiga emocionarnos. ¿Por esto deberíamos luchar? ¿Desde las «tierras irredentas» al tridente Vieri/Totti/Del Piero? No, es necesario adquirir la consciencia que hoy la patria está muerta, por lo menos como postura. Por el contrario subsiste todavía, en potencia, como un conjunto de valores y sensibilidades inconscientes a reactivar de forma radicalmente nueva. Es necesario tomar consciencia de la dimensión fundamentalmente nihilista de la era presente, del vacío absoluto en el que nos encontramos, vacío que es la fuente de desplazamiento y de angustia, pero que puede ser también la ocasión de la reconquista para quien lo sepa llenar. Debemos acoger la nada que nos rodea como la condición de posibilidad de un nuevo inicio, como la ocasión que se nos abre frente a quien posea una voluntad histórica de autoafirmación. De frente al avance del desierto, es necesario ser «fundadores de ciudades». Sólo habría que intentar estar a la altura de tal tarea, re-evocando nuestra más antigua memoria para proyectarla en el más lejano futuro contra la desolación del más alucinante de los presentes. El Fascismo no hizo nada de diverso: renegó de todas las enmohecidas tradiciones entonces existentes para evocar directamente un pasado remoto, arcaico, mítico, poniéndolo al mismo tiempo en la base de un proyecto político y metapolítico que miraba hacia un futuro milenario (2); por esto fue y sigue siendo odiado por los conservadores de ayer y de hoy. Haciéndonos cargo plenamente y conscientemente de nuestra libertad histórica, debemos asumir la tarea schmittiana de una decisión superior que establezca qué queremos ser, sobre la base – evidente – del dato bio-cultural, pero con un espíritu voluntarístico y heroico donde el mero «dato» es sólo la materia bruta de una obra de autocreación en un continuo devenir. No se trata, lo repetimos de nuevo, de «descubrir» aquello que se es; se trata, nietzscheanamente, de querer llegar a ser. Es el concreto querer-ser-así contrapuesto al anhelo hacia lo indistinto, hacia lo indeterminado, hacia lo genérico típico de la tradición igualitaria, que además es una voluntad-de-no-ser enmascarada de un querer-ser-todo (da aquí el elogio del cosmopolitismo: nos ilusiona con tener raíces por doquier cuando en realidad no se tienen en ninguna parte). Al dominio de lo informe proponemos en oposición la voluntad de la forma, iniciando de nuestra forma étnica (3), contra los monstruosos proyectos de quien querría de-formarla por medio de la «muerte tibia» del consumismo global o a través del alucinante diseño multirracialista.

El futuro de los pueblos europeos

Esta tarea de tutela, defensa, afirmación y regeneración de nuestra forma étnica es, a día de hoy, lo más blasfemo que pueda existir. De hecho, para un europeo es un pecado mortal reivindicar el derecho a la propia especificidad cultural, derecho que al menos en línea de máxima se está siempre listo a reconocer a cualquier otro pueblo. Tiene perfectamente razón Francois Dancourt cuando, en un sitio identitario francés, hace notar como en Francia (y en Europa) no está en absoluto prohibido ser racista, con la condición sin embargo que el racista se autocertifique como «antirracista» reconocido y que la raza por él subestimada sea la europea. Es la lógica alienante de lo políticamente correcto, que en la culpabilización y en la desvirilización de los europeos encuentra la propia razón de ser. Nosotros, por lo que nos respecta, consideramos que cada pueblo, comenzando por el nuestro, debe poder cultivar las propias tradiciones, gozar de la propia independencia y soberanía, desarrollar el propio original modo de ser en el mundo. Estamos fundamentalmente de acuerdo con quien, como Alain De Benoist, sostiene que la identidad debe ser defendida «en sí misma y no por sí misma», por consiguiente para todas las etnias y las culturas; concordamos también con quien, como Marcello Veneziani, retiene que «quien defiende su pueblo defiende también el mío»; consideramos, sin embargo, que sea siempre y en cualquier caso de nosotros mismos que se deba partir (4). Son los europeos los primeros a sufrir los efectos perversos del desarraigamiento; es sólo en Europa, no en otra parte, donde se experimentan las suicidas políticas inmigracionistas, la xenofilia masoquista, la acogida indiscriminada; es en nuestra casa donde la sociedad multirracial, el dominio de la religión de los derechos humanos, la americanización de las mentes, la barbarización de las costumbres, el igualitarismo más salvaje se están triunfalmente afirmando.

El primer pueblo en peligro es el nuestro.

Por lo tanto sólo comenzando por defender la identidad «para mí mismo» podré defenderla «en sí misma». Es afirmando por encima de todo mis especificidades culturales que defiendo también las tuyas. De esta manera podemos evitar las incoherencias hipócritas de muchos europeos, intelectuales «empeñados», siempre listos a defender la más exótica y lejana de las causas para después predicar en patria el cosmopolitismo, el suicidio étnico, el humanitarismo decadente, el olvido de las raíces y la destrucción de las tradiciones. Sólo éste puede ser el sentido de un reencontrado etnocentrismo imperial europeo. Etnocentrismo ya no filo-imperialista, impregnado de mesianismo cristiano y universalismo iluminista, sino serena y radical afirmación del propio papel en la historia por parte de los europeos finalmente libres de complejos de culpabilidad y otros complejos varios. Etnocentrismo como conciencia étnica, toma de conciencia de ser un único pueblo, en la unidad inseparable de los antepasados y de los descendientes. Etnocentrismo como orgullo, dignidad, patriotismo, fidelidad a sí mismo, voluntad de perpetuarse biológicamente y culturalmente. Sólo siendo nosotros mismos podremos contribuir a la salvación del Otro. Sólo una Europa libre, etnocentrada, poderosa y orgullosa de la propia identidad podrá un mañana representar la vanguardia mundial de la causa de los pueblos -de todos los pueblos-. Una Europa sierva, impotente, presa del caos étnico y del etnomasoquismo podrá solo representar el trágico monumento viviente del triunfo del mundialismo.

Adriano Scianca


Artículo original publicado en el número 229 de la revista Orion, octubre de 2003. Posteriormente publicado en el número 15 de la revista Tierra y Pueblo, abril de 2007



Notas:

1. Pierre Vial, Une terre, un peuple, Editions Terre et Peuple, París 2000

2. Para una exposición, sintética pero profunda, de los aspectos del Fascismo puestos aquí de relieve consultar Giorgio Locchi, «Espressione politica e repressione del principio sovrumanista», en L’Uomo libero n° 53, marzo 2002, y además las Notas de Stefano Vaj que preceden tal texto.

3. Para el concepto de «forma étnica» ver Franco Freda, I lupi azzurri, Edizione de Ar, Padua 2000.

4. Sobre este punto y los precedentes ha insistido recientemente Guillaume Faye. Para un lúcido examen de las tesis del último Faye y para otras inteligentes reflexiones acerca de la idea identitaria, sobre el tema de la inmigración, sobre el etnocentrismo europeo etc. Consultar el excelente ensayo de Stefano Vaj, «Per l’autodifesa etnica totale», en L’Uomo Libero n. 51, mayo 2001.





lunes, 14 de junio de 2010

EL LATIR DEL CICLO ANUAL: CELEBRACIONES DE MUERTE Y VIDA.

«Er ist der Stern, er ist die Sonn,
Er ist des ewgen Lebens Bronn,
Aus Kraut und Stein und Meer und Licht
Schimmert sein kindlich Angesicht»

«Él es la estrella, es el sol,
La fuente eterna de la vida.
Entre la hierba y la piedra,
En el mar y la lumbre,
Resplandece su rostro infantil»
                                             NOVALIS



La Naturaleza como Libro Divino

En estos tiempos que corren, el antropocentrismo y la antropolatría imperan y anidan en mentes y corazones de mujeres y hombres en este mundo actual, convulso en plena crisis no simplemente de cambio climático (léase «ecológica»), o de valores (léase «ético-política») o económica. Nosotros –los identitarios– nunca nos cansaremos de insistir que esta crisis en general es fundamentalmente una crisis espiritual, puesto que la disociación de Cielo, Hombre y Tierra es más que evidente. Ese antropocentrismo –esa religión laica «liberal y progre» a un mismo tiempo– en su máxima categoría imperante es la llamada antropolatría: el materialismo, en todas sus versiones (léase histórico, económico, biológico, etc.) como pseudo-religión, conduce sólo a adorar y a pensar en dinero, beneficios, ultra tecnología y demás sucedáneos o vanidades. Y todo esto, es el efecto de una causa.

Vivimos de espaldas a la Naturaleza, hemos olvidado esa cosmovisión tradicional de que «en el mundo tradicional, la naturaleza era no “pensada”, y sí “vivida” como un gran cuerpo animado y sagrado, “expresión visible de lo invisible”»(1). La Creación es la máxima expresión de sabiduría y el gran libro divino que el Creador nos ofrece. De ahí que en la tradición hermética, sus maestros tienen presente que para realizar la Obra, basta con imitar a la Naturaleza. Nos hemos desconectado de los circulares ritmos naturales y se van olvidando sus celebraciones y ritos, ceremonias y fiestas, perdiendo parte no sólo de nuestra identidad, también implícitamente de nuestro espíritu. La memoria de los antepasados con su legado de Conocimiento y Sabiduría, está oculto a los ojos de un mundo cada vez más profano y –de la Naturaleza cada vez más profanada– donde lo sagrado ha sido relegado a las brumas… ¿tal vez de Avalon, del jardín de las Hespérides?

Y como todos sabemos, la Naturaleza en sus ciclos estacionales: primavera, verano, otoño e invierno, nos recuerdan dos lecciones que siempre debemos tener presente: por un lado, la impermanencia a la que estamos sometidos todos los seres de la Naturaleza y por otro, el triunfo de la Luz. Nacemos con el ciclo ascendente del año, como las semillas que han sido recogidas en la tierra y nuestra infancia es eterna Primavera. Nuestra juventud se expande y es pletórica en la estación del crecimiento del reino vegetal. En el Verano alcanzamos nuestra madurez, después que la flor ha dado paso al fruto. Estamos pues listos para ir marchitando en el Otoño, ya en pleno ciclo descendente del año, para dejar la vida y morir en el ocaso del Otoño y recogernos en el seno del Invierno. Nos pudriremos en la Tierra y en su interior, germinaremos de nuevo para renacer de nuevo en la Primavera. Morimos para nacer, así como antes fueron las Tinieblas y después la Luz, primero el Caos y después el Orden. Morimos para nacer, y así como sabemos que el invierno siempre da paso a la primavera, debemos tener presente que nacer y conocer es lo mismo, puesto que Conocer es co-nacer. Antes fue la Noche y después el Día, como nos recuerda la tradición céltica y la escandinava. Hombre y Mujer vuelven siempre al seno de la madre, a la Tierra, mientras que el padre Sol con su poder fecundará de nuevo con su Luz y calor a la semilla, con la ayuda de los otros dos elementos restantes: aire y agua. Esta analogía llena de simbolismo son leyes divinas y naturales a las que estamos sometidos, incluidas en las iniciaciones de diversas tradiciones.

No han sido los últimos en tener presente esta cosmovisión, pero es menester citar a los escritores románticos del siglo XIX, que percibieron en su memoria de la sangre, que, tras el Racionalismo y la Ilustración, esa antropolatría se instauraba definitivamente en los corazones de sus congéneres. He aquí unas muestras de Verdad y Belleza de esa perenne sabiduría, ofrecidas por la pluma de Hölderlin: «Ser uno con todo, ésa es la vida de la divinidad, ése es el cielo del hombre. Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegrías, ésta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes»(2). O bien de la mano de un Novalis, que al igual que su compatriota nos lega estos versos: «Todas las cosas están en el Uno y el Uno está en todas las cosas,/ ver la imagen de Dios en la hierba, en una piedra, / el espíritu de Dios en el hombre y en los animales, / esta actitud deberíamos tener en el fondo de nuestros corazones»(3). Y también en ensayo denunciaba el terrible olvido de ese legado: «Ya en la infancia de los pueblos existieron espíritus profundos que descubrieron que el rostro de la Naturaleza era el de una divinidad, mientras que los demás, con el corazón liviano, no se ocupaban de ella más que para depositarla sobre la mesa; el aire les resultaba reconfortante bebida, las estrellas eran la luz para iluminar sus danzas nocturnas, y las plantas y los animales, sólo excelentes alimentos; la Naturaleza se les ofrecía no como un templo grandioso, sino como de un agradable recetario y una regocijante despensa. Otros, de alma más sensata, distinguían las muchas posibilidades que la Naturaleza les ofrecía, pero todavía en estado salvaje, y día y noche se dedicaban a crear modelos para conseguir una Naturaleza más noble».

Dentro del seno de la Tradición cristiana europea, esta cosmovisión se mantuvo por algunas figuras excepcionales, hombres sabios y santos, entre los que cabría citar a San Francisco de Asís, como el máximo exponente de esta visión sagrada en torno a la naturaleza y a la Creación del Supremo Artista. Recordad el conocido poema «Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano sol…», exposición máxima de un esoterismo cristiano, que pervive e influye en el seno del catolicismo, llevando a la nueva religión a re-venerar olvidados santuarios a lo largo de toda Europa, bajo advocaciones marianas o de santos en particular. Y también cumple hacer justicia –dejando aparte frivolidades y prejuicios neopaganos– que la selva o bosque virgen, la montaña sagrada o la fuente milagrosa, igualmente perviven en la memoria de nuestros abuelos, así como en su tiempo estuvo en la de nuestros más remotos antepasados, merced a esa savia del esoterismo cristiano que llenó de monasterios y ermitas nuestros mas inhóspitos y agrestes lugares de España y de Europa(4).

El fundador de la Orden del Cister, cuya influencia como es sabido, se extendió entre la Orden del Temple –San Bernardo– igualmente participaba de esta cosmovisión sagrada en torno a la naturaleza, a la Creación. Fue él quien dijo que «hallarás en los bosques algo más que en los libros. Los árboles y los pedruscos te enseñarán cosas que no podrás aprender de ningún maestro». Copartícipes de esta recta visión de la naturaleza, como Ecce omnia opera Domini, también fueron entre otros Fray Luis de León, San Juan de a Cruz, Fray Luís de Granada, y también en nuestros tiempos el cisterciense Thomas Merton.

La Naturaleza de por sí misma es un auténtico santuario, así lo percibieron, sintieron y vivieron nuestros antepasados. «Entre los antiguos germanos, sedentarios primitivos, es decir, que rechazaban la arquitectura propiamente dicha, los santuarios estaban localizados, pero siempre en la naturaleza virgen. El bosque de Broceliande, entre los celtas, y el de Dodona, entre los griegos, son ejemplos de una perspectiva tradicional análoga, a pesar de la presencia, en estos pueblos, de una arquitectura sagrada y una civilización urbana. Entre los hindúes, el bosque es la morada natural de los sabios; y se encuentra este mismo “aprovechamiento” espiritual del aspecto sagrado de la naturaleza en todas la tradiciones que tienen –siquiera indirectamente– un carácter primordial y por lo tanto mitológico»(5).

El mundo por entonces era mágico, Dios o los dioses, la Divinidad en suma, eran algo cercano, sutil, pero intensamente sentido, vivido y experimentado. Una lectura con visión tradicional de las antiguas mitologías indoeuropeas, nos describirán una naturaleza animada tanto para griegos y romanos, como para celtas, germano-nórdicos y eslavos, puesto que para todos ellos la Naturaleza era «una poética metáfora, una metáfora tangible de la vida de los dioses (una Metamorfosis divina). Hay en estas cosmovisiones una absoluta y confusa interpenetración entre lo material y lo espiritual. La naturaleza es consustancial a la divinidad (y al espíritu humano). La Vida de la naturaleza es, de hecho, la manifestación visible de la vida de los dioses. Lo que se ve claro leyendo a hombres antiguos (como Hesíodo en su Teogonía u Homero en La Odisea o La Ilíada) no es que haya espíritus o dioses que simplemente se manifiesten en la Naturaleza, sino que las montañas, ríos, bosques…La naturaleza es toda, en sí misma, espíritu. El latir de la vida, el movimiento de los astros, el paso de las estaciones…todo, es divino. Desde la noche de los tiempos, como vemos, no pudo entenderse otra religión que la de la naturaleza»(6) .

En la Antigüedad, nuestros pueblos europeos, no precisaban de edificar templo alguno puesto que para ellos, como venimos insistiendo hasta ahora, toda la naturaleza en sí misma era sagrada. Formaba parte de un todo y sus ciclos estacionales con sus fiestas –regio-sacerdotales, guerreras o agrarias– eran ritmo de sus vidas, de sus campos, de sus animales, de su caza. Y como nos recuerda Alain de Benoist, «…después de los trabajos de Eliade y de Dumézil ya no se puede reducir a las antiguas religiones paganas a un simple culto a la naturaleza. El paganismo jamás fue un puro naturalismo, incluso cuando los antecedentes “naturales” y cósmicos juegan en él un papel central. Tampoco fue nunca un panteísmo, como en Giordano Bruno o Spinoza, aunque también hallamos elementos panteístas en casi todas las culturas religiosas»(7).



Solsticios y Equinoccios

No nos detendremos mucho en este apartado, existe suficiente literatura al respecto. René Guénon, Julius Evola, Hermann Wirth, Jean Mabire y Pierre Vial, entre otros, han escrito lo fundamental en torno a estas festividades. Sólo recordaremos a vuela pluma, que nuestras principales fiestas o celebraciones, en sus analogías paganas y cristianas, siendo éstas regidas como sabemos, por el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Dos son los solsticios y dos los equinoccios y así queda delimitado nuestro año, el giro completo de la Tierra alrededor del Sol, de la rueda-órbita alrededor de su Centro.

Por un lado tenemos los dos solsticios, sabiendo e interpretando desde un punto de vista hermético que «Los solsticios –de sol stare, el sol se detiene– marcan los momentos del año en los que el Sol parece detenerse en un punto fijo de su órbita, para a continuación reiniciar su marcha en sentido inverso. Estos momentos de inmovilidad abren las puertas que permiten acceder a otros estados de ser; así el solsticio de invierno abre la puerta de salida de la “caverna cósmica”, mientras que el solsticio de verano abre una puerta que es simultáneamente de entrada y salida»(8). Así pues tenemos dos partes del año, claramente divididas, del Solsticio de Invierno (21 de Diciembre), desde la gélida Navidad con su nacimiento del Sol, (o del Cristo solar según interpretaciones), hasta el Solsticio de Verano (21 de Junio): desde un San Juan Bautista (27 de diciembre) hasta un San Juan Evangelista (24 de Junio). Para nuestros antiguos, estas dos fases del año corresponden como el dios romano bifronte Jano a dos períodos, a dos puertas solsticiales, la de los «grandes misterios» (estados supraindividuales) y la de los «pequeños misterios» (estado humano): según la tradición védica, el período ascendente del sol a la «Vía de los Dioses» y el período descendente a la «Vía de los Padres, Antepasados». Y este período ascendente y descendente también lo podemos aplicar al período mensual de la Luna, pues en su fase creciente está en relación con el deva-yâna –o Vía de los Dioses– y en su fase decreciente con el pitr-yâna– o Vía de los Padres, Antepasados. También recordar que cuatro son las fases de la luna, al igual que las del sol(9).

Citábamos antes la salida de la caverna cósmica con relación a los solsticios. Para su comprensión diremos que la caverna cósmica es la caverna iniciática, considerada por un lado como una imagen del mundo y por otra del corazón del ser humano. La caverna desde un punto de vista iniciático es el lugar del «segundo nacimiento» o iniciación, el «sepulcro» del cual se re-nace. Es en suma la caverna el mundo profano, el mundo de las tinieblas y de la ignorancia, y para que pueda existir una «salida final» de dicha caverna, es necesario que «el iniciado debe precisamente sobrepasar en esta nueva fase del desarrollo de su ser, del cual el “segundo nacimiento” no era en realidad el punto de partida»(10).

Sabemos que el latir del ciclo anual, es como una rueda o cruz solar, una cruz espacio-temporal que con su eje vertical (al Norte corresponde el invierno, al Sur el verano) y su eje horizontal (al este la primavera, al oeste el otoño), ordena el ciclo y el rito de nuestra Tradición, expresión de un arquetipo universal.

Por otro lado, están los equinoccios, completando los ejes de la cruz solar. Los equinoccios «equilibran» el año, puesto que en ambos la Tierra se encuentra en el punto intermedio de su órbita con respecto al astro rey. Con los equinoccios, según la tradición hermética, tenemos a los dos arcángeles, Gabriel y Miguel (25 de Marzo, 29 de Septiembre, Fortaleza y Templanza respectivamente), con fechas muy cercanas a los equinoccios, puesto que por un lado el día y la noche tienen una misma duración y por otra está equidistante del invierno-Norte y del verano-Sur.



Pervivencias del latir céltico: Difuntos y Mayos

En base a estas cuatro grandes fiestas, generalmente celebradas por casi todos los pueblos europeos, tendríamos que añadir a ellas otras cuatro, propiamente de origen céltico y con un significado similar, aunque no idéntico a los solsticios y equinoccios, pero que igualmente forman parte, digámoslo así, del patrimonio del latir del ciclo anual, igualmente con celebraciones y ritos de muerte y vida. Markale nos asevera que «el año céltico, basado en un calendario lunar, con un mes intercalado cada cinco años, está claramente dividido en dos estaciones, invierno y verano, lo que hace que su eje central vaya del 1º de noviembre al 1º de mayo. Repitámoslo: el calendario céltico, y por tanto druídico, no tiene estrictamente ninguna relación con los solsticios»(11). Aunque a esto habría que añadir, que los monumentos megalíticos como los dólmenes (anteriores por otra parte al mundo céltico) «reutilizados» por los pueblos célticos, tienen una orientación especial, generalmente en relación al solsticio de verano.

Las cuatro grandes fiestas célticas según el Calendario de Coligny son el Samain, Imbolc, Beltaine y Lugnasad:

Samain era una fiesta comunitaria donde todos los hombres y mujeres que integraban «de derecho» dicha comunidad, debían obligatoriamente asistir, puesto que allí se hablarían asuntos políticos, religiosos, y económicos. Etimológicamente Samain significa «el final del verano», es decir el comienzo del invierno y a su vez el primer día de un nuevo año. A su vez este día según la tradición céltica, era el encuentro de dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Ciertamente como en el noroeste peninsular sabemos, la parroquia de los muertos establece contacto con la parroquia de los vivos. Ambos mundos se interrelacionan e ínter penetran en estas fechas y así lo atestiguan las leyendas célticas, puesto que el acceso al Otro Mundo, grandes batallas y muertes rituales del héroe que ha transgredido ciertas prohibiciones, acontecen en este señalado día. Igualmente conocemos que este día en nuestro calendario cristiano corresponde al día de todos los Santos, ya en pleno otoño y ciclo descendente del año. También asociado al día de Todos los Santos estaría el día de los Muertos, aunque en realidad según Markale, para el pensamiento céltico «no hay en Samaín ni muertos ni vivos, como tampoco hay dioses ni hombres. Hay todo»(12). En la antigua Irlanda, los fuegos debían estar apagados y el fuego renacerá en el momento en que los druidas enciendan uno nuevo. Según Markale, este simbolismo habría sido transferido por los cristianos a Pascua.

Después de transcurridos tres meses después del Samain, vendría la festividad del Imbolc, bajo la advocación de la diosa Brigit, cristianizada bajo el nombre de Santa Brígida. El 1º de febrero es el día cristianizado de la Candelaria, fiesta purificadora a mitad del invierno. Esta celebración sería más íntima y local, mientras que una celebración que si ha llegado con mayor vigor hasta nuestros días, transcurridos otros tres meses después del Imbolc, sería el 1º de Mayo, Beltaine.

Beltaine, etimológicamente significa «Fuego de Bel», es el final del invierno y el comienzo del verano. «De ahí los ritos del fuego, particularmente abundantes y la sacralización de la vegetación naciente…la fiesta de Beltaine es una apertura a la vida y la luz, una introducción en el universo diurno, en lo que todavía se llama en Bretaña los –meses negros–»(13). Esta fiesta sería propiamente sacerdotal y sería costumbre plantar ramas en los campos, huertos y sobre los establos como símbolo de prosperidad y abundancia, siendo en los países germánicos la noche de Valpurgis. Las celebraciones en torno al mes de mayo persisten a lo largo de toda Europa, si bien ha pasado a ser considerada por antropólogos y etnógrafos como una fiesta eminentemente agraria, conocida como los Mayos. «Os Maios», que así denominan en Galiza, son fiestas de carácter eminentemente agrícola, celebrados no sólo en el noroeste peninsular, sino a lo largo de toda la península ibérica bajo múltiples formas, que en esencia simbolizan lo mismo como las Cruces de Mayo en Valencia y Andalucía, especialmente en Córdoba. Esplendor de la primavera, esperanza y «propiciando» buena cosecha, al mismo tiempo que alejando todo ser (visible o invisible) que pueda dañar la fecundidad de los campos. Estos «Maios», antiguos cultos o rituales agrarios (hoy en día fiestas folklorizadas), fueron objeto de denuncia y persecución por la Iglesia, puesto que en Concilios como el de Braga en el 570 o el de Lugo en el siglo VIII, se condenaron estas «prácticas» de culto fitolátrico. Como sabemos, el mes de Mayo pasó a ser el mes de las flores, el mes de María. Las condenas se extendieron también en la edad media, donde por ejemplo en Portugal, en 1385, la cámara de Lisboa acordaba que «nâo se cantem Mayas nem Janeiras». El cabildo compostelano igualmente prohibía entrar en la catedral a las «maias» y «demiños», bajo pretexto de lo indecente de sus danzas y canciones.

Hay siempre dos elementos principales en torno a esta celebración europea de los Mayos. Encontramos por un lado el Árbol de Mayo y por otro los Reyes del Mayo. Naturaleza y Hombre/Mujer, son símbolos en este ancestral recuerdo del triunfo de la primavera, ya que como nos recuerda el maestro V. Risco, esta estación del año siempre «significa el reverdecer de las plantas, el comienzo del año agrícola, la alegría de ver levantarse el sol por encima del horizonte y coger fuerza; y tiene diferentes formas: árbol de Mayo, hombre cubierto de ramas, armadilla de verduras y flores, reina de mayo, pareja de mayo, cruz de mayo, engalanar las casas con ramas, esparcirlos por los campos, presagios de hartura y dinero…»(14).

Algunos etnógrafos nos recuerdan que la referencia escrita más antigua sobre esta festividad, la encontramos en el romano Tácito: «Igual que la feliz unión de dos seres produce numerosos hijos, la plenitud de los dones de la naturaleza es provocada por la unión de los dos sexos. Se tiene, pues, una idea profunda y clara, de los fenómenos naturales del mundo, y se ve hasta qué punto el hombre está inscrito en la naturaleza, hasta que punto estas representaciones son antiguas y arraigadas. Ya en el siglo XII se habla de la visita de una reina de Pentecostés ricamente adornada. El relato de Tácito del viaje de la diosa Nerthus de la fertilidad y de la Tierra procede, sin duda alguna del mismo espíritu»(15).

En las diversas comunidades de etnia y lengua alemana, los «mayos» son igualmente celebrados análogamente que en otras zonas de Europa, así pues observamos que «en el folklore, este triunfo de la primavera tiene como símbolo la guirnalda primaveral (Ernte-kranz, en alemán, literalmente “corona de la cosecha”) que se entrega a la joven pareja del “Rey de mayo” y a la “Reina de mayo” para ser colocada la corona triunfal en lo alto del mástil de los festejos, el “Palo o Polo de Mayo”, símbolo del Árbol de la Vida y del Eje que une Cielo y Tierra. Se trata de una corona vegetal que, con su verdor, su belleza y lozanía, su brillo y su aura alegre, proclama la Victoria del Sol y de la vida renacida… Esa guirnalda primaveral es como el gran anillo floral que sella el enlace nupcial entre el Príncipe (el hombre o la humanidad) y la Princesa (la Naturaleza). No queda sino añadir que dicha corona verde y florida viene a corresponderse con la Rad-kreuz (rueda solar, cruz céltica)… En ambos se expresa la misma idea de totalidad y armonía, de vida centrada en torno a la luz»(16).

La costumbre cristanizada de la bendición de los campos y establos, de los animales que sustentan al hombre en sus duros trabajos agrícolas, e inclusive de bendición de aguas (recordemos la festividad de la Virgen del Carmen) como hemos podido observar a lo largo de este artículo, tienen sus lejanos ecos en las antiguas tradiciones paganas europeas.

A modo de conclusión, vemos que hemos comprobado que existe una estrecha interrelación entre el latir del ciclo anual y la vida externa del ser humano, entre la vida cósmica y nuestra alma profunda, en constante reconquista del estado primordial del Ser, del encuentro y recuerdo constante de Dios a través de su mejor libro escrito que es el de la Naturaleza con su ciclo anual y su latir, de la existencia primaveral y paradisíaca de la Edad de Oro, del Satya-Yuga o edad de la Verdad, del Jardín del Edén, de la mítica y primordial tierra de los ancestros, Hiperbórea.


Federico Traspedra
(Publicado en el nº 16 de la revista Tierra y Pueblo)


NOTAS:

1. A Tradiçâo Hermêtica, Julius Evola. Ediçôes 70, p. 33

2. Hiperión o el eremita en Grecia, riedrich Hölderlin. Libros Hiperión, 1996. p.25

3. Poesías Completas. Los Discípulos en Sais, Novalis. DVD ediciones, 2004, pp. 131 y 253-254

4. También no olvidamos a los perseguidores de los cultos paganos, como el caso del galaico-bracarense San Martín de Dumio, que escribió De Correctione Rusticorum para atacar las creencias druídicas (panteístas y naturalistas para él) de los antiguos galaicos. Un dato curioso sobre este obispo de Braga, es que por su culpa, en Portugal cuentan los días de la semana como feiras, en vez de las antiguas advocaciones a los dioses que se conservan en el resto de lenguas europeas.

5. Perspectivas espirituales y hechos humanos, Frithjof Schuon. Ed. José J. de Olañeta, 2001, p. 63.

6. Paraísos perdidos, Carlos de Prada. RB editores, 2005, p.31

7. ¿Cómo se puede ser pagano?, Alain de Benoist. Ediciones Nueva República. 2004, p.14

8. La Logia Viva. Simbolismo yMasonería. Siete Maestros Masones. Ediciones Obelisco. 2006, p.255

9. Recordar que también durante la Semana Santa, el Jueves Santo se celebra en plenilunio.

10. Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, René Guénon. Cáp. XXXIII. Ed. Eudeba, 1988, p. 195

11. Druidas, Jean Markale. Ed. Taurus, 1989, p. 182

12. Op. Cit, Jean Markale, p. 184

13. Op. Cit. Jean Markale, p. 185

14. Festas do Ano en Obras Completas Vol. 3, Vicente Risco. Ed. Galaxia 1994, p. 605.

15. Artículo “Prometida de Mayo-Reina de Mayo” de Friedrich Mössinger, perteneciente al libro La Orden de Edwige Thibaut, p. 291

16. La Lucha con el Dragón, Antonio Medrano. Ed. Yatay.1999, p. 430.