lunes, 12 de septiembre de 2011

12 de Septiembre de 1683: La batalla de Viena.



La unión de los príncipes europeos salva la civilización de la invasión turca. También siglo y medio antes la intervención del Rey de España había sido fundamental para salvar Viena, de la misma manera de la posterior batalla de Lepanto.

El escenario político-militar en la segunda mitad del siglo XVII, el siglo terrible que trastornó y cambió para siempre a Europa, se presenta todo menos pacífico. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), iniciada como guerra de religión, prosiguió como conflicto entre la Casa reinante francesa de los Borbones y los Habsburgo para quitar a estos últimos la hegemonía sobre Alemania, derivada de la autoridad imperial. Para alcanzar este objetivo el primer ministro francés Armand du Plessis, cardenal duque de Richelieu (1585-1642), inaugurando una política fundamentada en el sólo interés nacional en detrimento de los intereses de la Europa católica, se alía con los príncipes protestantes.
Los Tratados de Westfalia de 1648 sancionan el debilitamiento definitivo del Sacro Imperio Romano en Alemania, asolada y dividida entre católicos y protestantes y fraccionada políticamente, y establece la hegemonía del rey de Francia Luis XIV (1638-1715). El papel predominante alcanzado en Europa empuja al Rey Sol a aspirar a la misma corona imperial y, con esta perspectiva, no duda en buscar la alianza con los otomanos, mostrándose indiferente a todo ideal cristiano y europeo. En las postrimerías del siglo la Europa cristiana está abatida y replegada en sí misma entre divisiones religiosas y luchas dinásticas, mientras la crisis económica y el descenso demográfico, consecuencias de la guerra, completan el cuadro y lo vuelven especialmente vulnerable.
La ofensiva turca
El imperio otomano, que ya había conquistado los países balcánicos hasta la llanura húngara, fue detenido el 1 de agosto de 1664 en su avance por los ejércitos imperiales guiados por Raimundo Montecuccoli (1609-1680) en la batalla de San Gotardo, en Hungría.
Poco tiempo después, empero, bajo la enérgica guía del Gran Visir Kara Mustafá (1634-1683), la ofensiva turca se reanuda, alentada inconscientemente por Luis XIV en su desaprensiva política anti-habsburgo, y se aprovecha de la debilidad en que se hallan Europa y el Imperio.
Sólo la República de Venecia entabla combate con los turcos a lo largo de la costa del Egeo y por cada metro de Grecia y Dalmacia, combatiendo orgullosamente en la que fue su última y gloriosa guerra como estado independiente, que culmina en la caída de Candia en 1669, defendida heroicamente por Francisco Morosini el Peloponesiaco (1618-1694).
Tras Creta, en 1672 la Podolia - parte de la actual Ucrania - es sustraída a Polonia y en enero de 1683, en Estambul, los estandartes de guerra son orientados hacia Hungría y un inmenso ejército se pone en marcha hacia el corazón de Europa, bajo la guía de Kara Mustafá y del sultán Mehmet IV (1642-1693), con la intención de crear una gran Turquía europea y musulmana con capital en Viena.
Las pocas fuerzas imperiales - apoyadas por milicias húngaras guiadas por el duque Carlos V de Lorena (1643-1690) - tratan inútilmente de resistir. El gran caudillo al servicio de los Habsburgo toma el mando a pesar de estar todavía convaleciente de una grave enfermedad que lo había llevado al umbral de la muerte.
Las "campanas de los turcos"
El 8 de julio de 1683 el ejército otomano se desplaza de Hungría a Viena, llegando el 13 de julio e iniciando su sitio. Durante el recorrido fueron asoladas las regiones por las que pasó dicho ejército, que saqueó ciudades y aldeas, destruyendo iglesias y conventos, masacrando y esclavizando a las poblaciones cristianas.
El emperador Leopoldo I (1640-1705), tras haber confiado el mando militar al conde Ernst Rüdiger von Starhemberg (1638-1701), decide abandonar la ciudad y alcanzar Linz para organizar desde allí la resistencia de los pueblos germánicos contra el tremendo peligro que se cernía sobre ella.
En el imperio tocan a rebato las "campanas de los turcos", como ya había ocurrido en 1664 y en la centuria anterior, y comienza la movilización de los recursos imperiales, mientras el emperador teje febrilmente negociaciones para convocar a todos los príncipes, católicos y protestantes, iniciativa que fue torpedeada por Luis XIV y por Federico Guillermo de Brandenburgo (1620-1688), y solicita la inmediata intervención del ejército polaco, invocando el supremo interés de la salvación de la Cristiandad.
El cerco
Mientras tanto, en Viena, invadida por los exiliados, se consuma el vía crucis del cerco, que la ciudad soporta heroicamente. 6.000 soldados y 5.000 hombres de la defensa cívica se oponen, aislados del resto del mundo, al inmenso ejército otomano, armado con 300 cañones. Todas las campanas de la ciudad son reducidas al silencio excepto la de San Esteban, llamada Angstern, "angustia", que con sus incesantes tañidos convoca a los defensores. Los asaltos contra los baluartes y los enfrentamientos cuerpo a cuerpo son diarios y cada día puede ser el último, mientras los socorros están todavía lejos. Inducido por el Papa y por el emperador, a la cabeza de un ejército, se desplaza a marchas forzadas hacia la ciudad sitiada el rey de Polonia Juan III Sobieski (1624-1696), que ya por dos veces había salvado Polonia de los turcos. Finalmente, el 31 de agosto se une con el duque Carlos de Lorena, que le otorga el mando supremo y, cuando se le reúnen todos los contingentes del imperio, el ejército cristiano se pone en marcha hacia Viena, donde la situación es extremadamente dramática. Los turcos han abierto brechas en las murallas y los defensores supervivientes, tras haber rechazado dieciocho ataques y realizado veinticuatro salidas, están exhaustos, mientras los jenízaros atacan, encendidos por sus predicadores y los jinetes tártaros recorren Austria y Moravia. El 11 de septiembre Viena vive con angustia la que parece su última noche y von Starhemberg envía a Carlos de Lorena su último mensaje desesperado: "No perdáis más tiempo, clementísimo Señor, no perdáis más tiempo".
La batalla
Al amanecer del 12 de septiembre de 1683 el venerable Marcos de Aviano, tras haber celebrado Misa ayudado por el rey de Polonia, bendice al ejército en Kalhenberg, cerca de Viena: 65.000 cristianos se enfrentan en una batalla campal contra 200.000 otomanos.
Están presentes con sus tropas los príncipes del Baden y de Sajonia, los Wittelsbach de Baviera, los señores de Turingia y de Holstein, los polacos y los húngaros, el general italiano conde Enea Silvio Caprara (1631-1701), además del joven príncipe Eugenio de Saboya (1663-1736), que recibe su bautismo de fuego.
La batalla dura todo el día y termina con una terrible carga al arma blanca, guiada por Sobieski en persona, que pone en fuga a los otomanos y concede la victoria al ejército cristiano: éste sufre solamente 2.000 pérdidas contra las más de 20.000 del adversario. El ejército otomano se da a la fuga en desorden, abandonando todo el botín y la artillería y tras haber masacrado a centenares de prisioneros y esclavos cristianos. El rey de Polonia envía al Papa las banderas capturadas acompañándolas con estas palabras: "Veni, vidi, Deus vincit".
Al día siguiente el emperador entra en Viena, alegre y liberada, a la cabeza de los príncipes del Imperio y de las tropas confederadas y asiste al Te Deum en acción de gracias, oficiado en la catedral de San Esteban por el obispo de Viena-Neustadt, luego cardenal, el conde Leopoldo Carlos Kollonic (1631-1707), alma espiritual de la resistencia.
El retroceso del Islam
La victoria de Kalhenberg y la liberación de Viena son el punto de partida para la contraofensiva dirigida por los Habsburgo contra el imperio otomano en la Europa danubiana, que conduce, en los años siguientes, a la liberación de Hungría, de Transilvania y de Croacia, dando además la posibilidad a Dalmacia de seguir siendo veneciana. Es el momento en el que se manifiesta con mayor fuerza la grandeza de la vocación y de la misión de la Casa de Austria en la redención y la defensa de la Europa sur-oriental. Para realizarla moviliza bajo las insignias imperiales los recursos de alemanes, húngaros, checos, croatas, eslovacos e italianos, asociando venecianos y polacos, construyendo aquel imperio multiétnico y multirreligioso que dará a la Europa Oriental estabilidad y seguridad hasta 1918.
Por el giro impreso a la historia de Europa Oriental, la batalla de Viena puede ser comparada a la victoria de Poitiers en 732, cuando Carlos Martel (688-741) detiene el avance de los árabes. Y la alianza que en 1684 es ratificada con el nombre de Liga Santa registra un acuerdo único entre alemanes y polacos, entre imperio y emperador, entre católicos y protestantes, alentada e impulsada por la diplomacia y por el espíritu de sacrificio de un gran Papa, encaminado a la consecución del objetivo de la liberación de Europa de los turcos.

Renato Cirelli.

domingo, 11 de septiembre de 2011

LA EVIDENCIA DEL 11-S

Toda verdad pasa por tres etapas: Primero es ridiculizada, luego, violentamente rechazada, y finalmente, aceptada como obvia".
Arthur Shopenhauer




Presentamos este videoclip para remover un poco mas las dudas de todos aquellos que no se creyeron la versión oficial del 11-S. Y también para sembrar la duda entre aquellos bien pensantes que se creen a pies juntillas todas las mentiras del sistema.

Desde aquí recordar una vez mas a todas las victimas inocentes de aquel auto-atentado, en el que una vez mas se demuestra la poca estima que tienen los gobernantes de los Estados Unidos de América a la vida de las personas, incluidas las de sus propios compatriotas. 

Cuando pasen varias décadas saldra a la luz la verdad, como ha ocurrido con otros episodios de la historia, pero para entonces ya no importaran las miles de victimas de los daños colaterales de estos hechos. Solo se acordaran de ellos sus familiares y amigos. Igual que nosotros nos acordamos de camaradas y héroes de épocas pasadas, siempre presentes en nuestra memoria.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LOS CIEGOS DE ESPAÑA.


Paseando sus tristezas bajo los cielos límpidos y ardientes de Castilla, estos hombres sucios y picarescos, alegres en su miseria, con esa grave alegría de los campesinos de las mesetas centrales, arrastran consigo no sé qué vago espíritu de raza. Yo veo en ella toda la grandeza y toda la pequeñez de esta nuestra España, altiva y rastrera, idealista y sórdida, que engendró un pueblo de mendigos con traza de hidalgos, y un pueblo de hidalgos con alma de mendigos. Ellos son los continuadores de aquel de quien don Diego Hurtado de Mendoza, dijo: «Desde que Dios crió al mundo, ninguno formó más astuto ni sagaz»; ellos son lo único que nos va quedando de la leyenda española, de esa leyenda magnífica y brutal. ¿No habéis pensado alguna vez que estos inquietantes ciegos llevan en su facha desastrosa, en sus harapos horribles, en su semblante, que el sol de Castilla curtió, toda la melancolía de una tradición desvanecida y toda la suprema nobleza de una raza que muere dignamente? Yo los he visto así, a la luz de esta revelación luminosa, testimoniando toda nuestra historia, toda nuestra historia nacional. Yo los he seguido, por escudriñar con avidez en sus ojos sin luz el espíritu de los siglos muertos. Yo he caminado, acomodándome a su pasico vacilante, y he oído sus charlas truhanescas. Todos son adustos; todos tienen el rostro anguloso, la color cetrina y tostada y el gesto picaresco; todos saben oraciones contra males, y son rezadores, por achaque de su oficio, sin que les importe un comino de Dios. Yo creo que esos ciegos son la repetición de una sola e idéntica personalidad, el ciego castellano de un solo carácter, que perdura a través de muchos individuos. He aquí dos productos genuinamente españoles: el ciego y el pícaro. A veces se diferencian; casi siempre se confunden. Porque el ciego español es el ciego único, que no se parece a ningún mendicante de ningún país. Vosotros habréis visto bajo los árboles de los paseos, y de noche en las esquinas de algunas calles, ciegos mendigando con su filarmónica o con su violín, sublimes también en su miseria y trágicos en su vulgaridad. Ésos tienen su epopeya, más delicada, menos repulsiva, pero no más grandiosa que la de estos ciegos castellanos, manchegos o aragoneses. Para escribir la epopeya de aquellos, basta con ser artista; para hablar de éstos hay que ser español. Aquélla se graba en estrofas de sabor verleniano; ésta en prosa maciza y cervantesca. Olvidad, pues, que aquellos existen; no recordéis sus filarmónicas desafinadas, que arrancan valses de La Gran Duquesa, o sus violines desbarnizados, donde suelen sollozar en las tardes sentimentales del domingo, cuando la gente alegre cruza los paseos, habaneras desvaídas y suaves. Son muy hermosos esos ciegos con alma de niño, que lloran cuando acordan sus melodías destempladas; son muy hermosos sí, pero son afrancesados. El ciego español es otro; es el que todos habéis visto por alguna calle desierta de los barrios remotos, que arrastra junto a sí una mujer vieja, acompañante de su tartajoso canto; o ese que lleva un lazarillo, y que rasguea un guitarrico viejo. Son los que entonan siempre la misma copla, con el mismo tono e idéntica cadencia final.
Los unos invocan su ceguera,
para que las almas buenas,
suelten una perra chica;
Los otros cantan a la Virgen del Pilar,
que no quiere ser francesa...

Y todos repiten la misma copla rancia y monótona, pero bella, que si dice nostalgias de amor, lo hace con todo el galante petrarquismo de las endechas árabes y toda la seca ferocidad de las tristes tonadas castellanas. Sí, son inconfundibles esos ciegos, con sus sombreros de fieltro lanoso o sus boinas azules, que caminan por las carreteras con la guitarra remendada a la espalda y la calabaza de vino colgada de la cintura. En su ambular sin rumbo, limosneando por los lugares pobres, contemplo yo la historia de nuestro pueblo salvaje y heroico, misérrimo y generoso.

Así, pues, cuando en la calle de Puñonrostro, o en la calle del Almendro, o en cualquiera de esas calles solitarias que hay en Madrid, y que guardan todavía el perfume de los tiempos viejos; cuando en una de esas calles sombrías donde todavía hay casas con rejas moriscas en que se columpian los jazmines, o con balcones tenebrosos, en que se proyectan las sombras alargadas de los pasillos y de las salas medrosas; cuando en una de esas calles, tropecéis con un ciego castellano, pensad que ese hombre lleva en su semblante, en su porte, en su guitarra, el alma de vuestro pueblo, que es sucio, mezquino y arrogante como aquel hidalgo vallisoletano que comía con singular deleitación los pedacicos de pan que Lázaro de Tormes, su criado, alcanzaba pordioseando.

Pedro González-Blanco

Revista Alma Española
Madrid, 27 de marzo de 1904

lunes, 5 de septiembre de 2011

TRADICIONES DE NUESTRAS TIERRAS: LA FIESTA DE LOS GANCHEROS



La Fiesta de los Gancheros se celebra desde hace diez años en el Alto Tajo, en la provincia de Guadalajara el primer fin de semana de septiembre. Este año le ha correspondido el turno a la localidad de Zaorejas.

Se trata de un homenaje a los gancheros que realizaron un notable esfuerzo para arrastrar los troncos hacia el río y, una vez allí atarlos y guiarlos, hasta la orilla en un trabajo en el que no siempre acompaña la corriente.

A través de esta fiesta ganchera se trata de mantener el recuerdo, hacer un homenaje permanente a las actividades rurales tradicionales que han forjado la vida y la cultura de la gente de nuestros pueblos, así como fomentar la convivencia entre las comunidades vecinales de los distintos pueblos de la zona del Alto Tajo.

El oficio, tradicional en Castilla-La Mancha, no estaba exento de dureza y los gancheros manchegos debían luchar contra la fuerza de las aguas, con extraordinario equilibrio y arrojo, equipándose con una larga pértiga terminada en gancho y que les servía para ayudarse y conducir los inmensos troncos de árboles.

Ahora sus descendientes rinden homenaje a estos hombres valientes y sacrificados que usaron este sistema de vida, patente en el libro de José Luis San Pedro -luego llevado al cine en 1989- “El río que nos lleva”. La “maderada” fue transportada así desde el siglo XVI y hasta la década de los 50 del siglo pasado, a través de las corrientes del Ebro, el Segura, el Tajo, el Júcar y el Turia.

Durante la celebración de la fiesta ganchera, los vecinos de los pueblos de la comarca, se atavían con la ropa tradicional de los gancheros y realizan exhibiciones de corta de pino con hachas, para después hacer una suelta de troncos. Además, los actos festivos se completan con degustaciones gastronómicas de platos típicos de la zona.




viernes, 2 de septiembre de 2011

EL ALMA VASCA



No se conoce a uno sino por lo que dice y hace, -y el alma de un pueblo sólo en su literatura y su historia cabe conocerla- tal es el común sentir. Es hacedero, sin embargo, conocer a un pueblo por debajo de la historia, en su oscura vida diaria, y por debajo de toda literatura, en sus conversaciones.

«Si los pueblos sin historia son felices, felicísimos han sido los vascos durante siglos y siglos», dijo de nosotros Cánovas del Castillo. De esta felicidad secular arranca nuestra juventud, una juventud amasada durante siglos. Pero ¿es que no hemos tenido historia? ¿Nos han faltado Aquiles u Homeros que los hayan cantado? «El pueblo inglés es un pueblo mudo; pueden cumplir grandes hazañas, pero no describirlas», dijo de su pueblo Carlyle, y con más razón que él del suyo puedo yo decirlo del mío. Y así como Carlyle añadía que su poema épico, el de los ingleses, está escrito en la superficie de la tierra, así añado yo que, más modestamente y más en silencio aún, ha escrito en la superficie de la tierra y en los caminos del mar su poema, mi raza, un poema de trabajo paciente, en la América latina más que en otra parte alguna.

Durante siglos vivió mi raza en silencio histórico, en las profundidades de la vida, hablando su lengua milenaria, su eusquera; vivió en sus montañas de robles, hayas, olmos, fresnos y nogales, tapizadas de helecho, argoma y brezo, oyendo bramar al océano que contra ellas rompe, y viendo sonreír al sol tras de la lluvia terca y lenta, entre jirones de nubes. Las montañas verdes y el encrespado Cantábrico son los que nos han hecho.

Entramos tarde en la cultura, y entramos en ella con todo el vigor de la juventud y toda la cautela de una juventud elaborada tan lentamente, con timidez bajo la audacia misma. Porque el vasco, por arriesgado que sea ante la naturaleza, suele ser tímido ante los hombres, vergonzoso. El más valeroso marino vasco que haya afrontado el peligro supremo con serena calma, el más fuerte luchador contra los elementos que salga de mi raza, la de Elcano, el primero que dió vuelta al mundo, encuéntrase en sociedad cohibido. Mi paisano y entrañable amigo Juan Arzadun, en el hermosísimo relato la Nochebuena del expósito, que figura en su precioso libro Poesía (tomo II de la Biblioteca bascongada de Fermín Herrán, Bilbao 1897), habla del «tipo hermoso y tranquilizador del aldeano vasco» que «daba vueltas entre sus manos de gigante a la boina, lleno de insuperable timidez, y sonreía con vaguedad, fuerte y bonachón como un Hércules adolescente». La pintura es admirable; sobre todo lo de la timidez. Quien haya conocido en Universidades grupos de estudiantes vascongados, recordará dónde y cómo suelen reunirse, y cómo huyen de cierta sociedad. A ello ha contribuido no poco la natural torpeza para expresarse en lengua castellana, porque donde ha llegado a ser ésta, como en Bilbao, la nativa, las cosas varían.

Vizcaino es el hierro que os encargo; corto en palabras, pero en obras largo.

Concluye diciendo Don Diego de Haro en aquel magnífico final de la escena primera del primer acto de La prudencia en la mujer, en que Tirso de Molina dijo de nosotros en cuarenta versos lo que en cuarenta volúmenes no se ha dicho después. «Cortos en palabras, pero en obras largos.» Hasta nuestras palabras suelen ser acción —que lo diga, recientemente, el vasco Grandmontagne— y confío en Dios en que cuando se nos rompan por completo los labios y hagamos oír nuestra voz en la literatura española, será nuestro pensamiento corto en palabras y en obras largo.

Es, ante todo, un pueblo ágil y ágil más que maciza su activa y silenciosa inteligencia. Il saute comme un basque, se dice proverbialmente en Francia, y cuando nos metemos a escribir damos también saltos y cabriolas. Y la agilidad es la expansión más pura de la fuerza espontánea. Ved que nuestro juego típico es el de la pelota. De las ideas mismas hacemos pelotas en que adiestrar y robustecer nuestro espíritu. En los últimos disturbios de Bilbao, las ideas que unos y otros empendonaron eran, créanlo o no ellos, un pretexto para luchar.

La inteligencia de mi raza es activa, práctica y enérgica, con la energía de la taciturnidad. No ha dado hasta hoy grandes pensadores, que yo sepa, pero si grandes obradores, y obrar es un modo, el más completo, acaso, de pensar. El sentimiento del vasco es un sentimiento difuso que no se deja encerrar en imágenes definidas, savia que resiste la prisión de la célula, sentimiento, por decirlo así, protoplasmático. Estalla en la música, que es lo menos ligado a empobrecedoras concreciones. Coged las letras de Iparraguirre sin música, hacedlas traducir, y os resultará lo más vulgar y pedestre. Y, sin embargo, oíd cantar aquel «extiende y propaga tu fruto por el mundo mientras te adoramos, árbol santo», y como en un mar se brizará en sus notas robustas vuestro corazón, acordando a ellas sus latidos. Y es que letra y música se concibieron juntas, como formas de una misma sustancia.

Un carácter rudo y pacientemente impetuoso, por lo común autoritario. De la rudeza dan buena muestra las atrocidades que de los turbulentos banderizos de fines de nuestra Edad Media nos cuenta Lope García de Salazar en su Libro de las buenas andanzas e fortunas, aquellas sombrías luchas entre los de Butrón y Tamudio, los de Tamudio y los Leguizamón, los Leguizamón y los Tariaga y Maztiartu, narradas con fúnebre monotonía por el viejo cronista mientras estaba preso por sus hijos en la torre de Sant Martín de Mesñatones.

Y autoritarios, sí, autoritarios, a la vez que de espíritu independiente. Para mandar salvajes o para regir frailes, para colonizadores o para priores que ni hechos de encargo, pintiparados allí donde haga falta una energía un poco ruda y procedimientos rectilíneos, pero torpes para gobernar pueblos ya hechos, donde haya que concertar voluntades y templar gaitas, donde se requiera flexibilidad ante todo. Y cuando le toca ser subordinado el vasco, según la frase consagrada, obedece, pero no cumple; no dice que no, pero hace la suya.

Porque a tercos sí que no nos gana nadie. «Vizcaíno, burro», suele decirse aludiendo a nuestra testarudez, que acaso llegue a ser muchas veces en nosotros un vicio, pero que es, sin duda, de ordinario nuestra virtud capital. Si no entra de otro modo el clavo, lo meteremos a cabezadas. Pero nuestra terquedad es menos violenta que la del aragonés. Toda la afabilidad que se quiera, pero a hacer la suya el vasco. «Los vascongados —suele decirme un amigo— no atienden ustedes a más razones que a las suyas propias; si se arruinan, será solos, sin empacharse de consejos ajenos, pero sin culpar tampoco al prójimo por ello.» Por tercos, más que por otra cosa, hemos sostenido dos guerras civiles en el siglo pasado, porque nos parecía que marcha demasiado de prisa el progreso político, sin acomodarse al social; para ponerle a paso de buey, lento, sí, pero seguro.

Si hay algún hombre representativo de mi raza, es Iñigo de Loyola, el hidalgo guipuzcoano que fundó la Compañía de Jesús, el caballero andante de la Iglesia: el hijo de la tenacidad paciente. La Compañía, me decía una vez un famoso exjesuíta, no es castellana, como se ha dicho, ni española; es vascongada. Y vascongada hasta en sus defectos. Es vascongada en su terquedad pacienzuda, en su espíritu a la vez autoritario e independiente, en su horror a la ociosidad, en su pobreza de imaginación artística, en la fuerza para acomodarse a los más distintos ambientes, sin perder su individualidad propia. Y esto me lleva como de la mano a decir algo de lo que se ha llamado nuestro fanatismo.

Fue el pueblo vasco de los últimos en abrazar el cristianismo, pero lo abrazó con tanto ahínco como retardo. No es para nosotros la religión una especie de arte supremo en que busquemos tan sólo satisfacción a anhelos estéticos, sino que es algo muy hondo y muy serio. No es extraño encontrar en nuestras montañas quienes vivan hondamente preocupados del gran negocio de su salvación, en un estado de espíritu genuinamente puritánico. Nuestro sentimiento religioso, hondamente individualista, no se satisface con pompas litúrgicas en que resuenan ecos paganos. Es por dentro un espíritu nada romano; la de un alma que quiere relacionarse a solas y virilmente con su Dios, un Dios viril y austero. El calvinismo hugonote empezó a arraigar en el país vasco-francés; uno de los primeros libros impresos en vascuence —si no el primero, el segundo—, fue la traducción del Nuevo Testamento hecha en 1571 por Juan de Lizarraga, un hugonote vasco-francés, bajo los auspicios de Juana de Albret. En el fondo de la más rígida e incuestionable ortodoxia, se descubre pronto en la religiosidad de mi raza un germen antilatino, germen que espero dará frutos. La misma Compañía de Jesús que fundó mi paisano Loyola para atajar la marcha del protestantismo, ¿no nació, acaso, como todo movimiento que pretende oponerse a otro, en el seno mismo en que éste se agita, en relación de unidad profunda bajo su oposición superficial? Los Ejercicios espirituales, de Loyola, ¿no son acaso uno de los libros más gustados entre protestantes? Si persiste o no hoy el primitivo espíritu ignaciano en la Compañía, es ya otra cosa.

Se habla de nuestro espíritu reaccionario, cuando debía llamársele más bien conservador, en el mejor sentido. Queremos progresar al paso de la naturaleza, con calma, acomodando lo político a lo social. En el fondo del carlismo vascongado hubo siempre un soplo socialista; vislumbraba que se ha ahogado la libertad social bajo la política. Me decía una vez Pablo Iglesias que a nadie era más difícil de ganar al socialismo que al vascongado, pero que una vez dentro de él, era de los convencidos y de los sólidos, sin impaciencia ni desmayos.

Sobre esa base de austera y seria religiosidad, de activo recogimiento, se levanta la familia vasca, bajo la autoridad del eche co jauna, del amo de la casa. Y junto a él su mujer, que con él laya en la heredad, una mujer robusta. De soltera, con las trenzas tendidas sobre la espalda, lleva a la cabeza la herrada, suelta, ágil y fuerte, con la gracia reposada del vigor, «asentándose en el suelo como un roble, aunque ágil además como una cabra; con la elegancia del fresno, la solidez de la encina y la plenitud del castaño..., amasada con leche de robusta vaca y jugo de maíz soleado»..., permitidme que reproduzca estas palabras de mi Paz en la guerra. Y es ésta luego una mujer que la maternidad priva sobre la sexualidad. Me han confirmado sacerdotes de mi país, que por el confesionario lo saben, que los rarísimos casos de adulterio que en nuestras montañas ocurren, se deben en gran parte al ansia de las mujeres por tener hijos, cuando el marido no se los da. Los desea y los necesita. Si su aspereza tosca no cultiva

aranzadas a Baco, hazas a Céres, es porque Venus huya, que, lasciva, hipoteca en sus frutos sus placeres.

Aquí observo bien dos hechos el travieso mercenario, aunque no acertó a relacionarlos. En el país vasco ni la extrema pobreza y desolada aridez que sume a los pueblos en incurable tristeza, ni la exuberancia y facilidad que los hunde en modorra e indolencia. Ahora que con las minas y las industrias ha empezado a acumularse una gran riqueza, ahora es cuando empieza a notarse algún cambio en el espíritu. Emprendedor y activo, sí, pero se ha hecho insoportable el bilbaíno por lo pagado de sí mismo y de su riqueza y su convencimiento de pertenecer a cierta raza superior. Mira con cierta petulancia al resto de los españoles, a los no vascongados, si son pobres, llamándolos despreciativamente maquetos.

Es antigua en el pueblo vasco la pretensión de nobleza, originada del aislamiento en que vivió. Para el aldeano vasco no hay más que una distinción entre las gentes; euscaldunac los que hablan euscara o eusquera como él, y erdaldunac los demás, los bárbaros, los que hablan cualquier erdara o erdera, nombre en que se incluyen todas las hablas que no sean vascuences. Y respecto a pretensiones de hidalguía, basta leer lo que a Don Quijote dijo Sancho de Aspeitia. Cuéntase también que diciendo un Montmorency, creo, delante de un vasco, que ellos, los Montmorency databan no sé si del siglo VIII o IX, contestó el otro: pues nosotros, los vascos, no datamos. Y Tirso de Molina hizo decir a don Diego de Haro que Un nieto de Noé les dio nobleza que su hidalguía no es de ejecutoria.

Estos humos han producido ahora, a favor de la riqueza, una atmósfera irrespirable, pero es de esperar que digieran mis paisanos su riqueza y surja allí la cultura que canta sobre las chimeneas de las fábricas, como diría otro vasco, Maeztu, la que brota de expansión de vida.

Se ha dicho alguna vez que el vasco es triste, y triste habría que creerle, a juzgar por los relatos de Baroja. Yo no lo siento así, sino que aspiro en mi país, y entre los míos, una alegría casera y recogida, y no pocas veces el estallido de gozo de la vida que desborda.

Para alegría, la de mi país; una alegría como la del sol que sonríe entre jirones de nubes, sobre las montañas verdes, al través de la lluvia no pocas veces; una alegría agridulce, como la del chacolí o la sidra. Suele ser la alegría de dentro, no la que el sol os impone, sino la que brota del estómago saciado; no del cielo, sino del suelo. Suele ser la alegría a la holandesa que irradia de los cuadros de Teniers, la de sobremesa, tras pantagruélicas comilonas, no la que se nutre de manzanilla, aceitunas y cantos morunos. Hay que ver en la romería de la Albóniga, sobre Bermeo, cómo los intrépidos pescadores se desentumecen los miembros dando saltos y cabriolas, con una encantadora tosquedad, con la torpeza de gaviotas o alabancos que se pusieran a bailar.

¡Y si vierais una vuelta de romería, allá, al derretirse de la tarde, en los repliegues del sendero, entre las fuertes hayas cuyo follaje susurra extraños rezos! Vuelven cantando y saltando, cogida la moza no pocas veces por el robusto brazo de layador del mozo, riendo cualquier bobada, porque es la risa la que busca el chiste y no éste el que la provoca, abriendo la espita al chorro de vitalidad que desborda como de henchida cuba. De cuando en cuando arranca de un gaznate fresco un sanso o irrintzi, un relinchido, y sube como alondra, esparciéndose por el valle mezclado al rumor del follaje de los robles, y callan los pájaros, y vibra el cielo y se derriba al fin en el ámbito saturado de la santa alegría que del descanso del trabajo brota, aquel latido de un alma sencilla, que vive sin segunda intención y que sólo sabe expresarse así, inarticuladamente, en robusta oración al dios de la alegría y del trabajo, de la alegría seria y del trabajo serio.

No; mi pueblo no es triste; y no lo es, porque no toma el mundo no más que en espectáculo, sino que lo toma en serio; no lo es, porque estará a punto de caer en cualquier dolencia colectiva, menos en esteticismo. El día en que pierda la timidez, cobre entera conciencia de sí y aprenda a hablar en un idioma de cultura, os aseguro que tendréis que oírle, sobre todo si descubre su hondo sentimiento de la vida: su religión propia.

Miguel de Unamuno

Articulo aparecido en el numero 4 de la revista Tierra y Pueblo.

miércoles, 31 de agosto de 2011

YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS: JOSÉ ORTEGA Y GASSET


Nació José Ortega y Gasset en Madrid, el 9 de mayo de 1883. El ha dicho que nació sobre la rotativa de un periódico. Es textualmente exacto; nació en un piso sobre la imprenta de un periódico -El Imparcial- que dirigía su padre, don José Ortega Munilla, y sus libros dejan oír un rumor nativo a rotativa, porque muchos de sus capítulos han sido antes artículos de periódicos. "El articulo de periódico —ha escrito— es hoy una forma imprescindible del espíritu", y los libros futuros han de recoger en su forma y estilo la experiencia ganada en el periódico. Mas al mismo tiempo siguió, en lugar más recóndito —la Cátedra de Metafísica de la Universidad Central, en la que muy joven, en 1910, sucedió a don Nicolás Salmerón—, una áspera labor de rigurosa filosofía que se descubre como inspiración, músculo y armazón hasta en sus pasajes más literarios. Sus pensamientos no han sido ocurrencias inconexas y casuales, sino "meditaciones" a las que el análisis no ha helado con su frío ni ha quitado la apariencia encantadora de "visiones"; éste ha sido el milagro de este autor; que sus ideas aun analizadas y desarrolladas filosóficamente, guardan todavía su calor de emoción, su palpitación primera, su entereza original. Por razón de esta equilibrada combinación de elementos era, para los que necesitan clasificaciones, ante todo, un gran escritor o principalmente un filósofo, sin ver que su gran realidad humana no se prestaba a estas disecciones porque ambos componentes eran constitutivos, inseparables.

Así como el crítico de pintura Francisco Alcántara decía que la luz de la Castilla central es la quintaesencia de todas las luces provinciales, en la persona de Ortega y Gasset —castellano de nacimiento— se cruzaban sangres oriundas de los cuatro costados de España —de Galicia, de Andalucía, de Extremadura y de la Rioja—; por virtud de esta fusión ha sido Ortega y Gasset el español armonioso. Acaso nadie ha sentido como él, en la propia entraña, la rica variedad española a la par que la esencia única de lo español, el tirón centrífugo de las regiones y la fuerza de la magna Castilla que, con sólo mirarlas quietamente desde su altiplanicie, las retiene y enlaza.

Estudió el Bachillerato en el Colegio de los Padres Jesuitas de Miraflores del Palo (Málaga), donde recibió del Padre Gonzalo Coloma la enseñanza de las lenguas latina y griega, que poseía a la perfección. En 1904 se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Central con una tesis sobre los terrores del Milenio; fue poco después profesor en la Escuela Superior de Magisterio y más tarde —como queda dicho— catedrático de la Central hasta 1936. Dos veces estuvo en Alemania, en las Universidades de Berlín y Leipzig y, finalmente, vuelve a Marburgo en 1911. Era entonces esta pequeña ciudad la Meca de la filosofía kantiana. El futuro "meditador de El Escorial" —pudridero de reyes, silla de piedra granítica al pie de la áspera cordillera carpeto-vetónica— absorbe en aquella pequeña ciudad gótica, junto a un manso río, ceñido de redondas colinas, lo que se ha llamado la corriente central del pensamiento europeo. Diez años vive ortodoxamente dentro de la filosofía kantiana. Yo la he respirado -decía- como una atmósfera y ha sido a la vez mi casa y mi prisión. Pero un día se evade. De la magnífica prisión kantiana sólo es posible evadirse ingiriéndola. Es preciso ser kantiano hasta el fondo de sí mismo y luego, por digestión, renacer a un nuevo espíritu.

Mucho antes, su primer escrito, el artículo "Glosas" —en la revista Vida nueva, de 19 de diciembre de 1902— ya señalaba su descontento hacia la filosofía tradicional por su visión del "hombre en general". En aquel artículo ya están en germen muchas de sus ideas posteriores, que tuvieron un primer desarrollo en artículos publicados en los Lunes de El Imparcial, donde colaboró asiduamente, comentando también -como antes en Faro y otras revistas, como Europa- temas y sucesos de la vida pública en que ejercía "la crítica como patriotismo". En 1914 pronunció en el teatro de la Comedia su famosa conferencia Vieja y nueva política, en que oponía dos Españas: la "España oficial" y la "España vital", expresiones todas que han quedado, porque Ortega siempre tuvo el acierto literario de forjar alguna expresión afortunada que se perpetuaba como moneda de brillo y troquel inalterables. Aquella conferencia era la presentación de la "Liga de Educación Política", que se aproximó al Reformismo para alejarse en cuanto éste hizo ademán de aliarse a los viejos partidos monárquicos. En este aspecto público de su vida ha de recordarse también la fundación —en 1915, con un grupo de escritores, Baroja, Azorín, D'Ors, Pérez de Ayala, Antonio Machado— de la revista España. Semanario de la Vida Nacional que ha dejado honda huella en la juventud española de aquel tiempo, y su articulo "Bajo el arco en ruina", en que anunciaba los separatismos de las regiones y las clases sociales. Consecuencia de aquel articulo fue la fundación, en 1917, de El Sol, donde siguió escribiendo con su firma y sin ella, y reunió en su torno una selección de grandes escritores. Más tarde fundó la "Agrupación al Servicio de la República" y fue elegido diputado por León en las primeras Cortes republicanas. Pero ya a finales de 1931, en artículos publicados en el diario Luz y, sobre todo en la conferencia del "cine" de la Opera, patentizó rotundamente su grave disconformidad con la política de los Gobiernos de la República. Una vez aprobado el Estatuto de Cataluña, su discrepancia le llevó a ausentarse definitivamente del Parlamento y, en general, de la vida política, para consagrarse exclusivamente a la filosofía. La primera enunciación clara de su filosofía aparece en su primer libro Meditaciones del Quijote (1914), donde se encuentran ya casi todos sus conceptos fundamentales, anticipándose en muchos años a las teorías filosóficas que después habían de correr en Europa bajo otros nombres. En 1916 publicó el primer tomo de El Espectador, al que seguirían otros siete, que constituyen una verdadera Enciclopedia artística, literaria y filosófica. Leyéndolos dijo el crítico alemán Ernst Robert Curtius: "Ortega y Gasset es tal vez el único hombre que puede hablar hoy en Europa, con igual seguridad de juicio, con igual brillantez en la expresión, de Kant y de Proust, del arte prehistórico y de la pintura cubista, de Scheler y Debussy." Y agregaríamos, de la teoría de la relatividad y de las evoluciones históricas, de la discontinuidad de la materia y del Estado moderno, de Mallarmé y de la etnografía, etc. Especialmente famoso es su libro La Deshumanización del Arte (1925) que constituye un diagnóstico profundo de las características del arte nuevo. En este sentido ha sido un "europeo". Hay muy pocos europeos que lleven en si la integridad de la cultura europea, sin trozos truncos, sin cegueras parciales, sin cerrazones especialistas. Uno de ellos ha sido Ortega y Gasset. En sus empresas culturales —la Revista de Occidente y sus ediciones, la "Biblioteca de Ideas del siglo XX— derramó por los países de habla española todo el pensamiento europeo. "Cultura —ha dicho— es el sistema vital de las ideas de cada tiempo". Él las ha vivido y han vivido en él, lo que no excluía una crítica aguda de la misma cultura que vivía tan plenamente. La filosofía de Ortega y Gasset combate contra el racionalismo, el idealismo y el utopismo y, si se permite la palabra, contra el infinitismo de la cultura. La cultura europea -decía- se ha apartado de la vida en la nave del racionalismo. Pero como las tripulaciones de los veleros antiguos en largas travesías, ha enfermado por falta de vitaminas. "Cultura anémica" la ha llamado Ortega en el primer tomo de El Espectador, añadiendo: "La vida tiene que ser culta, pero la cultura ha de ser vital." El tema de nuestro tiempo (1923) -así se llama otro de sus libros fundamentales- consiste en vitalizar nuevamente a la cultura, colocar otra vez la razón en su sitio; es decir, dentro de la vida. Este principio va a la vez contra el racionalismo. La "razón vital" de Ortega -desarrollada en libros posteriores: En torno a Galileo, Historia como sistema, Ideas y creencias, Ensimismamiento y alteración, Prólogo a un tratado de montería-, núcleo de su filosofía, es la superación de la antítesis de razón y vida. Este principio es el que ha salvado a la filosofía española de caer en los errores del existencialismo.

Pero siendo un "europeo" era un "español". En su primer libro decía -y podría repetirlo hasta el final de su vida- que siempre había estado "haciendo con los más humildes rayicos del alma experimentados de nueva España". Por toda su obra corre esta preocupación: ¿qué es España?, ¿qué puede ser todavía?, ¿cuál es su forma suprema de coexistencia con los demás pueblos, con esta época? Con esta amorosa preocupación ha recorrido los viejos caminos de España, por las tierras que el Cid cabalgó, por la ruta manchega de Don Quijote, primero a lomo de mulo, después en automóvil. Su última enfermedad le sobrevino tras una de estas excursiones por los pueblos españoles.

Fruto de esta preocupación fue su España invertebrada (1920), donde al análisis de la situación española, al que siguió el de la situación europea en su famoso libro La rebelión de las masas (1930) -traducido a casi todas las lenguas del mundo- se unen los primeros esbozos de una sociología que había de desarrollar después de exponerla en Argentina, Holanda, Alemania, en sus conferencias del "Instituto de Humanidades" -fundado en 1948 por él mismo- sobre El Hombre y la Gente, en el año 1949, precedidas un año antes por las del Círculo de la Unión Mercantil sobre Un ensayo de historia de Toynbee. Esta actividad de conferenciante es otro de los capítulos importantes de la obra de Ortega. Ya en 1916 y 1928 sus conferencias en Buenos Aires atrajeron tal afluencia de público que fue menester una intervención de la policía. En 1929 su curso con el tema ¿Qué es la filosofía?, comenzado en el salón "Rex" de Madrid, tuvo que ser trasladado, por insuficiencia de local, a un teatro.

En 1936, al estallar la Guerra Civil española, se traslada a Francia, Holanda, luego Argentina, Portugal, etc., y hasta 1945 no vuelve a España, donde permanece sólo sucesivas temporadas, pero sin reanudar el ejercicio de su cátedra ni participar en modo alguno en la vida pública y conservando, hasta su muerte, su domicilio de Lisboa.

En 1949 fue llamado a pronunciar el discurso inaugural del centenario de Goethe en Hamburgo; después sobre el mismo tema pronunció varias lecciones en Aspen (Estados Unidos). Aún, más recientemente, en Alemania, Suiza, Inglaterra e Italia. Era el filósofo más leído y escuchado por un público internacional y, desde luego, el de mayor influjo sobre los españoles contemporáneos, hasta tal punto que puede decirse que ha sido en España más que un hombre, un "acontecimiento". Sólo un "acontecimiento" puede influir de tal forma sobre los aspectos más heterogéneos de un país, sobre la literatura, la política, la filosofía, las artes, la enseñanza, las maneras y los estilos, sobre las capas sociales más distanciadas. A un hombre solo no se le puede reconocer este fortísimo poder de trastocación y reforma.

Muere en Madrid el 18 de octubre de 1955.

DATOS BIOGRÁFICOS DE DON JOSÉ ORTEGA Y GASSET

Fernando Vela.



lunes, 29 de agosto de 2011

MISAEL BAÑUELOS. MEDICO Y PENSADOR PARA SU PUEBLO.


En el Dr. Bañuelos se concentra y converge la personalidad de un gran erudito español, con la inteligencia profunda y penetrante de un escudriñador de su tiempo y de su Patria, de un sintetizador minucioso y analítico de causas y efectos, de un investigador de fuentes y orígenes y de un gran soñador de esperanzas.

Suele suceder que los hombres que destacan por sus brillantes exposiciones y elocuentes ensayos científicos y doctrinales, pasen desapercibidos y duerman sus obras adosadas en las estanterías compactas de bibliotecas especializadas. Preguntar a nuestros contemporáneos por un contemporáneo reciente y compañero de siglo como el Dr. Bañuelos García es encontrar, casi con toda seguridad, una respuesta negativa por la ignorancia del autor y de la obra. Y sin embargo como catedrático, como hombre de ciencias, como paciente y riguroso constatador de los fenómenos humanos, como escritor e incluso como buen conversador en las tertulias de los humeantes y concurridos cafés de Castilla, como conferenciante sobresalió y destacó uniendo a su docencia magistral, el empirismo y la praxis, la teoría y la acción, el ayer y el mañana.

Nos centraremos en sus obras literarias y de sociología biológica, no sin dejar de mencionar, aunque sólo sea como bibliografía, la vertebración de sus ampliaciones de medicina y biología general, como su Psicofisiología del dolor, obra premiada por la Real Academia de Medicina en 1915; las dos obras aparecidas en 1928 sobre Principios fundamentales del arte clínico y Patología y Clínica del sistema neurovegetativo; La cura de reposo en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar de 1931, que por su interés sería traducida al francés y al italiano; en 1933 aparecía El ritmo como función del sistema neurovegetativo y dos años más tarde los tres grandes volúmenes con un total de 2.900 páginas, su Manual de Patología Médica, viendo la luz al año siguiente, en 1936, sus Fundamentos aparentes del mundo de lo organizado. Abre durante la guerra de liberación española un paréntesis y escribe incesantemente publicando durante los mil días de la contienda seis volúmenes de una colección que epigraía como Problemas de mi tiempo y de mi patria y en la que desarrolla una visión de la sociología desde una óptica biológica. Son de estas obras las que nos ocuparemos con mayor detenimiento en los límites de espacio de una publicación periódica. En 1940 publica dos obras: Patología y clínica del sueño y estados afines y una obra curiosa y rara por la temática y por las conclusiones a las que llega, y que incluiremos en nuestro escrito de forma más pormenorizada: Antropología actual de los españoles. En 1941 constatamos tres obras: su Pulmonías y bronconeumonías, el Manual de Terapéutica Clínica en lo que respecta a temas profesionales de su especialidad, y Temas y meditaciones breves con una complicación de escritos y artículos de gran interés y, finalmente, en 1942 se editan Personalidad Carácter y Psicología de la masculinidad, última de sus obras que tenemos catalogadas y que dedica a “sus enemigos activos, agresores y calumniadores".

Bastaría la enumeración de su obra escrita que llena decenas de millares de páginas para confirmar que estamos ante la presencia de un genio, de una capacidad cerebral, de un metódico y estudioso profesor universitario cuyo legado es ingente y de un valor inestimable.

El primero de sus libros sobre temas sociológicos lo dedica a su madre, doña Isabel García del Campillo y a don Severo Bañuelos Diez, padre del autor cuyo recuerdo y enseñanzas animaron la redacción de este libro, y que fue redactado, según las primeras líneas del libro bajo la inquietud que, en numerosos españoles que sienten muy vivamente el amor a la Patria, han producido los acontecimientos desarrollados en los últimos años en España, y lo escribe porque cree firmemente que la dirección actual y la trayectoria que la humanidad sigue desde hace más de un siglo, tiene que ser rectificada prontamente si se quiere evitar la ruina de la civilización de los días que vivimos, y hacer posible, a la vez, el surgimiento de una nueva cultura y otra civilización más perfecta que la de hoy. Como biólogo considera que el examen desde su prisma de los problemas de la vida humana en sociedad, es indispensable para juzgar acertadamente el camino más conveniente de la humanidad actual y futura.

Y es curioso y sintomático que lo primero que le preocupa son las ventajas e inconvenientes, desde el punto de vista biológico, que presentan los sistemas parlamentarios, haciendo entre otras las siguientes observaciones: la democracia tiene terribles inconvenientes. Las ideas democráticas declaran al hombre igual en derechos, en posibilidades, en deberes, pero no se cumple igualmente, ni se respeta lo que se refiere a los deberes. Y con ello surgen a la larga los grandes inconvenientes que la democracia encierra en su seno. Inconvenientes tremendos que pueden dar al traste con una civilización y una cultura, y que pueden provocar la regresión hacia etapas ya recorridas por la Humanidad con triste experiencia...

Subraya que las leyes biológicas son inflexibles, y que el hombre hecho de materia viva y la humanidad hecha de hombres, está sometida a las mismas leyes que rigen la existencia de los seres vivos. Y añade: hay una gran realidad biológica, y es que los hombres no son iguales, los hombres son diferentes. Las religiones, la filosofía y la moral proclamarán la igualdad; pero la Biología, que se basa en la realidad, afirma que son diferentes, y por ello son diferentes las culturas de Oriente y Occidente, las antiguas y las actuales, y lo serán las venideras.

Enjuicia los partidos políticos anotando que defienden única y exclusivamente, y luchan principalmente, por los intereses económicos de sus adheridos.

Hace una observación constatable al afirmar que el afán de riqueza conduce a limitar los nacimientos y a la larga a la desaparición de las familias que han alcanzado la riqueza por no haber tenido descendencia. Por ello se ha dicho que el capitalismo devora a sus propios hijos. Sigue los dictados de Goethe proclamando que más útil que saber es pensar, y más importante que pensar, observar, y así llega a la conclusión de que pensar vale como pensar por cuenta propia, y saber equivale a creer que se piensa, cuando en realidad sólo se hace pensar por cuenta ajena. El pensamiento original propio es la expresión elevada de la actividad contemplativa espiritual del hombre ante el mundo. Comparte con Penzoldt que “el arte es la expresión del poder” y saber observar, meditar y pensar es solamente una preparación para poder hacer, y la exteriorización del poder en la creación de obras constituye el arte.

Por eso la cultura la hacen los hombres. Es una creación del espíritu humano y, por lo tanto solamente pueden crear cultura aquellos hombres educados formativamente, que hayan llegado a adquirir la cantidad suficiente para poder crear algo que signifique perfeccionamiento progreso en el camino ascendente de la humanidad, desmenuzando los grados de la cultura en grado progresivo en saber por haber leído, meditar y pensar sobre lo leído u oído, observar que no es igual que ver sino ver con atención y estudiando y, finalmente, adiestrarse en la capacidad para poder hacer: y aquí poder hacer y poder crear aparecen como cumbre de toda cultura y como grado supremo del cultivo del espíritu humano. Al hombre de hoy no le basta saber, no le basta pensar ni meditar, necesita crear y ¡Ay del pueblo que no sea capaz de crear! Los otros, los que tengan esa capacidad, le absorberán y le barrerán de la superficie de la tierra: porque la Naturaleza no permite la existencia de los incapaces y tarde o temprano, el espíritu del poder, el espíritu de los pueblos más cultos se exteriorizará en la conquista del que haya renunciado a la capacidad del poder, al grado supremo de la cultura. Bien entendido que el poder de los pueblos no se mide ahora ni se midió en los siglos pasados por su cifra de analfabetos, sino por el número de sus investigadores.

En la misma línea que Spengler se detiene a meditar sobre cómo nacen, crecen, decaen y mueren los pueblos y las nacionalidades, apreciando que bajo la apariencia de móviles políticos los pueblos obedecen en realidad a su evolución, a leyes biológicas y económicas, siendo la necesidad de subsistir y el impulso de dominio, lo que obliga a los pueblos y a los hombres a actuar en la vida como lo hacen.

Escribe que un pueblo, una nación, un imperio y una cultura o una civilización no son productos nunca de un acuerdo entre todos los habitantes que viven en un país, sino que es un número de individuos, que puestos de acuerdo sobre ciertos puntos se dan una organización y nombran un caudillo que acomete la empresa de dar mayor extensión al pueblo, de realizar conquistas, de ensanchar las fronteras y de aumentar la riqueza y el poderío material de sus habitantes. Para ello captará la voluntad de otros grupos con el propósito de lograr su colaboración, los subyugará si preciso fuera, y aún los exterminará si opusieran resistencia. La ley del crecer y medrar está impuesta por la naturaleza de tal modo, que se tiene o no se tiene la voluntad de ser. Y si se tiene, no hay otro remedio que vencer cuantos obstáculos se opongan al desenvolvimiento y poderío del nuevo pueblo y de la nacionalidad que nace.

La historia sólo es explicable por la necesidad de subsistir, como idea directora de la actividad de los pueblos. Pero el grupo dominante en su fuerza expansiva se disemina y pierde en densidad. Necesita colaboraciones y las busca como puede; casi siempre concediendo derechos a los subyugados, y éstos, en posiciones favorables, se multiplican extraordinariamente y asaltan el poder; pero, incapaces de disciplina surge la demagogia repetidas veces alternando con la tiranía (la misma idea la encontramos en Aristóteles). El fin ha llegado.

Para Bañuelos los sentimientos patrióticos permiten una selección progresiva cuando son premiados por las leyes, y una selección militar progresiva cuando la política del país se orienta hacia el exterior. Por eso insistía sobre su idea central de que la eficacia selectiva humana, en sentido progresivo de una revolución política, se mide ante todo y sobre todo, por las facilidades que brinde para la selección de los mejores teniendo presente el hecho fundamental de que una nación ofrece en todos los momentos de su historia, las características psicológicas del grupo dominante. Y cuando en el curso de los siglos cambia el grupo que rige los destinos de un país, cambia también el carácter y la psicología de la nación, en su conducta y caracteres psicológicos (Ortega y Pareto).

Analizando los problemas que aquejan a España, considera que el más trascendental de todos es el buscar el medio por el que nuestro pueblo pueda dar el mayor y mejor contingente de hombres capaces. No basta únicamente la enseñanza bien orientada. Tampoco un exacto cumplimiento del deber de todos los ciudadanos. Igualmente no constituye el ideal regenerador de un país, el que se busque la perfección en la obra de todos los individuos engranados en la máquina del Estado. Es preciso que se utilicen todos los hombres en los puestos en los que puedan dar el mayor rendimiento. La totalidad de la población de un país utilizada del mejor y más conveniente de los modos, es el ideal del Estado.

Busca en el campo las raíces más profundas y genuinas del pueblo español, de su cultura, de su civilización, de su arte, de su ciencia y de su espíritu. Por ello cultivar la aldea, el caserío, la granja y la pequeña villa, es laborar por España, considerando a la ciudad un producto artificioso de cada época.

Señala los principios y leyes que fundamentan el progreso humano:

1. Ley de perfeccionamiento de toda función.

2. Ley de la diferenciación del trabajo.

3. Ley de la especulación de una función.

4. Ley de supresión de lo inútil e innecesario.

5. Ley del ahorro de tiempo y energía.

6. Ley de la creación de la función nueva.

7. Ley de las subordinaciones a un fin superior.

8. Ley de las defensas.

9. Ley de adaptación a las nuevas necesidades.

10. Ley de las correlaciones, interdependencias y ayudas mutuas.

11. Ley de la captación de ayudas.

12. Ley de la protección desfigurada.

13. Ley del conocimiento de la realidad.

14. Ley del mantenimiento activo de los motores psíquicos.

15. Ley de la educación de la acción.

16. Ley del sentido de lo útil.

17. Ley del sentido de lo eficaz.

18. Ley de previsión del porvenir.

19. Ley del aumento de potencias y reservas.

20. Ley de la fe en sí mismo y en las ayudas divinas.

21. Ley de la vigilancia.

22. Ley de la rectificación.

En uno de sus ensayos del volumen y de su obra Problemas de mi tiempo y de mi Patria hace una crítica del hombre político entendiendo por tal el hombre que ha estudiado, estudia y se ocupa de resolver, en sentido favorable, los problemas de su pueblo y de su Patria. Considera como segunda condición a valorar en el político su concepción de lo que debe ser la política. Para Bañuelos este arte consiste en llevar a un pueblo a un mayor desarrollo y a facilitarle el camino de su persistencia en la Historia por venir, dándole a la vez, una vida más próspera, más fácil y más perfecta, moral y materialmente. Por el contrario el frecuente arte de la intriga y del engaño para alcanzar el poder y servir a sus propios apetitos, sólo puede conducir a la ruina de las naciones, a la desmembración de los Estados y al envilecimiento y aniquilamiento de los pueblos.

J. L. JEREZ RIESCO

Articulo aparecido en la revista Terra Nostra nº 14.

sábado, 27 de agosto de 2011

Desaparición de Marc Fredriksen



Marc Fredriksen ha muerto a la edad de 75 años después de luchar contra un cáncer de pulmón.
Empedernido fumador de pipa, lo fue también de la causa de la militancia nacional y europea, fue muy amigo de François Duprat y Pauty Pierre, y uno de los fundadores de militant .
Ardiente colaborador de las revistas Europa real, la defensa de Occidente, la Acción Europea y Notre Europe.
Fue el principal responsable de la FANE (Federación Europea de Acción Nacional) y del Movimiento de los Nacionalistas Europeos, como tal, fue en los años 80, la víctima de una campaña mediática frenética para tratar de acusarlo de ser el responsable del ataque a la sinagoga de la calle Copernico, de París, lo que causó un gran revuelo en el momento.
Dejó toda actividad política a finales de los años 80.
Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Courbevoie.
Se ha celebrado un funeral este viernes, 26 de agosto 2011 a las 3:30 pm en la iglesia de San Mauricio Bécon, 218 rue. en Courbevoie .

Camarada, que la tierra te sea leve.

domingo, 14 de agosto de 2011

ALTERNATIVA-TE



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lunes, 8 de agosto de 2011

HIROSIMA Y NAGASAKI, NI PODEMOS, NI DEBEMOS OLVIDAR



"Los heridos que nos traían tenían un aspecto horrible. Sus chamuscadas cabelleras estaban enrizadas, las ropas desechas, las partes de piel que quedaban al descubierto casi por completo quemadas, las heridas terriblemente sucias. La mayoría estaba tan desfigurados por las incontables astillas de vidrio y de madera y/o partículas de hierro que se habían incrustados en las caras y espaldas, que resultaba casi imposible reconocerlos como humanos.

El tamaño de los vidrios oscilaba entre el de un grano de arena y el de la yema del pulgar. Más tarde, al practicar auscultaciones con estetoscopios descubrimos que a algunos pacientes les habían penetrado partículas de vidrio en los pulmones que crujían al respirar. Los trocitos de madera eran de materiales de construcción o de ramas verdes.

En un caso observamos como una ramita muy tierna y blanda había perforado el cráneo de tal forma que las hojas colgaban afuera como un adorno de sombrero para damas"

(Testimonio de los médicos japoneses Masao Schiocuki, Ori Nohuo Kusano y Di Sugi Jamamoto, en su libro "No podemos callar")

El 8 de agosto de 1945 Radio Tokio pasaba la siguiente información: “Las autoridades de Hiroshima, ocupadas en la tarea de establecer un primer orden en el caos que produjo la nueva bomba enemiga, de origen desconocido, que explotó el lunes a la mañana, no están aún en condiciones de estimar la magnitud de las pérdidas ocasionadas entre la población civil de la cuidad. Grupos sanitarios traídos de localidades vecinas no podían distinguir a los muertos de los heridos, ni qué hablar de identificarlos. El efecto de la bomba fue tan terrible que prácticamente todo ser vivo, humano y animal, fue literalmente carbonizado en el inmenso calor producido por la explosión”.

“Muertos y heridos estaban quemados hasta tal punto que era imposible reconocerlos. Todos los edificios quedaron destrozados, lógicamente también los puestos sanitarios y hospitales de modo que la labor de ayuda y rescate crecía hasta el agotamiento. La bomba había destruido todo dentro de un amplio radio. Quien en el momento de la explosión estaba en la calle fue quemado por completo, la gente en las casas murió por la gigantesca presión y el calor."

Tres días después de la masacre, la ciudad de Nagasaki corrio la misma suerte, ninguna de las dos era un objetivo militar, fue una acción de castigo para doblegar el espíritu de resistencia del pueblo japonés. Curiosamente el segundo objetivo original era la ciudad de Kokura.

La noche del 8 al 9 de agosto transcurrió en la capital nipona, lúgubre como una pesadilla. La ruptura de la Alianza Ruso-Japonesa por decisión de la U.R.S.S. constituía un golpe mortal para el Japón. En las primeras horas del 9 de agosto un B-29 que llevaba pintado en el morro el incongruente nombre de Bock’s Car (literalmente el “coche de Bock”, pero fonéticamente igual a box car, “vagón de mercancía cerrada”) se dirigía hacia el Japón. Era un bombardeo del 99º Grupo y lleva a bordo otra bomba atómica realizada con un procedimiento distinto al de la lanzada sobre Hiroshima, pero de potencia análoga.

El objetivo, o sea la ciudad, no se determinó sino hasta último momento ya que la elección de la misma dependía de una alternativa dramática: la situación meteorológica. Nagasaki y Kokura dependían de la suerte de la naturaleza.

Pronto el bombardeo llegó al cielo de Kokura. La ciudad se destacó nítida a los ojos de la tripulación del Bock’s Car que la vio surgir en medio de un mar de verdor. El comandante, Charles Sweeney había ordenado activar la bomba y la tripulación se había puesto las gafas herméticas, cuando el apuntador indicó que no podía soltar el ingenio atómico. “No se puede apuntar por la mira”. La conclusión a la que llegaron era que no podían perder más tiempo. Sweeney ordenó virar hacia Nagasaki. Una nube había salvado a Kokura y había hecho caer la balanza del destino del lado de Nagasaki.

Un minuto después de las 12:00 el ingenio atómico fue soltado, y el B-29 se apresuró a alejarse. Aunque el número de víctimas fue menor que en Hiroshima (unos 24.000 muertos y 43.000 heridos) las destrucciones y los sufrimientos fueron los mismos. Además la bomba de Nagasaki fue finalmente reconocida como lo que era, un acto criminal, pues ya no era posible cerrar los ojos ante el horror provocado por los Aliados.

Sin embargo nunca hubo un tribunal militar a semejanza del de Nuremberg para castigar a los culpables de tal atrocidad. Hoy en día los EE.UU. no se someten a ningún tribunal de guerra reconocido por los estamentos internacionales ni toleran ninguna injerencia judicial hacia las acciones criminales de sus soldados. Un claro ejemplo de que la globalización y las cortes penales internacionales solo son para una parte del mundo y para otros no. Pueden existir tribunales internacionales pero no existe justicia internacional. Una vez mas los vencedores se imponen frente a un mundo cada vez mas impasible ante los abusos de estos.

Desde este blog recordamos a todas las victimas de estos prepotentes, para que no caigan en el olvido y que las generaciones venideras sepan reaccionar para restablecer la memoria de aquellos que lucharon por lo mismo que deseamos nosotros para nuestro pueblo.

martes, 26 de julio de 2011

NORUEGA YA TIENE SU 11-S



Antes de iniciar este articulo de opinión, desde Tierra y Pueblo queremos expresar nuestra mas enérgica repulsa frente a este criminal doble atentado cometido en Noruega, así como nuestra solidaridad con las victimas de esta masacre.

Desde hace un par de años (el tiempo de vida de este blog) estamos advirtiendo de la irrupción en el escenario político europeo, de una extrema derecha antiinmigracionista con un fuerte componente islamofobo. Son varios los escritos que venimos realizando al respecto, incluidos los discursos de Pierre Vial. Esto supuso como nuestros lectores saben la fractura de nuestra organización y la salida de esta de los militantes que abogaban por una aproximación hacia esta deriva ideológica.

El hombre que ha sido arrestado por el crimen de Oslo, Anders Behring Breivik, es, según las investigaciones, un extremista Sionista. Se auto-proclama anti-racista y en repetidas ocasiones ha mostrado su desprecio hacia los nacionalistas étnicos. En su perfil de Facebook incluso tiene colgadas fotografías en las que aparece vestido de masón. Si se tira del hilo, se podrán encontrar publicaciones suyas en Internet en las que demuestra su amor extremo hacia Israel y un odio acérrimo hacia aquellos que muestren cualquier tipo de simpatía con la causa Palestina.

El asesino Behring, viene a ser un claro exponente de cómo una postura que puede ser defendible desde un punto de vista nacionalista identitario se degenera al ser contaminada por ciertas ideas anti-islamicas y pro sionistas que actualmente se están imponiendo en los partidos populistas e islamofobos en toda Europa.

Es significativo que el atentado en contra del gobierno noruego y la matanza de jóvenes laboristas en un campamento de verano, se haya cometido justo al día siguiente en que en esa misma isla se hubiese iniciado por parte del partido laborista noruego un boicot al estado de Israel por los continuos crímenes cometidos por este en contra de los palestinos.

Desde nuestro punto de vista este doble atentado cumple varios objetivos a la vez y tendrá determinadas consecuencias. No nos gusta ser agoreros pero al final los hechos suelen confirmar nuestras afirmaciones. De momento el gobierno noruego ya ha recibido una advertencia de donde no debe de meter las narices, el Parlamento Europeo ya esta hablando de endurecer las leyes contra el racismo y la xenofobia, haciendo especial hincapié contra los grupos identitarios. Esto servirá para estrechar el cerco contra los verdaderos movimientos identitarios para reforzar la extrema derecha islamofoba apoyada por Israel y sus adlateres europeos. En España ya esta sucediendo algo parecido con el anuncio de la irrupción a nivel nacional de un proyecto auspiciado por la Plataforma per Catalunya, claro exponente de esa extrema derecha islamofoba.

Por cierto, la imagen de Anders Behring Breivik vestido de chaqué con ornamentación masónica, nos recuerda las poses con este tipo de vestuario de otros ilustres paladines de esta corriente ideológica,  bailando al son de viejos valses vieneses.