viernes, 8 de marzo de 2013

RELECTURA DE “LA GRAN NACIÓN” DE JEAN THIRIART.


La cultura no conformista europea posterior a 1945 presenta pocas figuras verdaderamente fundamentales. Una de éstas es seguramente Jean Thiriart, distinguido padre del europeísmo nacional revolucionario. Thiriart ha contribuido de forma esencial en la formulación de los temas centrales de nuestra visión del mundo, basta pensar en el mito de la Europa unida, aliada de los pueblos del Tercer Mundo y enemiga irreductible de los USA o en la definición del concepto de “mundialismo” término del cual el ideólogo belga fue probablemente también el inventor. Releer a Thiriart, hoy en 2004, cuando la anaconda estadounidense rodea Eurasia y se oyen, cada vez más alto, los cantos embaucadores de las sirenas del “choque de civilizaciones” es casi un deber. Para descubrir nuestras mejores raíces, para echar una mirada revolucionaria sobre el presente y sobre el futuro y para volver a ser, nietzscheanamente, buenos europeos.
Una Europa unida: una necesidad
La Grande Nazione es un texto que se remonta a los primeros años 60. A inicios de los años 90 ha sido sabia y necesariamente reeditado por Edizioni Barbarossa, con ocasión de la desaparición del autor, acaecida el 23 de noviembre de 1992, por una crisis cardiaca. Junto a “Un Imperio de 400 millones de hombres: Europa” (de la que parece que Edizioni Controcorrente estén preparando una nueva edición) el texto en cuestión es, quizá, una de las obras más famosas del pensador belga. En sesenta y cinco tesis ágiles y desenvueltas, Thiriart traza un verdadero y auténtico programa político, tocando simultáneamente tanto la concreción pragmática como la imaginación visionaria. El punto de partida del discurso thiriarista es la constatación de lo ineludible de la dimensión continental; ya en el primer punto se declara que “ya no existe, actualmente, ni independencia efectiva ni progreso posible fuera de las grandes estructuras políticas organizadas a escala continental […] Hoy, la dimensión europea es el mínimo posible para el nacionalismo europeo”. Este tipo de nacionalismo se basa en una identidad de destino requerida para un gran designio común, se funda sobre un proyecto para el porvenir.
Por lo demás “una Europa sin nacionalismo es […] imposible. Es una concepción abstracta, típica de la izquierda "light", contradictoria en los términos. ¿Qué es una nación sin sentimiento nacional?”. El ideal nacionalista gran-europeo se estructurará históricamente como obra de un partido revolucionario. La liberación y la unificación del continente serán obra de una estructura rigurosamente centralizada y jerarquizada de tipo leninista, dentro de la cual “los mejores europeos vivirán Europa antes del nacimiento del Estado europeo”.
Unida, armada, independiente
¿Qué forma deberá tener la Europa del futuro? Es sabido que Thiriart fue siempre ajeno a cualquier lógica “organicista” y esto le marcó un límite ideológico, más bien estricto. Su idea de Nación Europea no puede asumir connotaciones regionalistas, federalistas o propiamente imperiales (si bien, Thiriart mismo use a veces el término “imperio”). Aquí el pensador belga es clarísimo: la Europa de las patrias, la Europa federalista podrá ser útil solamente durante una fase transitoria. La verdadera Europa del futuro deberá ser unitaria. En el paso del Estado-nación a la organización a escala continental no hay un cambio cualitativo (como por el contrario, ha intuido De Benoist, profundizando en la esencia específica de la forma imperial) sino solamente una ampliación cuantitativa. La Europa nación será un Estado más grande, y no otra cosa distinta respecto a los viejos pequeños Estados. Unitaria e indivisible la “Gran Nación” deberá estar necesariamente armada, los europeos deberán dotarse de arsenales atómicos propios como única verdadera garantía de independencia y para garantizar el equilibrio mundial. Thiriart prevé también la necesidad de la moneda única europea, lugar de paso obligatorio en el camino de la independencia: “el fin del protectorado americano pasa por supresión de la tutela del dólar y la creación de una moneda no extranjera, sino europea, basada en nuestra prodigiosa potencia económica”.
Contra los imperialismos antieuropeos
Las partes menos actuales de La Grande Nazione resultan ser aquellas más directamente focalizadas en la situación geopolítica de la “Guerra Fría”, la época en la que Thiriart escribe y de hecho la del Muro de Berlín y de la división del viejo continente en dos bloques antagónicos. No obstante, a algunas décadas de distancia de aquellas reflexiones, podemos hoy leer en toda su sabiduría y amplitud de miras, las tomas de posición thiriaristas e incluso cotejarlas con las de los que en la época se refugiaban bajo la sotana de los ocupantes americanos contra los ocupantes rusos o viceversa. La idea fundamental de Thiriart es que apoyarse en un ocupante para combatir a otro es una posición suicida: “quien quiera la salida de los rusos debe querer también la de los americanos y viceversa”. La propia crítica de la URSS, de todas formas, viene formulada en la conciencia de que: “en tiempos más lejanos la frontera de Europa pasará indudablemente por Vladivostok” En cuanto a América, Thiriart nunca ha sufrido esa tentación occidentalista que a menudo ha contagiado a diversos exponentes del neofascismo europeo; para el fundador de Jeune Europe, la OTAN es una fuerza de ocupación de la que desembarazarse lo más pronto posible, La civilización americanomorfa es una idea totalmente carente de recursos vitales: “mañana nadie querrá morir por la plutocracia”
Derecha, izquierda y más allá
En cuanto a los ordenamientos políticos internos, Thiriart se declaraba favorable a una democracia postliberal, no parlamentaria y por tanto no plutocrática. Es necesaria una democracia europea nacional: “nuestra democracia será directa, jerárquica, viva y hundirá sus raíces en toda la Nación” Sus reglas serán capacidad y responsabilidad. ¿Posiciones de derechas o de izquierdas? Como persona inteligente, Thiriart huía de semejantes categorías. Fiel al pensamiento de Ortega y Gasset, que veía en la derecha y en la izquierda dos formas de hemiplejía mental; rechazaba las definiciones burguesas para situarse, más bien, como la vanguardia del centro (que, “ça va sans dire”, en esta acepción no tiene nada que ver con la ciénaga democristiana o “giolittiana”…) Hoy, la auténtica distinción política fundamental es la que distingue a los partidos extranjeros del partido de los europeos. Los colaboracionistas son ante todo traidores, así como los europeístas son ante todo patriotas, prescindiendo de la ubicación política de unos y otros.
La economía de potencia
Autarquía, independencia, potencia, dignidad social; estos son los valores de la concepción económica thiriarista. Contra los desastres de la economía utópica (marxista) y de la economía del beneficio (capitalista), hay que recurrir a la economía de la potencia que apunta al máximo desarrollo del potencial nacional y busca mantener autárquica la economía nacional, al menos en lo que respecta a los sectores estratégicos. La idea de fondo es que cuanto más poderoso e independiente es un país, más libres son sus ciudadanos. Por otra parte, sin acceso a las materias primas no hay independencia económica y sin independencia económica no hay socialismo. La construcción del socialismo precisa de una autarquía continental europea: “existen para la planificación, como para la autarquía, un valor y un volumen crítico, por debajo del cual la tentativa está destinada al fracaso […] una pequeña nación no puede elegir libremente su tipo de vida económica y social, debe tener en cuenta diversas interferencias extranjeras. De lo que resulta que cuanto más pequeña es una nación, más sometida está a las influencias extranjeras […] Ningún intento de socialismo comunitario y vital por debajo de la dimensión europea” Ni puede tener sentido un socialismo internacionalista, cosmopolita y mundialista: “La nación es el envoltorio y el socialismo su contenido”. El socialismo sin la nación es una abstracción que no puede llegar lejos.
El comunitarismo
El comunitarismo es pues un socialismo laicizado, separado de las utopías, desembarazado de los dogmas. En concreto: “el máximo de propiedad privada dentro de los límites siguientes: la no explotación del trabajo ajeno, la no injerencia en la política por hipertrofia de la capacidad económica y la no colaboración con intereses ajenos a Europa y a su beneficio”. Lo que cuenta es el dominio de la política sobre la economía. Por ello, solo la gran propiedad que puede poner en peligro la soberanía política es eliminada, mientras que la pequeña propiedad es garantizada. Fundamentalmente el derecho a la propiedad de la casa para garantizar a cada uno su propio enraizamiento en la sociedad. La política debe dirigir la economía teniendo en cuenta la organización específica de las empresas (o sea, el tipo de producción: fabricar paraguas no es lo mismo que producir alta tecnología) y de su reglamentación dimensional (o sea, del volumen de la empresa: una empresa con cincuenta empleados es diferente de una que tiene cincuenta mil). Solo las industrias de dimensiones extraordinarias o de importancia vital deben ser nacionalizadas, mientras que la pequeña empresa puede, muy bien, ser privada. Dentro de estos límites y con estas condiciones, Thiriart ve un factor positivo, incluso en algunos aspectos de la economía de mercado: la libre empresa es competición, por ejemplo, generan una selección y la asunción de responsabilidades. No son pues, un mal en sí mismas. “La función comunitaria consiste en controlar que la máxima productividad esté garantizada con una justicia social vigilante”. Es solo en el seno de dicho socialismo comunitarista, donde podrá tener lugar la auténtica liberación del trabajador. Los proletarios serán transformados en trabajadores y los trabajadores en productores: “la supresión del proletariado se realizará a través de la liberación de los trabajadores […] Nosotros devolveremos a los trabajadores sus responsabilidades y su dignidad. Suprimiremos las clases sociales, dando el puesto de honor al trabajo del hombre, único criterio de valor. Nuestra jerarquía estará basada esencialmente en el trabajo. Queremos una comunidad dinámica por medio de la colaboración en el trabajo de todos los ciudadanos”. Al mismo tiempo, serán combatidos los vagos y los explotadores, haciendo del trabajo una obligación, para así sacar a los parásitos de sus madrigueras.
Contra la falsa Europa
Ésta y solo ésta, es la verdadera Europa. Thiriart lo sabía: peor que los enemigos de Europa, solo son sus falsos amigos. “La evidencia de Europa es tal que sus propios ocupantes son constreñidos a usar un lenguaje europeo. Existen multitud de organismos, de comités y de círculos “europeos”. Europa está de moda y sirve para el despegue de muchos aficionados e intelectuales. De esta Europa de las charlas, de esta Europa de los banquetes, nunca saldrá una Europa de sangre y de espíritu. Ésta se hará cuando la fe en la Europa nación haya penetrado en las masas y haya entusiasmado a la juventud, esto es, cuando haya una mística europea, un patriotismo europeo. La verdadera Europa no vendrá realizada por juristas o comisionados; será obra de combatientes que tengan la fe de los revolucionarios”. Él, ya lo había comprendido todo.
ADRIANO SCIANCA



martes, 19 de febrero de 2013

MARTIN HEIDEGGER Y LA REVOLUCIÓN CONSERVADORA.



El debate sobre el llamado “caso Heidegger”, que recientemente ha vuelto a estallar en Francia y más allá un poco por todas partes en Europa, ha demostrado, sobre todo, que la confrontación con el pensamiento de Heidegger constituye una imperiosa necesidad para cualquiera que, desprovisto de ilusiones, se pregunte por los problemas fundamentales de nuestro tiempo y sobre el destino de las gentes de Europa. Pero también queda demostrado que del pensamiento de Heidegger circulan, dominando impertérritas, interpretaciones -siempre fundadas en un aspecto particular, aislado del contexto general- que el propio Heidegger varias veces confutó y rechazó desdeñosamente: existencialismo, nihilismo, misticismo, pseudo-teología, “rechazo de la Técnica” y así sucesivamente. Preguntarse -cito el título de un debate televisivo francés- si “existe un vínculo entre el pensamiento de Ser y Tiempo (1927) y la adhesión de Heidegger al Partido Nacionalsocialista  en 1933”, es decir, preguntarse si existe un vínculo entre la analítica heideggeriana de la existencia histórica del hombre y la visión del mundo nacionalsocialista, es una interrogación que presupone un conocimiento genuino y no ya una interpretación abusiva y basada en pretextos del pensamiento de Heidegger, así como, por otro lado, exige una visión no reduccionista del nacionalsocialismo y de su Weltanschauung.
Lo que no deja de sorprender en todos los estudios dedicados al pensamiento de Heidegger es el hecho de que, siempre, la segunda sección conclusiva de Ser y Tiempo, texto fundamental, es totalmente ignorada, como “no leída”. La atención de los estudiosos  y de los intérpretes se fija en la crítica heideggeriana de la concepción “metafísica” del ser como presencia (Anwesenheit) y sobre el primer enfoque todavía puramente descriptivo de la fenomenalidad del Dasein, cuando -aunque sólo fuese para comprender verdaderamente esa crítica y comprender esa fenomenalidad- debería sobre todo, detenerse en la concepción que Heidegger expone de la temporalidad del Dasein, de la existencia historial del hombre.
La tan discutida y, por la mayoría, tan exaltada como mal comprendida “ruptura” con la “Metafísica” occidental brota, en efecto, precisamente de esta nueva concepción de la temporalidad. Esa concepción de la temporalidad es la que funda la visión heideggeriana de la historia  y, por tanto, en ella y a partir de ella hay que buscar eventualmente la naturaleza de la relación existente entre el pensamiento de Heidegger y la “visión del mundo” nacionalsocialista. Para evitar cualquier tipo de cómoda ambigüedad expresaré inmediatamente mi convicción: este parentesco existe, es muy íntimo y, en su articulación, explica la adhesión activa del autor de Ser y Tiempo al NSDAP y su fervorosa participación en las actividades del régimen en un plano no sólo universitario (1933-34). El abandono del rectorado y de toda actividad política a partir de la segunda mitad de 1934 coinciden con una evolución del pensamiento que progresivamente conduce a Heidegger, siempre formalmente miembro del NSDAP, a posiciones críticas con respecto al régimen: pero su crítica sigue siendo interna y no supone nunca, ni siquiera en la posguerra, la más mínima concesión a las ideologías democráticas ni la más mínima simpatía por los adversarios del Tercer Reich.
Ruptura con el espíritu de occidente
La “ruptura” de Heidegger con el pensamiento filosófico tradicional de Occidente, es decir -como él afirmaba- con la “Metafísica” occidental, ha sido recibida por la filosofía catedrática como un novum clamoroso, como un punto de inflexión histórico del pensamiento europeo. El propio Heidegger lo creyó y, se puede decir, lo proclamó orgullosamente. Pero, de hecho, su “ruptura” con la Metafísica, cuando es proclamada, no es más que el aspecto “moderno” de una ruptura con el “espíritu de Occidente” propia de toda una corriente de pensamiento surgida en la segunda mitad del siglo XIX, corriente que, con referencia a Nietzsche, podemos llamar “tendencia sobrehumanista”, en oposición a la bimilenaria tendencia igualitarista que, con su inherente nihilismo inconsciente, ha conformado y conforma el destino de Occidente. Preanunciada en una idea de las “dos almas” vivientes en el pecho de los Románticos, esta tendencia sobrehumanista, de hecho, encuentra en ruptura con el espíritu occidental, su primera manifestación histórica en la obra artística y en los escritos “metapolíticos” de Richard Wagner. Después de Wagner y, con algunos pretextos, contra Wagner, Nietzsche reivindica para sí el mérito de la “ruptura”, proclamándose “dinamita de la historia”, fundador del movimiento que tendrá que oponerse al bimilenario nihilismo del Occidente judeocristiano. Heredada ora de Wagner ora de Nietzsche, la ruptura afecta ya, a principios del siglo XX, a una parte amplísima de la cultura alemana, que Ernst Troeltsch pudo así oponer al “espíritu occidental”, y desemboca más tarde, después de la Primera Guerra Mundial, no sólo en Alemania sino en casi todas partes en Europa, en las varias corrientes literarias, artísticas, ideológicas y, finalmente, políticas de una “Revolución Conservadora” de la que -a pesar de todo lo que se quiera hacer creer- son parte integrante los varios movimientos fascistas.
Evidentemente lo que permite poner en común a Wagner, Nietzsche, Heidegger y los muchos autores y movimientos de la “Revolución Conservadora” (justificando el uso de este término genérico) no es ciertamente una filosofía, no es una ideología en sentido estricto, sino -por así decirlo, más allá de las “ideologías” o de las filosofías a veces tan diversas e incluso divergentes- un común sentimiento, una común intuición del hombre, de la historia y del mundo, que drásticamente se opone a la concepción que tradicionalmente funda y subyace a las filosofías, ideologías y estructuras políticas del llamado “Occidente”. La tendencia sobrehumanista, es decir, la ruptura con la dominante tradición occidental, se manifiesta siempre como una “revuelta contra el mundo moderno”, como condena de nuestro presente epocal y voluntad de oponerse a una situación objetiva interpretada como triunfo del “nihilismo” y ruinoso declive de Europa. De ahí la exigencia de una revolución radical, que, por otra parte, también es concebida como una renovación de los orígenes: rasgo políticamente esencial que permite distinguir del modo más neto lo que es Revolución Conservadora y Fascismo de lo que es sólo “reacción” o “conservadurismo” o “progresismo”.
Una renovación de los orígenes
La visión de la historia que desde Wagner y Nietzsche hasta la Revolución Conservadora determina  la “revuelta contra el mundo moderno” -tal y como ya he indicado- encuentra su fundamento en una nueva intuición del hombre, de la historia y del mundo. Esta intuición nueva es, en su raíz, intuición de la tridimensionalidad de la temporalidad del Dasein, de la “historicidad” humana. Armin Mohler en su fundamental estudio sobre la Revolución Conservadora en Alemania, ha demostrado exhaustivamente que, frente a la concepción unidimensional y “lineal” del tiempo, Nietzsche y los autores conservadores-revolucionarios oponen una concepción tridimensional del tiempo-de-la-historia. A decir verdad, hablar con respecto a Nietzsche y estos autores de una “concepción” de la tridimensionalidad del tiempo, es impropio: intuida, la tridimensionalidad del tiempo, al igual que todas las “ideas” que de ella derivan, es afirmada no ya conceptualmente sino recurriendo a un Letibild sugestivo y evocador, a una “imagen conductora”: la de la “esfera” temporal (que no ha de ser confundida, como casi siempre sucede, con el “círculo” o “anillo”, proyección de la esfera en el tiempo unidimensional de la “sensorialidad”). Este recurso a “imágenes” se imponía -como bien ha visto Mohler- porque el lenguaje recibido está, en su “racionalidad”, totalmente impregnado de la concepción unidimensional del tiempo y, por tanto, obedece a esta. Un aspecto peculiar de la grandeza de Heidegger está precisamente en su tentativa, emprendida con Ser y Tiempo, de desestructurar el lenguaje recibido y recrear un lenguaje nuevo con el fin, justamente, de conceptualizar la tridimensionalidad de la temporalidad histórico-existencial, así como las “ideas” que esta inmediatamente genera.
En la medida en que constató incomprendido, Heidegger acabó por juzgar como fallida su tentativa de Ser y Tiempo y se replegó más tarde en una Sage, en un “decir mito-poético” que, a mi juicio, ha sido todavía peor comprendido, provocando no pocos equívocos y errores. La novedad revolucionaria del lenguaje filosófico de Heidegger explica verdaderamente la incomprensión que todavía hoy rodea la argumentación conclusiva de Ser y Tiempo, en particular -aquí podríamos irónicamente anotar: como es lógico- el cuarto y quinto capítulo de la segunda sección, respectivamente dedicados a “Temporalidad y Cotidianidad” y a “Temporalidad e Historicidad”. Por otra parte, quien logre penetrar en el lenguaje de Ser y Tiempo y sepa hacer suya -desarrollándola eventualmente- la conceptualización de la temporalidad tridimensional, habrá encontrado también la clave que, mejor que ninguna otra, permite comprender los “discursos” de la Revolución Conservadora y los fenómenos políticos generados por esta, es decir, comprenderá su “racionalidad”, fundamentalmente distinta de la presentada por la “Metafísica”.
La temporalidad como “esfera”
Germánico Gallerani (en el último número de “La Contea”) ha creído poder contraponer Heidegger, “hombre que se dirige al pasado”, a una Konservative Revolution, “que se dirige al futuro”. Es cierto exactamente lo contrario: precisamente la actitud idéntica con respecto al pasado, el presente y el porvenir es el “síntoma” más llamativo de su parentesco espiritual. La Revolución Conservadora es revolución porque se “dirige al futuro” y, sin embargo, es “conservadora” porque se reconoce siempre en un lejano “pasado”. En cuanto a Heidegger, baste con recordar una definición suya del Dasein, del hombre como existente historial: “un ente, que en su ser es esencialmente zukünftig”, es decir, esencialmente existente en la dimensión temporal del porvenir. Y precisamente porque es zuküngtig -explica Heidegger- el Dasein “es co-originariamente gewesend”, existente en la dimensión de “lo devenido”, y “puede, por tanto, transmitirse a sí mismo una posibilidad heredada y entregarse a esta”. En el marco de la temporalidad tridimensional, de la “historicidad”, la reivindicación de un pasado y la de un proyecto de porvenir coinciden del modo más íntimo.
El proyecto de porvenir que el Dasein elige en el “pasado”, frente a otros, es una posibilidad de existencia historial: “el Dasein -añade explicativamente Heidegger- elige a sus héroes”, es decir, elige entre las posibilidades que le ofrece el “pasado” (Vergangenheit) lo que es “lo devenido” (Gewesenheit) para él. Los conservadores-revolucionarios y los fascismos pueden así proyectar todos ellos, revolucionariamente, un “hombre nuevo” y, sin embargo, reconocerse en una posibilidad pasada de existencia: en la más lejana “germanidad”, en la “romanidad” republicana o imperial, en una “catolicidad” confundida con el origen de la nación y de las antiguas instituciones imperiales y monárquicas.
Del mismo modo, sobre el terreno puramente filosófico, Wagner se reconoce en la ancestral “religión” indoeuropea (de la cual es “cristianismo originario”, “no judaizado”, sería, según él, una simple evolución), Nietzsche y Heidegger en el pensamiento pre-socrático y Evola, drásticamente, en una originaria “Tradición” postulada en una nebulosa pre-historia. La “revuelta contra el mundo moderno” y el cometido revolucionario están determinadas por la naturaleza misma del “retorno a una pasada posibilidad de existencia historial”, es decir, por la naturaleza de la “repetición (Wiederholung): porque -nos dice Heidegger- “la repetición no pretende hacer regresar lo que una vez ha sido, sino, más bien, ofrece una réplica contradictoria (erwidert) a su pasada posibilidad de existencia” y es así “simultáneamente, en cuanto actualidad, la revocación de todo lo que en cuanto pasado determina el Hoy”. “La repetición no se entrega al pasado ni apunta a un progreso, siendo el uno y el otro en la actualidad indiferentes a la existencia historial”.
Traduciendo estas concepciones sobre el terreno de la gran política, Martin Heidegger afirma en su Introducción a la Metafísica que el pueblo alemán, “pueblo del centro, atrapado en la más dura tenaza (entre América y Rusia) y pueblo, más que ningún otro, amenazado”, puede realizar su destino historial “solo allí donde sepa crear en sí mismo una resonancia, una posibilidad de resonancia para la misión que le ha sido asignada y comprenda creativamente su tradición”, es decir, “en cuanto historial, se sitúe a sí mismo, y con ello la historia de Occidente, a partir del centro de su devenir histórico, en el originario ámbito de los poderes del Ser”.
Una “comunidad de destino”
La actitud de Heidegger respecto al “pasado”, la “actualidad” y el “porvenir” no sólo es esencialmente idéntica -conforme- a la de la Revolución Conservadora y a la de los movimientos fascistas, sino que también confiere a la común visión-de-la historia un sólido fundamento conceptual. Lo que en el discurso conservador-revolucionario y fascista es todavía sólo Leitbild, “imagen conductora”, con Heidegger, llega a ser concepto. Si en este contexto es evidentemente imposible mostrar cómo, precisamente, la analítica heideggeriana de la existencia historial conceptualiza, fundándose en el principio de la temporalidad tridimensional del Dasein, todos los Leitbilder, todas la “imágenes conductoras” de la visión-del-mundo de la Revolución Conservadora y de los movimientos fascistas, sin embargo, me parece oportuno arrojar aquí luz sobre la traducción conceptual que Heidegger ofrece de una “imagen conductora” sumamente relevante: la de la “comunidad de destino”, reencontrada según las corrientes en el “pueblo”, o en la “nación” o en la “raza” (siendo esta, a su vez, entendida de forma bastante diversa).
Es la temporalidad tridimensional de la existencia -afirma Heidegger- la que “hace posible la historicidad auténtica, es decir, lo que llamamos destino historial”. Puesto que el Dasein, en cuanto ser-en-el-mundo, es también co-ser, ser-con-los-otros, el destino (Schicksal) de una Dasein es también Geschick, comprometido destino común, “cuya fuerza se libera gracias a la comunicación y a la lucha “. Sin embargo, el “destino” brota de una elección historial pro-cedente de la dimensión porvenir del Dasein: y en la comunicación y en la lucha reconocen un común  destino aquellos que han tomado una idéntica elección historial y permanecen resueltamente fieles a ella. Toda elección historial, sin embargo, implica siempre la “re-petición”, la “réplica a una pasada posibilidad de la existencia historial” y, conjuntamente, un “proyecto de porvenir”. La “comunidad de destino” se revela, por tanto, ella misma constituida por una elección historial (que es selectiva y que, por tanto, puede ser juzgada no-humanista desde un punto de vista igualitarista). Esto significa que nación, pueblo, raza en cuanto comunidades reconocidas de destino, siempre constituyen una réplica contradictoria (Erwiderung) de la pasada posibilidad de existencia sobre la que se sustenta la elección historial. Por otro lado, siempre tienen naturaleza “proyectual” y, en el presente objetivo, siguen siendo un “por hacer”, una “misión”.
La praxis política de los regímenes fascistas implica así una “disciplina selectiva” (Zucht, en alemán) precisamente destinada a conformar el “material humano” de la actualidad a la idea de nación, pueblo o raza que brota de la elección historial tomada. En este sentido los fascismos son “acción a la que es inmanente un pensamiento” siempre que por pensamiento se entiendan conjuntamente “re-petición” (en el sentido que Heidegger da a este término) y “proyecto”. En este contexto, es sumamente significativa y profunda la distinción que Heidegger introduce en Ser y Tiempo entre “Tradition” y “Ueberlieferung”, es decir -podríamos traducir- entre “tradición padecida” y “tradición elegida”. “La tradición -afirma Heidegger en Ser y Tiempo- priva de raíces la historicidad del Dasein”, esta “oculta e incluso hace olvidar su propio origen”. La “Ueberlieferung”, por el contrario, se funda “expresamente en el conocimiento del origen de la posibilidad de existencia historial” y consiste en la “elección” de una de estas posibilidades, elección que siempre proviene de la dimensión porvenir de nuestro Dasein. Sólo una concepción semejante logra conciliar la fidelidad a la tradición y el cometido revolucionario tendente a la creación del “hombre nuevo”.
El “rector de los rectores”
Mohler, en el ya citado ensayo sobre la Revolución Conservadora en Alemania, pone expresamente entre paréntesis el nacionalsocialismo. Sin embargo, indica que las corrientes de la Revolución Conservadora objeto de su estudio han de ser consideradas como “los trotskistas del nacionalsocialismo”. Implícitamente, sitúa así al nacionalsocialismo en el centro mismo de la Revolución Conservadora, así como, después de él, lo hecho Jean-Pierre Faye (que no hay que confundir con el neo-derechista Guillaume Faye), que ve en Hitler “el anfitrión mudo” que acoge en sí los discursos que le llegan de la derecha y de la izquierda de la Revolución Conservadora, tácitamente los sintetiza e, inmediatamente, los transforma en acción. Teniendo en cuenta eso y todo lo que ha sido expuesto anteriormente, me parece obvio afirmar -abordando así el aspecto más concreto del debate suscitado por el libro de Farías- que el Heidegger de Ser y Tiempo ha de ser situado en el centro del vasto campo de la Revolución Conservadora y, por tanto, en una posición bastante próxima a la del movimiento nacionalsocialista, aunque -huelga decirlo- la suya sea una posición filosóficamente más “alta”. Por tanto, el hecho de que, al contrario de muchos exponentes de la derecha y de la izquierda de la Revolución Conservadora, Heidegger no haya optado por un distanciamiento sectario y, al contrario, se haya adherido rápidamente al NSDAP y haya participado activamente luego durante casi dos años en las actividades no sólo políticas del régimen, todo esto no es ya fruto de un “error”, de una esperanza mal depositada, del “atractivo” padecido en el contexto de un conturbador momento histórico sino que es fruto de una coherencia con el propio pensamiento y con las ideas políticas inherentes a este pensamiento. Esto no significa que en 1933 todas las ideas políticas de Heidegger coincidan exactamente con las manifestadas por el discurso del nacionalsocialismo. No obstante, es evidente que, a ojos de Heidegger, las diferencias no afectan a lo esencial: y -vale la pena observarlo- tampoco el antisemitismo desde siempre inscrito en el programa del partido sirve de obstáculo para la adhesión.
La evolución sucesiva (a partir de la segunda mitad de 1934) de la actitud de Heidegger con respecto al régimen ciertamente se pone en marcha por contingencias humanas, pero encuentra su causa profunda en una evolución de pensamiento: la misma que indujo a Heidegger a abandonar el “camino” de Ser y Tiempo, cuya anunciada segunda parte, consecuentemente, no fue nunca escrita. El Heidegger de Ser y Tiempo había visto en el movimiento nacionalsocialista la traducción política del deseado fin de la Metafísica, es decir, una subversión de la tradición occidental y una superación del nihilismo.
Probablemente, él esperaba entonces que su pensamiento fuese reconocido por el régimen como “filosofía del movimiento”. Rechazado por otros universitarios nazis como Krieck, protegidos por Rosemberg, Heidegger tuvo que abandonar toda esperanza de imponer sus ideas en el campo educativo y de llegar a ser, como en cierto momento le había parecido posible, el “rector de los rectores” de las Universidades alemanas. En 1935, un año después de la dimisión del rectorado, en su curso de Introducción a la Metafísica, todavía reivindicaba para su propio pensamiento, contra las diversas “filosofías de los valores” como la de Krieck, la auténtica comprensión de la “íntima verdad y grandeza del movimiento” nacionalsocialista, hallada “en el encuentro entre la Técnica marcada por un destino planetario y el hombre de los tiempos nuevos”. En este mismo curso también se anunciaba, sin embargo, una crítica al régimen, que encontrará después su más completa, aunque “cifrada”, formulación en la carta Zur Seinsfrage (Sobre la cuestión del Ser) dirigida a Ernst Jünger en 1953. Es una crítica -dicho sea inmediatamente- que, a mi juicio, no sitúa a Heidegger fuera del vasto espacio de la Revolución Conservadora, sino -por lo menos en transparente intención del propio Heidegger- más allá de la actualidad en un “porvenir” que aparecerá finalmente cerrado a la voluntad humana y podrá, si acaso, sólo ser concedido por “un dios”.
Sólo un “dios” podrá salvarnos
La “posición” política asumida por el último Heidegger debe ser puesta en relación con su interpretación del pensamiento de Nietzsche, la cual implica también a la Revolución Conservadora (Jünger) y al movimiento nacionalsocialista. Del mismo modo en que el último Nietzsche, después de haber exaltado la obra de Wagner, había querido ver en esta no ya la promesa de una “regeneración” del mundo y de la historia, sin el “colmo de la decadencia” y un “fin”, Heidegger considera fracasada la tentativa nietzscheana de “dinamitar la historia” y “superar el nihilismo” occidental. Según Heidegger, Nietzsche tendría el mérito incontestable  de haber sido el primero en “descubrir” y denunciar el “nihilismo” de la cultura occidental pero no habría sabido identificar la causa de ese mismo nihilismo, situada erróneamente en la subversión platónico-cristiana de los “valores”, y no en el olvido del Ser. El pensamiento de Nietzsche no constituiría, por tanto, una superación (Verwindung) de la Metafísica, sino que invertiría la propia Metafísica, llevándola a su cumplimiento. Esta crítica -no hay que olvidarlo- tiene un revés apologético: en cuanto última, más completa forma del metafísico olvido del Ser, el pensamiento de Nietzsche constituye, a juicio de Heidegger, un “pasaje obligado”, una ineludible “necesidad” en el camino que podría conducir a la superación de la Metafísica y del nihilismo.
En la citada carta Zur Seinsfrage, Heidegger proyecta esta crítica de Nietzsche sobre el “Trabajador” jüngeriano, interpretado como la moderna configuración de la Voluntad-de-Poder inherente al proyecto de Nietzsche, y -no sin una secreta ironía respecto a Ernst Jünger- sobre el régimen nacionalsocialista en cuanto realización del proyecto inherente al “Trabajador” jüngeriano: pero esto significa también que, a ojos de Heidegger, la forma política nacionalsocialista, en cuanto traducción de la inversión nietzscheana de la Metafísica, supera históricamente la forma de las democracias liberales o socio-comunistas (en otros términos, para decirlo en el idioma izquierdista de un Lacoue-Labarthe (cfr. La Fiction du Politique: “el nazismo es para Heidegger un humanismo que reposa sobre una determinación de la humanitas más poderosa que aquella sobre la que reposa la democracia, pensamiento oficial del capitalismo, es decir, del nihilismo según el cual todo vale”).
Para los fines del debate abierto por el libro de Farías, poco importa aquí la convicción de unos u otros de que la interpretación de Heidegger constituya o no una falsificación del pensamiento y de la “posición” de Nietzsche. Para tales fines, es importante la explicación que esta ofrece de la actitud asumida por Heidegger en la posguerra y de su “silencio”, que tanto exaspera al pretendido “humanismo” imperante, precisamente porque sustancia un rechazo a condenar a quien, comparado con sus adversarios, parece incondenable.
DEFINICIONES. GIORGIO LOCCHI.
EDICIONES NUEVA REPÚBLICA

domingo, 10 de febrero de 2013

JACQUES BRUYAS, ¡PRESENTE!


Jacques Bruyas marchaba hacia la Estrella Polar durante el Solsticio de Verano (1). Un Solsticio que preparaba activamente dando, como hacía habitualmente, lo mejor de sí mismo. Hasta el punto de dejar la vida en ello (2). Como lo exige la ética de los guerreros.

Pues Jacques era un guerrero. Contrariamente a quienes satisfacen su buena conciencia al preparar la Revolución delante de la pantalla de su ordenador. Jacques tenía por hábito aplicarse a sí mismo cuanto exigía a los demás: El máximo de la entrega de sí mismo, al servicio de la Comunidad a la que pertenecemos. Como el oficial que salta el primero desde la trinchera. Y que es alcanzado por la primera bala.

Pero Jacques era también un despertador (de consciencias) y un vigía (de la consciencia). Pertenecía a esa Fraternidad de los Centinelas del Sol que es la mejor encarnación de quienes creen, contra toda lógica burguesa, que algún día Apolo regresará –y que entonces será para siempre–.

Jacques, desde hacía más de cincuenta años, estuvo en todas las lides de quienes se reconocerán bajo la denominación de esa “clase del 60” a la que Brasillach (3) apeló con toda su alma y que creció sobre una tierra regada con su sangre. Ardiente militante de la Fédération des Étudiants Nationalistes (4), durante aquellos años 1960 e. c. pesados de vivir pero en los que rechazamos dejar caer los brazos, Jacques fue seguidamente uno de los fundadores de la gran aventura que se llamó el G.R.È.C.E. (5) –fue en su ciudad de Nissa (6) donde se instaló el primer secretariado de la jovencísima asociación, mientras giraban las ronéos (7) para sacar los primeros textos de lo que iba a convertirse en la revista Nouvelle École... –.

Fuimos unos cuantos quienes comprendimos bien que nuestra Lucha debía tomar nuevos caminos, para estar presentes en una lucha de las ideas que no es si no el laboratorio indispensable en el que se fabrican las municiones destinadas a ir a buscar al enemigo sobre su propio terreno. Aquellos entre nosotros que eran estudiantes o recién salían de la universidad vivían en lo cotidiano la inmensa y mortífera influencia del marxismo en el mundo del pensamiento. Registramos bien entonces el que sigue siendo hoy nuestro mismo imperativo: Reflexionar para, seguidamente, actuar.

Espíritu brillante, curioso por todo, pero al mismo tiempo preocupado por estar pegado a las realidades, Jacques encarnaba felizmente a ese modelo de “intelectual orgánico” que avanzó un tal Gramsci, a quienes algunos leímos con pasión. Veo de nuevo todavía la cabeza de algunos cretinos reaccionarios que, cuando les hablábamos de Gramsci –que evidentemente desconocían por completo– se escandalizaban: «¡Pero es un marxista!». Pues sí, Ducon, era un marxista. Perteneciente a un género que, a decir verdad, resulta un poco particular. Y que nos enseñó que hay que saber ir a buscar en casa del enemigo los medios para vencerle.

Al hilo de los años y de los decenios, Jacques ha aportado una contribución decisiva a nuestra Lucha de resistencia y de reconquista. Siempre presto para coger al vuelo la idea nueva, el método de trabajo que pudiera reforzar a nuestro campo. Teniendo la misma edad, nos convertimos en veteranos. Pero un servidor apreciaba particularmente en él su disponibilidad, total, para ayudar lo mejor posible a los chavales y chavalas con medio siglo de menos que nosotros que se activaban –¿No es así, Magali?– en el marco de un Movimiento de Juventud caro a los corazones de quienes lo han llevado desde sus fuentes bautismales.

Jacques era uno de los pilares de nuestra Comunidad, esa Comunidad que algunos a veces han pretendido reducir a una mera escuela de pensamiento pero que es mucho más que eso. A riesgo de sorprender o incluso de chocar, afirmo que esa Comunidad tiene primero y ante todo una dimensión religiosa. Como todas las empresas que tienen vocación de jugar un rol en la Historia.

Es por ello por lo que somos unos cuantos en saber que Jacques marcha en Espíritu en nuestras filas. Y es suficiente que el Círculo se forme alrededor del Sol de Piedra, ante un gran roble o al borde de una fuente clara: Mientras que se eleva nuestro canto sagrado, las Oies Sauvages (8), Jacques está ahí, al lado de Jean~Claude, de Jean (9) y de tantos otros, entre nosotros, con nosotros. Y su eterna sonrisa un tanto burlona que alumbra todavía nuestra Memoria nos dice que todo está bien.

Pierre VIAL



Notas de los traductores

(0) Artículo publicado originalmente en el número 52, correspondiente al Solsticio de Verano de 2012 e. c., página de contraportada, de la revista etno-socialista Terre et Peuple Magazine.
(1) Jacques~Yves Bruyas, 15 de Junio de 1943 - 22 de Junio de 2012 e. c.
(2) Tanto es así que, por increíble que pueda parecer, tras haber talado y troceado un árbol para ser convertido en el eje comunicador simbólico del fuego ritual del Solsticio de Verano, en pleno corazón de esa naturaleza que tanto amaba, la muerte estrechaba con lazo fuerte a Jacques al ser aplastado por el mismo árbol, justamente, durante su traslado hacia un campo de alegría transformado en unos instantes en un lugar de duelo.
(3) La “clase del 60” que el fiel poeta catalán, francés y europeo Robert Brasillach cantara en su obra Lettre à un soldat de la classe 60; editada, junto a Les frères ennemis, clandestinamente [Dialogue tragique, Pavillon noir, París, sin fecha (Julio de 1946 e. c.)]. De la que existe una traducción anotada al castellano, Carta a un soldado de la quinta del 60, debida a Joaquim Bochaca i Oriol; editada, junto a Últimos escritos en prisión, en Poemas de Fresnes, por José~Manuel Infiesta i Monterde (Colección ‘El laberinto’, Ediciones de Nuevo Arte Thor, Barcelona, 1977 e. c.).
(4) Fédération des Étudiants Nationalistes o F.E.N., Federación de Estudiantes Nacionalistas.
(5) Groupement de Recherche et d’Études pour la Civilisation Européenne o G.R.È.C.E., Grupo de Investigación y de Estudios por la Civilización Europea. Recordemos también que, no en vano, el nombre de G.R.È.C.E. fue expresa y sabiamente adoptado por sus padres fundadores en aras a su clara alusión a la Grecia clásica, Grèce en francés, por sus evidentes connotaciones simbólicas, mitológicas e históricas, tan caras a todo europeo consciente de sus orígenes y que por ello mismo se precia como tal.
(6) En nizardo, variedad del occitano, Nissa; en castellano, Niza; en francés, Nice.
(7) De Ronéo, marca registrada de un tipo de hectógrafo o multicopista, de donde procede el vulgarismo “roneotipia”. Podría entenderse también como un ciclostil.
(8) Las Oies Sauvages, los Gansos Salvajes, versionada en castellano por Tierra y Pueblo:

Gansos salvajes al Norte van.

La Noche oye su grito.

Atento al Viaje. La Muerte está

acá y allá al acecho. (Bis).

Cae la Noche. Oscuridad.

Viaja, grisácea escuadra.

El Cielo brama y se oyen ya

rugidos de Batalla. (Bis).

Vuela, adelante, armada gris;

pon rumbo a mil y un mares.

Tú, volverás. Yo, no sé...

¿Cuál será mi Destino? (Bis).

Mas como Tú, con Lealtad,

marcho hacia la Guerra.

Murmúrame, si he de caer,

la Última Plegaria... (Bis).

(9) Jean~Claude Valla y Jean Mabire.

Traducción a cargo de Tierra y Pueblo.

UNA TIERRA, UN PUEBLO: EL DERECHO A LA IDENTIDAD DE LOS TUAREGS.


Conformemente a la que siempre ha sido su línea, el movimiento Terre et Peuple ~ Tierra y Pueblo afirma y defiende el derecho a la identidad del pueblo tuareg, que debe traducirse por el reconocimiento de un Estado de Azawad.
Reconocimiento que deben efectuar de hecho tanto el Estado maliense –pues, ¿Quién representa a quién en realidad hoy en día?–, Francia como la comunidad internacional. Sólo tal reconocimiento, que debe ir acompañado de la protección activa de la población tuareg, amenazada por las exacciones del Ejército maliense, puede permitir estabilizar la situación en el Sahel y marginar al máximo a los islamistas que intentan explotar en su provecho las legítimas reivindicaciones de los tuaregs.

Pierre VIAL


Nota:
Artículo publicado originalmente en la página electrónica de Terre et Peuple el Jueves, 31 de Enero de 2013 e. c.
Traducción a cargo de Tierra y Pueblo.

domingo, 3 de febrero de 2013

NUESTRO HONOR SE LLAMA FIDELIDAD

A continuación os presentamos la alocución que ofreció nuestro presidente Pierre Vial, que, acompañado por miembros de Tierra y Pueblo de España, participo en la reunión europeísta del movimiento Acción Europea.


Doy la bienvenida a la iniciativa que ha llevado a esta  reunión de hoy y creo que es un paso importante hacia el logro de ese frente de batalla  identitario europeo que todos deseamos.

Hablo en nombre de Terre et Peuple, para Francia, y en nombre de mis camaradas de Tierra y Pueblo, para España, y Terra e Povo para Portugal, que están en perfecta comunión de pensamiento con nosotros y me han pedido que os transmita su saludo.

Con mi viejo amigo Pierre Krebs ya hace tiempo que venimos trabajando para lograr un frente de batalla identitario europeo, De Lisboa y Madrid a Roma, Belgrado y Moscú. Nuestros esfuerzos están ahora recompensados. Para identificarnos, podemos fácilmente usar el término völkisch, que es otra manera de decir que estamos luchando por los europeos a redescubrir su destino a través de la pertenencia a una comunidad de personas. Comunidad de personas con una base biocultural, lo que significa que, para nosotros, la identidad implica pertenecer a una misma raza y cultura, que se encuentra en un territorio donde están sus raíces. El derecho a la identidad y a las raíces, obviamente, se aplica a todas las personas y es en este espíritu que estamos luchando contra la globalización.

Queremos ser claros acerca de nuestras creencias, por lo que decimos, sin duda o ambigüedad que somos racialistas. Ser racialistas se considera como un factor racial - pero no exclusivamente - en la historia de la humanidad. Por eso le damos tanta importancia a la etno-política que, junto con la geopolítica, es un factor de comprensión y explicación de las relaciones entre los pueblos en la historia, hoy como ayer y como mañana. Por poner un ejemplo, en las noticias, no podemos entender lo que está sucediendo en Mali si no sabemos que las comunidades raciales que habitan este país siempre se han opuesto por antagonismos con sangre, como demuestra en sus libros nuestro amigo y colega Bernard Lugan.

Hoy en día, si queremos despertar a los pueblos de esta Europa cosmopolita con su poder político, económico y cultural anestesiado, se debe hablar con claridad. Por supuesto, esto implica riesgos, pero somos luchadores y no hay combate sin riesgo.

Nuestra misión es despertar la conciencia de la raza blanca, que está amenazada de muerte por los invasores de otros continentes que odian a los blancos. Se desarmó moralmente, intelectual, psicológicamente por el condicionamiento mental infligido en ellos desde 1945 y quiere que nosotros admitamos que somos culpables y debemos expiar por ser lo que somos, es decir, por ser superiores. Son responsables de esta esclavitud las religiones monoteístas del Libro,  los hijos de Abraham que se definen como musulmanes, cristianos y judíos, así como las versiones laicistas del monoteísmo como son el marxismo y el capitalismo. Esta es la razón por la que estamos recuperando la fidelidad a nuestra alma más profunda, a la memoria de largo plazo, el legado de nuestros antepasados, por lo que los pueblos de identidad pagana de Europa se tienen que liberar y ponerse en pie.

Nuestra misión es clara: organizar la resistencia y la recuperación de la identidad, hay que despertar la conciencia de nuestros hermanos y hermanas de sangre. Nosotros somos, debemos ser,  los relojes. Con un lema de la que estamos orgullosos y que es nuestra brújula:

Nuestro honor se llama fidelidad.

Pierre Vial.  Ginebra, 20.01.2013.

Pagina web de Acción Europeahttp://www.europaeische-aktion.org/index_fr.html

domingo, 20 de enero de 2013

LÓGICA ÉTNICA.


«Barack Obama ha construido su victoria sobre la movilización de las minorías (...) Las fracturas étnicas y sociales se ahondan entre dos Américas» (Le Monde, 9 de Noviembre de 2012 e. c.). Sabido es que la palabra “minorías” designa a los no-blancos. Estos han hecho piña para asegurar la victoria de un mestizo, por hostilidad de principio respecto a los blancos, considerados como enemigos. Obama no ha obtenido más que el 39 % de los votos de los electores blancos (y solamente el 25 % de los votos de sexo masculino), mientras que el 93 % de los negros y el 71 % de los “latinos” votaban por él. La demostración es simple y clara: El voto étnico es la clave de la situación política en los Estados Unidos de América, donde la conciencia racial de las diversas comunidades es toda una realidad.
 Sucede lo mismo, cada vez más, en Europa (donde excepto en Francia, entre otras, los blancos siguen estando todavía ampliamente paralizados por los tabúes dictados por las ligas de virtud antirracista... Pero las cosas se mueven, la palabra se libera poco a poco). En Bélgica, durante las recientes elecciones municipales, los electores no-blancos borraron sistemáticamente, sobre las listas presentadas por el partido socialista, en las que figuraban numerosos “belgo-africanos”, los nombres de los candidatos de origen europeo. Resultado: Muchos de estos últimos no fueron elegidos, mientras que numerosos candidatos de origen africano ocupan ahora un escaño en los consejos municipales. Ello se llama la estrategia de la toma del poder étnico, localmente, por las urnas. En espera de lo mejor...
 Otra ilustración de la lógica étnica: Cuando un “franco-argelino” (o un “franco-tunecino”, o un “franco-marroquí”) fallece, su familia lo hace enterrar en Argelia, en Túnez o en Marruecos. Cuando algunos “franco-israelíes” son víctimas de un Mohamed Merah, los difuntos son enterrados en Israel. Tales elecciones son reveladoras: Ante la muerte, se dejan de hacer trampas y la verdad sale a la luz por completo: Un “franco-argelino” es, primero y ante todo, un argelino; un “franco-israelí” es, primero y ante todo, un israelí.
 La política interior de Francia ilustra, también ella, el peso cada vez más determinante del factor étnico. Los partidos del Sistema tienen una gran preocupación por mostrar su alineamiento con las exigencias de una sociedad multicultural, multiplicando, en sus listas de candidatos (en posición elegible) para las elecciones, a los representantes de la “diversidad” con el fin de obtener una representación colorada conforme a los dogmas reinantes –la promoción ministerial de una Christiane Taubira no tiene otra razón de ser–. De manera emblemática, el nuevo secretario general del partido socialista, Harlem Désir, es un mestizo que ha edificado toda su carrera, desde SOS-Racismo (“la Francia de la mezcla”...), sobre esa característica. En cuanto a los medios, las televisiones, en particular, acogen a un número creciente de periodistas y presentadores multicolores. Y encontramos el mismo imperativo en la publicidad.
 Un caso particular es el de la comunidad judía: Pertenecer a ella abre muchas puertas y facilita muchas carreras, más allá de las etiquetas políticas: Si Dominique Strauss-Kahn y Julien Dray han tenido algunas preocupaciones, Laurent Fabius, ministro de Asuntos exteriores, Pierre Moscovici, ministro de Economía, Jean-François Copé, Louis Aliot (vicepresidente del Front National y concubino de Marine Le Pen) están en las primeras filas.
 Basándonos sobre esas realidades, fácilmente verificables, afirmamos pues –y pocos osan hacerlo– que la lógica étnica, unida a un comunitarismo identitario, es una clave fundamental para comprender todo lo que está en juego en el mundo actual y en el de mañana. Quienes niegan esa evidencia, por ceguera ideológica obsesiva, se condenan a no comprender nada del mundo en el que vivimos y en consecuencia a carecer de todo medio de acción sobre él –bien que siendo al mismo tiempo las futuras víctimas de su irresponsabilidad–. Quien siembra vientos, recoge tempestades.
 Pierre VIAL
 Traducido por Tierra y Pueblo.
 Artículo publicado originalmente, a modo de editorial, en el número 54, correspondiente al Solsticio de Invierno de 2012 e. c., página 3, de la revista etno-socialista Terre et Peuple.

viernes, 21 de diciembre de 2012


martes, 18 de diciembre de 2012

LA NAVIDAD SOLAR



Sobre el plano espiritual, la Doctrina debería tener al menos entre otros, dos resultados de una gran importancia. En primer lugar, provocando un retorno a los Orígenes, debería aclara los significados más profundos de la Tradición y de los Símbolos, oscurecidos en el curso de los milenios y que hoy no sobreviven sino fragmentados y bajo la forma de costumbres o fiestas convencionales. A continuación, la Doctrina debería revivificar la Concepción del Mundo y de la Naturaleza, limitar todo cuanto de racionalismo, de profano, de cientifista, y de fenomenológico, desde hace siglos, seduce al hombre occidental; pues todo ello está estrechamente relacionado. En cuanto al sentido viviente y espiritual de las cosas, de los fenómenos, encontraremos las mejores referencias en las concepciones solares y heroicas que son propias a las más antiguas Tradiciones.

    Pocos sospechan hoy que estas fiestas aún celebradas en la época de los grandes rascacielos, la televisión, los grandes movimientos de masas en las ciudades, perpetúan una antiquísima Tradición, que nos refieren a los tiempos donde, casi en el alba de la humanidad, se inició el movimiento ascendente de la Primera Civilización. Una Tradición en la que se expresa menos una creencia particular de los hombres que la gran voz de las mismas cosas.

    A este respecto, es necesario manifestar, ante todo, que en el origen, la fecha de Navidad y la del principio del año, detalle generalmente ignorado, coincidían. Esta fecha no era arbitraria, sino que estaba en relación con un acontecimiento cósmico preciso: El Solsticio de Invierno. En efecto, el Solsticio de Invierno cae el 25 de Diciembre, que posteriormente se convirtió en la fecha de Navidad pero que en el origen tenía un significado especialmente "solar", y esto ya en la Roma antigua. La fecha del nacimiento de Roma era la del nuevo Sol, Dios Invencible (Natalis solis invicti). Con ella, día del nuevo Sol (Dies solis novi) en la época imperial comenzaba el año nuevo, el nuevo ciclo. Pero esta "Navidad Solar" de Roma en la época imperial nos remite a su vez a una tradición más antigua de origen nórdico. Por lo demás, el Sol, la Divinidad Solar, es mencionado ya entre los "dei indigetes". Las divinidades de los orígenes romanos, heredera de ciclos de civilizaciones todavía más antiguas. En realidad, la religión solar del período imperial, fue muy ampliamente recuperada, casi como un renacimiento, lamentablemente alterado por diferentes factores de descomposición, de la antigua herencia.

domingo, 16 de diciembre de 2012

SAINT-LOUP, EL TROVADOR DE LAS PATRIAS CARNALES.


El 16 de diciembre de 1990, murió en París, el escritor Saint-Loup, el trovador de las patrias carnales.

Marc Augier, auténtico nombre de nuestro escritor galo, nació en Burdeos el 19 de Marzo de 1908 y en 1935, siendo miembro del Partido Socialista francés, fundo con unos amigos los “Albergues Laicos de la Juventud”, siendo uno de sus principales animadores e impulsores. En 1936 fue secretario de Estado para deportes y tiempo libre y en 1937, fue delegado por el gobierno francés como representante de su nación al Congreso Mundial de la Juventud, donde escuchó los ataques del “muy neutral” presidente americano Roosevelt contra Alemania, Italia y Japón. Al regresar a Francia, abandona el Partido Socialista Francés y pasa a formar parte de la disidencia del Partido Socialista Nacional de Marcel Déat.

Fue militante nacional socialista y periodista en el periódico La Gerbe de Alphonse de Chateaubriant y fundó la Juventud de la Nueva Europa.

En 1942 combate en la Legión de Voluntarios Franceses (L.V.F.) con el grado de sargento en el frente ruso. Después de haber fundado el órgano de combate europeo de la LVF, se convertirá en editor jefe de la revista de la Waffen SS francesa.

En 1944 es oficial político de la división Waffen SS “Charlemagne”, siendo pionero y divulgador del “europeísmo” frente al “pangermanismo” imperante. El 15 de Abril de 1945, según nos dice J. Bochaca, “abandonó el reducto alpino y regresó clandestinamente a Francia por la montaña”. Huye a Sudamérica y entra como consejero técnico del ejército del General Perón, donde logra ascender hasta el grado de Teniente Coronel y durante su estancia argentina, recorre la Cordillera de los Andes y la Tierra del Fuego. Regresa a su querida Europa, retorna a Francia en 1953 acogiéndose a un indulto del gobierno galo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

CARTA A LAS GENERACIONES IDENTITARIAS


El propósito de estas líneas es informar a los jóvenes identitarios europeos acerca de algunas webs y blogs estadounidenses. Ahora mismo es en EEUU donde podemos encontrar no sólo la vanguardia sino la edad de oro del pensamiento racial blanco (arya, indoeuropeo, o como gustéis). Digamos que los puntos de partida son el darwinismo, la sociobiología y la psicología evolutiva, y la genética, representados por autores ya clásicos como J. Philippe Rushton, autor de ‘Raza, evolución y conducta’, y Arthur R. Jensen (ambos recientemente fallecidos), entre varios otros de no menor importancia (Richard Lynn, Frank Salter…). El teórico más relevante en los momentos presentes es Kevin B. MacDonald, editor de ‘The Occidental Observer’ y ‘The Occidental Quaterley’ y autor de una trilogía indispensable: A people that shall dwell alone, Separation and its discontents, y The Culture of Critique. En ‘The Occidental Observer’ tenemos direcciones de importantes blogs y webs como ‘American Renaissance’ (Jared Taylor), ‘VDare’ (Peter Brimelow), o ‘Counter Currents’ (Greg Johnson), entre muchas otras. En ‘The Occidental Quatterley’ y en ‘American Renaissance’ encontraréis secciones (‘’back issues’ y similares) donde podréis descargar archivos pdf de sus pasadas publicaciones. La nómina de autores es extensa y los trabajos son de altísima calidad, y con una clara conciencia de sus raíces étnicas y culturales.

Ante el panorama un tanto exhausto y errático de las publicaciones europeas (restos del cometa GRECE) y ante las ambigüedades y titubeos de De Benoist (con sus citas bíblicas) y Faye con las ‘raíces’ judeo-cristianas de Europa (después de sus sonoras declaraciones ‘paganas’), y las veleidades de otros (Bouchet) con el islamismo (apelando torpemente al dicho ‘el enemigo de mi enemigo’), estas publicaciones que digo suponen una renovación y una profundización del temario racial blanco y son fundamentales para nuestra causa.

Extraigo algunos puntos de la declaración de Alianza por las libertades a la que pertenece Faye:
*L’Alliance pour les libertés se reconnaît dans les valeurs essentielles de la civilisation judéo-chrétienne qu’elle se propose de défendre et de promouvoir.
*L’Alliance pour les libertés affirme son attachement à la communauté euro-atlantique et sa totale solidarité à l’égard de l'État d’Israël.
*L’Alliance pour les libertés condamne le racisme, l’antisémitisme, le négationnisme et toute vision ethnique de la société.

A este respecto puede consultarse el artículo de Michael O´Meara (G. Faye y los judíos) y el de G. Faye (Llamada a los jóvenes europeos), publicados ambos en TOQ, este último con los comentarios de M. O´Meara y Greg Johnson.
El filo-judaísmo de Faye es compartido por la mayoría de los partidos nacionalistas europeos (caso holandés (Wilder), o suizo (Freysinger), entre otros), así como el apelar constantemente a las raíces judeo-cristianas de Europa. De este modo han terminado los discursos, y los políticos, de la nueva derecha europea, cortejando –sin éxito, por lo demás– a los judíos. Esta falta de claridad, de norte, de dignidad… Para terminar con este asunto consúltense estos dos artículos de Kevin B. MacDonald publicados en TOO: The Wilders Syndrome y Geert Wilders´ Unrequited Love.

Espero que esta información contribuya a aclarar y a reforzar intelectual y espiritualmente nuestras posiciones y nuestra causa.
Nuestra raza; Europa, nuestra tierra sagrada; y nuestras culturas. En estos tres pilares consiste nuestra causa. No más allá.
Las circunstancias actuales son apremiantes, y angustiosas. Tienen algo de batalla final. Desde la cristianización, y la consiguiente pérdida de nuestras culturas autóctonas (mediante la cristianización también fuimos judaizados, no lo olvidemos), no padecemos un peligro semejante.

El universalismo cristiano que nos vendían aquellos judíos apóstoles de la gentilidad, y que acabó destruyendo nuestras culturas, es muy parecido al universalismo o internacionalismo que hoy nos vuelven a predicar los mismos judíos (Marx, Adorno, Marcuse, y tantos otros). Son judíos los grandes teóricos y promotores de la inmigración y el multiculturalismo en nuestras tierras. También tienen sus conversos –contrarios a ‘toda visión étnica de la sociedad’. La prédica actual se agrava con la presencia en nuestras tierras de millones y millones de musulmanes asiáticos y africanos. El Islam de Mahoma es otra ideología semita universalista y totalitaria. Es ya milenaria la ofensiva semita (judía, cristiana, y musulmana) contra los pueblos blancos.

En virtud de esta masiva presencia extranjera en nuestras tierras, esta vez nos lo jugamos todo: nuestra tierra, nuestras culturas, y nuestra misma existencia. Necesitamos brigadas blancas. Un ejército blanco, claro, limpio, puro. No queremos a otra gente ni a otros pueblos a nuestro lado. Esta es nuestra guerra; la guerra de los pueblos blancos contra un enemigo ancestral; un enemigo que hace cientos de años que procura nuestro mal y busca nuestra destrucción.

Manu Rodríguez. Desde Europa.


domingo, 9 de diciembre de 2012

CASTILLA IDENTITARIA.



¿Qué opinas sobre el tren regional a Cuenca que da servicio a la Tierra de Requena?
Ante los últimos acontecimientos que se prevén para Cuenca y su provincia hemos abierto una encuesta en la banda izquierda de nuestra página web para conocer la opinión de los lectores. Según parece el Consejo de Ministros va a reunirse antes de Nochevieja para decretar la supresión de la línea de ferrocarril convencional Madrid-Cuenca-Valencia que da servicio a los pueblos del trayecto y es hoy por hoy el único servicio ferroviario que comunica la ciudad de Cuenca con la Tierra de Requena.

El Ministerio de Fomento alega pérdidas por valor de 7,8 millones de € anuales, pero lo cierto es que la línea sufre parones periódicos por el deterioro de equipos y desde el ente público no se ha invertido en este servicio desde hace años. Tanto es así que la Plataforma por el Ferrocarril Social de Cuenca asevera que en la actualidad el trayecto Cuenca-Valencia en ferrocarril dura 1 hora más que en 1970, lo cual da idea del abandono que ha sufrido la línea en los últimos años.

Por ello desde la Asociación Socio-Cultural Castilla, como colectivo interesado en el desarrollo socio-económico y en la concienciación histórico-cultural de nuestro Pueblo, te animamos a que participes en nuestra encuesta. Puedes hacerlo en:


miércoles, 28 de noviembre de 2012

VIVIMOS UNA ÉPOCA OSCURA.



Vivimos una época oscura. Eso lo sabemos. Y nos preguntamos: “¿Aún es posible una oscuridad mayor?” Algunos podrán dudar. Pero nuestra obligación es pensar que aún todo más oscuro puede ser. No se trata de ser pesimista, sino de ser realista. ¿Qué indicios pueden haber para pensar que a partir de ahora vuelva la Luz? ¿Quizás el Enemigo, cansado del poder y de la riqueza va dejar paso a su propia muerte? Hoy más que nunca, el Enemigo se pasea a sus anchas por todos los rincones del mundo. Hoy más que nunca, el Enemigo ha conquistado todos los reinos de la Tierra.

Y es más, hoy, como nunca había sucedido antaño, el Enemigo ha triunfado en el Alma de casi todas las personas. Algunos sueñan con la alternativa política al Sistema, Como si la situación pudiese cambiar fácilmente convenciendo a la gente por unos votos. Si la situación es así, o incluso mucho peor, sin entrar en detalles que todos conocemos, ¿Puede decirse que no hay esperanza? La Esperanza hay que forjarla a través del conocimiento de la Realidad, Nunca confundirla con la pueril ingenuidad. Primero hay que ser conscientes de la total oscuridad, Y más aún, de la oscuridad aún mayor que se acerca. A partir de esta conciencia puede nacer la verdadera Esperanza. Es de ley divina y natural que la Luz siempre llega después de la Oscuridad. Y es de ley divina y natural que para obtener un fruto, antes hay que sembrar. Nosotros, desde todos los rincones del mundo, Hemos heredado la Semilla. Pero vemos con dolor que no todos los poseedores de esta sagrada Semilla saben siempre sembrarla en campo fértil.

Estos tiempos no suponen un buen clima para que nuestra semilla germine. No se puede sembrar donde ya se sabe que no podrá fructificar. Hoy no podemos crear grandes bosques con nuestra Semilla. Hay que ser inteligentes. Construyamos primero pequeños viveros. Tendremos que pasar muchos años, muchas generaciones, creando nuestros viveros. Si no existe ese vivero, nunca podrá  regenerarse el planeta. Muchos hablan con miedo de posibles catástrofes ecológicas o nucleares. Pero en el Alma del mundo esa catástrofe ya ha sucedido. Si volviesen los tiempos propicios y no hubiese un vivero bien cuidado y preservado. ¿Quién tomaría el relevo de la alternativa? Solo habría lugar entonces para los falsos profetas. Al Enemigo es fácil de reconocer, pero ¿cómo reconocer a los falsos profetas? Sólo aquél que ha sido criado en el Vivero de la Verdad Eterna podrá reconocer a los suyos Y podrá fácilmente desenmascarar a los farsantes.

Ustedes, Amigos, deben saber que no están solos. También hacia el Sur se extendió la semilla del Norte. También allá llegaron aquellos sembradores que lo perdieron todo en este mundo, Y se convirtieron en Peregrinos sin patria. Pero esos Peregrinos fueron humildes sembradores Y entregaron su semilla a dignos continuadores, Y de esos continuadores queremos, aún hoy algunos jóvenes, Seguir siendo dignos sucesores. El legado más importante de esta enseñanza es la que nos dice Que nuestra única Riqueza reside en nuestra Sangre. Somos personas sin edad y fuera del tiempo.

Venimos del pasado. Vivimos intensamente el presente. Y nos proyectamos en la inmortalidad del Futuro.

Después de la Guerra, una foto dio la vuelta al mundo.

Era una frase que apareció en una ventana del Berlín destruido:
“CEDIERON NUESTROS MUROS PERO NO NUESTROS CORAZONES”.

Y esos Corazones, hoy somos Nosotros. NUNCA OLVIDEMOS.

Enric.