sábado, 31 de mayo de 2014

EL “BUDISMO ARISTOCRÁTICO” DE JULIUS EVOLA


El “Budismo aristocrático” de Julius Evola

Era 1943 e. c. cuando Evola publicaba La dottrina del risveglio (La doctrina del despertar), o sea, un momento en que la Historia daba un trágico giro, en particular en Italia, donde el estallido de una de las más crueles guerras civiles se injertaba en un conflicto mundial que parecía haber echado a doblar las campanas pregonando la muerte de la cultura europea. Ciudades enteras, transformadas en piras, habían dejado de existir, y esto no era más que el preludio del inminente Apocalipsis... En esta atmósfera trágica, cuando cabría haber esperado de los intelectuales una actitud combativa, fundada sobre los valores de la acción, del coraje y del heroísmo, Julius Evola daba a leer a su público un libro ¡sobre Budismo! Habida cuenta de la imagen que Occidente se había formado de las tradiciones orientales y más en particular de la enseñanza de Sakiamuni, cabe pensar que entre los numerosos posibles lectores de obra tan inesperada en un período crucial de la Historia de Italia, hubiera quienes vieran en este “ensayo sobre el ascetismo budista” una especie de ¡provocación! Tanto más que los orígenes aristocráticos del autor no parecían predisponerlo, en modo alguno, a interesarse de manera particular por una religión donde los monjes, ajenos al Mundo, desempeñan el papel principal.

Se trataba, en realidad, de un malentendido. Se olvidaba, por ejemplo, que el futuro Buda era también de estirpe noble o, más exactamente, era hijo de rey y príncipe heredero y había sido educado en vistas a que un día heredaría la corona. Se le había enseñado la profesión de las armas y el arte de gobernar y, a la edad justa, se había casado y tenido un hijo. Cosas, todas éstas, que evocarían más la formación física y mental de un futuro samurái que la de un seminarista que se prepara a tomar las órdenes. Un hombre como Julius Evola era el más apropiado para disipar tal error.

Y lo hace en dos frentes: Por un lado, no deja de recordar en su libro cuáles fueron los orígenes de Buda, el príncipe Sidarta, destinado al trono de Kapilavastu; por otro, se empeña en demostrar que el ascetismo budista no es una resignación pusilánime frente a las desgracias de la vida, si no un combate de orden espiritual no menos heroico que el de un caballero en el campo de batalla. Como dice el propio Buda (en Mahavagga, II, 15): «Mejor morir combatiendo que vivir como vencido». Tal resolución coincide con el ideal de Evola de triunfar sobre las resistencias materiales con el fin de alcanzar el Despertar a través de la meditación; no obstante, hay que señalar que el vocabulario guerrero está contenido en los escritos más antiguos del Budismo, o sea, los que mejor reflejan la enseñanza viva del maestro. Evola se entrega incansablemente a borrar esa imagen flaca y desteñida que Occidente se ha creado de una doctrina que en sus orígenes se la quería aristocrática y reservada a “campeones”.

Es sabido que después de Schopenhauer, en la cultura occidental, se difundió la idea de que el Budismo enseñaba una doctrina de renuncia al Mundo, entendida como actitud pasiva: «Dejemos que las cosas sigan su curso; al fin y al cabo, no nos interesan». Dado que en este mundo inferior “todo es malo”, sabio es aquel que, como San Simeón Estilita, se retira, si no a vivir sobre una columna, por lo menos a un lugar aislado para meditar. Y la imagen más corriente que nos hacemos de los budistas es la de monjes con hábitos de color azafrán que van mendigando su alimento y no hacen –según se cree– más que recitar textos aprendidos de carrerilla, puesto que la oración propiamente dicha está prohibida, por lo cual su religión se antoja una forma de ateísmo.

Evola demuestra muy bien que esa noción del Budismo está radicalmente falseada por una serie de prejuicios. ¿Pasividad? ¿Inacción? ¡Todo lo contrario! Buda no cesa de exhortar a sus discípulos a “esforzarse por la victoria” y él mismo, en el ocaso de su vida, podrá decir con ufanía: «Katam karaniyam» (“¡Lo que debía hacer lo he hecho!”). ¿Pesimismo? Es cierto que Buda, tomando una fórmula del Brahmanismo, religión en la que había sido educado antes de partir de Kapilavastu, afirma que sobre la Tierra “todo es sufrimiento”; pero es así, aclara él mismo, porque esperamos que nuestros actos nos reporten de inmediato beneficios concretos. Los guerreros arriesgan su vida por el ansia del saqueo y por el placer de la gloria; pero quedan inevitablemente decepcionados: El botín es magro y pronto malversado y la gloria se marchita con rapidez... Mas si se toma conciencia de este estado de cosas –he aquí un aspecto del Despertar–, el pesimismo se disipa, por cuanto que la realidad es la que es, ni buena ni mala de por sí: Pertenece a un devenir que no puede ser interrumpido. Es preciso vivir y actuar, pues, a sabiendas de que para nosotros ha de contar sólo el instante. Por lo tanto, el deber (el dharma) se afirma como la única referencia válida: “Haz lo que debes”, o sea, “haz, pero de modo que tu actuar sea del todo desinteresado”.

Se adivina cómo Evola no ha tenido que fatigarse mucho para mostrar que este ideal es el de los caballeros andantes de nuestro Medievo, los cuales ponían su espada al servicio de toda causa noble, sin aguardar recompensa alguna. Combatían porque un día fueron preparados para rendir tal servicio y no para enriquecerse despojando a sus adversarios. ¿Eran pesimistas? Desde luego que no, si al concluir su vida podían decir, como Buda: “¡Lo que debía hacer lo he hecho!”. Tampoco eran optimistas, puesto que el principio “todo marcha bien en el mejor de los mundos posibles” no es menos ilusorio que su contrario.

Por fin, el término de “ascetismo” es susceptible de generar errores en quien observe el Budismo desde el exterior. Evola recuerda, a tal propósito, que el sentido original de esta palabra es “ejercicio práctico”, “disciplina” y, se podría decir también, “aprendizaje”. Mas no, como estamos inclinados a creer, una voluntad de mortificación ligada a la idea de penitencia que llega, por ejemplo, a la autoflagelación, pues “es preciso sufrir para expiar los propios pecados”, si no una escuela de voluntad, un heroísmo puro –o sea, desinteresado–, que Evola, conocedor de la materia, parangona con el esfuerzo del alpinista. Para el profano, la escalada es un esfuerzo inútil; para el alpinista, es un desafío que se lanza a sí mismo con el solo propósito de poner a prueba su valentía, su perseverancia y, eventualmente, su heroísmo. Hay aquí una actitud que el Brahmanismo conocía ya bajo ciertas formas del yoga, en especial las tántricas. A esto, Evola, unos años antes –concretamente, en 1926 e. c.–, había dedicado el libro L’uomo come potenza (El hombre como potencia).

En el ámbito espiritual el modo de proceder es el mismo. Buda en determinado momento, según se sabe, estuvo tentado de una forma de ascetismo semejante a la del ermitaño del desierto; ayunos prolongados, prácticas tendientes a “quebrantar la resistencia del cuerpo”, etc. Pero llegó a ser verdaderamente él mismo, accedió al Despertar, sólo cuando comprendió que este camino no llevaba a ninguna parte. Con gran escándalo de sus primeros discípulos dejó de mortificarse, comió hasta satisfacer el hambre y volvió a mezclarse con el mundo de los hombres. Pero a partir de entonces comenzó a actuar con desprendimiento: El Mundo ya no podía hacer presa de él, que se había convertido en un “héroe”, como habrían dicho los griegos antiguos, o casi un Dios.

Tal es el significado profundo de la enseñanza del príncipe Sidarta, transformado en “el Despertado”, el Buda, o “el asceta salido de la dinastía real Sakia (Sakiamuni)”. Y todo el valor del libro de Evola está en poner de manifiesto este Budismo auténtico. Para ello recurre masivamente a las fuentes originales, las recogidas en el canon en lengua pali, la lengua utilizada por Buda en su predicación. Aunque se trata siempre de una erudición mantenida bajo control, que no se tiene ella misma como fin, cual a menudo ocurre con los especialistas, si no que cumple su papel, esencial pero subalterno, de medio de demostración. La obra de Evola, como él mismo recalca en el título, es un “ensayo”, un compendio, no una summa. No es una historia del Budismo primitivo, antes bien una reflexión sobre la verdadera naturaleza del ascetismo budista y sobre su posible integración en el mundo moderno.

¿Quién puede saber lo que Evola pensaba mientras escribía este libro? Por mi parte, me inclino a creer que, presintiendo la tragedia inminente, quiso ilustrar la virtud de la perseverancia y de la fidelidad, aunque el combate no tuviera camino de salida. Y cuando, en 1945 e. c., recibió en Viena la terrible herida que lo dejó inmovilizado los treinta años que aún le quedaban por vivir, se puede creer que, sobreponiéndose a sus sufrimientos y a su desazón por no poder ya escalar las cimas que siempre le habían atraído, se dijo que, como fuera, había hecho lo que debía hacer, habiendo nacido tal día y en tal lugar: Testimoniar la verdad. Y si, por desgracia, en esta edad oscura en la que el Universo se precipita hacia su fin (necesario para que aparezca un Mundo nuevo, según la doctrina cíclica del tiempo), la gente no es capaz de recibir tal testimonio, ¿qué más da? Como dijo el propio Buda: «Quien ha despertado es semejante a un león que ruge hacia las cuatro direcciones del espacio». ¿Quién puede saber cómo resonará el eco de este rugido? Como quiera, es el rugido de un vencedor y esto es sólo lo que cuenta.

Jean Varenne,
Doctor en Letras, indólogo, cofundador y Presidente del G.R.E.C.E.

viernes, 25 de abril de 2014

lunes, 21 de abril de 2014

Primer coloquio sobre Dominique Venner



El primer simposio sobre el trabajo y las ideas de Dominique Venner se celebrará 17 de mayo 2014 en la Maison de la Chimie , en París, a partir de las 14.30 ( 28 rue Saint- Dominique 75017 Paris ).

Las intervenciones del programa :

- " Dominique Venner , historiador y ensayista de la historia" por Philippe Conrad
- " Dominique Venner , Corazón rebelde" por Pierre -Guillaume Roux
- " Las lecciones del Samurai " de Javier Portella
- " Dominique Venner visto desde Italia " por Casapound
- "El espíritu del Cuerpo Franco " de Bernard Lugan
- " Un ejemplo de la participación " de Alain de Benoist

También marcará el lanzamiento de la reedición de Corazón rebelde por Éditions Pierre -Guillaume Roux.

El cupo es limitado, así que recomendamos que se use la compra de entradas online.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Chiítas y sunnitas


Adjuntamos un enlace a un interesante documental de poducción iraní, concretamente de Hispan TV, en el que se explica para el publico neofito, la manipulación a la que estan siendo sometidas las distintas sectas sunnies para sembrar el caos y la guerra entre los musulmanes. Fruto de esta manipulación es la actual invasión de elementos yihaddistas que esta sufriendo Siria, asi como los constantes ataques y atentados entre las distintas facciones islamicas en todo el mundo musulman.




viernes, 7 de marzo de 2014

LA BÚSQUEDA DE MIGUEL SERRANO EN INDIA



Medio siglo después de su primera edición, vuelve a imprimirse La Serpiente del Paraíso, uno de los libros más profundos e importantes de Miguel Serrano, mi padre, en el cual relata su búsqueda por las ciudades, valles, ríos sagrados, altas cumbres, templos y “ashrams” de la legendaria India. Vivió allá por diez años como un peregrino más, pero no cualquier peregrino, pues en realidad tenía la sagrada misión de encontrar el Monte Kailás en algún recóndito lugar del alto Himalaya, cercano a la frontera con el Tíbet. En el interior de ese monte estarían los Guías de la orden a la cual perteneció mi padre, quienes eran poseedores de antiguas sabidurías y las lenguas olvidadas de los atlantes, o quizás de sus antecesores.

Fue aquel un viaje místico que se realizó por el mundo exterior e interior, y aunque tuve la fortuna de acompañarlo junto a mi madre y hermanos durante un extenso periplo por esa nación, era yo demasiado joven para darme cuenta de la real importancia de su paso por India. Pero luego, con el devenir del tiempo, vendría a descubrir esta trascendencia y su “dimensión cuasi cósmica”, como se podría decir. Artículos en la prensa de Nueva Delhi, libros de swamis como Bhagwan Shree Rajneesh, lo mencionaban con profundo respeto y admiración. Fue realzado mucho más en el extranjero que en su propio país, situación que no me parece extraña conociendo ciertos rasgos muy típicos de Chile, sobre todo su tacañería intelectual.

Ahora entiendo con absoluta claridad que él fue un chileno -diplomático por añadidura-, que se identificó, como muy pocos han logrado hacerlo, con las costumbres, religión, filosofía y mitología hinduistas. Sin embargo, cuando vivíamos en India era simplemente mi padre, el hombre y el amigo a quien tanto quise, y que ahora me visita en sueños. Y regresan a mi mente aquellos viajes que realizamos juntos, como si el tiempo se hubiese detenido por unos instantes…

Recuerdo que en una ocasión nos dirigimos en automóvil hacia Rishikesh, a orillas del Ganges, puerta de entrada hacia el alto Himalaya donde residen las deidades Shiva y Vishnú. Era muy temprano por la mañana y un Sol inmenso aparecía en el horizonte para entibiar el paisaje. Pronto el calor comenzaría a caer desde el cielo, surgiendo también desde las profundidades mismas del suelo polvoriento. A esa temprana hora se observaba una caravana permanente de hombres, mujeres, camellos y carretas, desfilando por el borde del camino ante nuestros ojos atónitos. Un paisaje externo que se repetiría mil veces durante el largo peregrinaje de mi padre por India.

Ya en Rishikesh conoceríamos al Swami Sivananda y su famoso “ashram”. En anteriores visitas el Swami le había contado a mi padre sobre sus experiencias en el sagrado Kailás, mencionando que en el monte propiamente tal no había ningún monasterio habitado por seres especiales, como brahmanes y siddhas; ninguna sombra extraordinaria, ninguna luz singular emanaba desde la montaña. Aunque éstas deben haber sido palabras decepcionantes, no impidieron que mi padre continuara su búsqueda a lo largo y ancho de la India milenaria con el propósito de encontrar una entrada que le permitiera acceder a esa otra dimensión, donde él creía que habitaban los gigantes y los héroes de antaño.

Apropiado es recordar todo aquello en estos momentos, cuando se cumple un lustro desde su partida hacia las estrellas y el firmamento.


JOSÉ MIGUEL SERRANO

miércoles, 5 de marzo de 2014

martes, 4 de marzo de 2014

SUBVERSIÓN EN UCRANIA


Vale la pena seguir con atención los acontecimientos de Ucrania, que se encuadran en la penetración hacia el Este de la OTAN – es decir el brazo armado del mundialismo anglosajón – y su vasallo la Unión Europea. Porque parece bastante claro que la revuelta en Ucrania que ha depuesto a su presidente Yanukóvich (elegido en 2010, recordemos, en elecciones por todos consideradas bastante correctas) ha sido fomentada por Occidente.

Han sido tres meses de protestas culminadas en una mini revolución, en la cual – como en toda revolución – grupos bien organizados y encuadrados han aplicado la fuerza en el momento oportuno y han dirigido a las masas o han canalizado su furia. No se quería esperar a nuevas elecciones para acabar con el gobierno, se tenía mucha prisa. Suponiendo que los ucranianos en general y en todo el país estuvieran tan hartos de Yanukóvich como nos dicen, porque quizás el presidente habría cambiado pero difícilmente se habría instalado en el poder un gobierno tan pro-occidental y anti-ruso.

¿Manifestaciones de masa espontáneas? ¿Una protesta ciudadana multitudinaria con una tal capacidad de combate, con policías linchados y edificios del gobierno quemados, porque no se ha firmado un acuerdo comercial con Europa? ¿Esto es lo que pretenden que creamos?


Por otra parte un movimiento de este tipo y con esta fuerza no sale de la nada, ni se le puede crear desde el exterior. Ciertamente existía mucho descontento en el país, y no se lo ha inventado Occidente. Pero lo que sí se puede es fomentar la subversión y aprovechar los conflictos existentes, según técnicas que han sido repetidamente empleadas en los últimos años y dejan muy lejos las técnicas de subversión comunista de la Guerra Fría.


La famosa subversión comunista de la segunda mitad del siglo XX, en efecto, se queda como algo superado y cosa de aficionados, bien poco en comparación con las modernas ONG’s y fundaciones regadas con los ríos de dinero del poder financiero internacional, con las técnicas se subversión a distancia a través de Internet, el espionaje telemático, y en fin los medios de comunicación de masas globales. Medios que, como comprende a estas alturas cualquiera que no se tape voluntariamente los ojos, siguen directivas ocultas y férreas que vienen de arriba, rígidamente alineados en una propaganda convergente.

Es totalmente evidente que se ha tratado, en esta pequeña revolución ucraniana, de una revuelta cultivada durante varios meses de agitación, canalizando un descontento popular existente. En su fase final llevada a cabo, en un momento bien elegido, con una estrategia militar de guerrilla urbana y tropas de choque bien encuadradas y adiestradas; una fuerza de choque que ha llevado el peso principal de los combates y tras la cual no es difícil adivinar las milicias paramilitares de partidos patrióticos, en primer lugar Svoboda que es el más combativo: Es un movimiento cuyas ideas desde luego no cuadran con la degeneración social propugnada por Occidente (comentaré esto después) pero que, en nombre de la lucha contra Rusia, ha combatido en un golpe organizado por Occidente.

Acompañando la lucha política sobre el terreno, en el frente virtual y mediático de la opinión pública los medios de comunicación afines han cumplido fielmente con la parte que tenían encomendada.


Naturalmente también los medios rusos presentan las cosas a su manera, pero tras haber leído varios artículos de una y otra parte debo decir que sus análisis son mucho más equilibrados y significativos, aun defendiendo generalmente el punto de vista ruso. Los medios occidentales en cambio raramente se elevan sobre el nivel de una burda propaganda y una tendenciosidad absolutamente falta de pudor.


La elección de las palabras nunca es casual: es curioso cómo en algunos artículos se habla del “pueblo” ucraniano que se ha rebelado y, en cambio, del “populacho” en Crimea que se siente ruso. Así como los medios hablan del autoproclamado gobierno de la región de Crimea, que no acepta el nuevo poder y terminará probablemente uniéndose a Rusia antes o después. Por lo visto no es autoproclamado el gobierno de Kiev que ha derribado con la fuerza el anterior, de manera totalmente ilegítima desde el punto de vista del sistema democrático.


Pero esto no es nada nuevo: quien tenga algo de memoria recordará cómo durante las guerras yugoslavas en los años 90 eran autoproclamadas la república serbia de Bosnia y la Krajina en Croacia (esta última invadida por los croatas que expulsaron a 700.000 serbios) porque se había decidido que estos últimos eran los malos. En cambio no eran autoproclamadas las repúblicas que se separaban de Yugoslavia y no era autoproclamado el Kosovo, porque Occidente les apoyaba.


Y no sólo son abiertamente tendenciosos los artículos generalistas, digamos para las masas, sino también en los que se presentan como análisis en profundidad, destinados a quien tiene la paciencia de leerlos. Es un signo interesante de que las élites occidentales empiecen a confundir la realidad y la propaganda. Pero es natural al fin y al cabo: quien admite defender sus intereses y los de su gente es siempre más honesto de quien hipócritamente se arropa de superioridad moral en nombre de pretendidos principios universales. Este último, con el tiempo, pierde hasta la capacidad de ver la realidad porque en mayor o menor medida termina creyéndose su propia propaganda.

Y los modernos misioneros occidentales del libre mercado, el orgullo gay, la ideología de género y la tiranía del neofeudalismo del dinero – que todo hunde la raíz en el mismo suelo como he comentado en otras entradas – se creen realmente los salvadores de la humanidad.

Volviendo a lo de Ucrania, subrayemos una vez más que ha sido a todos los efectos un golpe de Estado, resultado de una insurrección apoyada y fomentada por Occidente. Un ejemplo de este apoyo es el discurso inflamatorio de Bernard Henry-Lévy frente a la multitud en Kiev el 9 de Febrero.



¿Qué se le había perdido en Kiev a nuestro conocido “filósofo” (además de apreciado consejero del gobierno francés y apologista de todas las recientes agresiones y campañas terroristas apoyadas por la OTAN como en Libia y Siria)? Pues iba a incitar a la rebelión contra el gobierno del país y a derribarlo con la fuerza.

Es superfluo indicar que si un agitador extranjero fuera enviado a Estados Unidos o cualquier otro país para incitar al derrocamiento del gobierno con la violencia, está bastante claro que sería inmediatamente arrestado y puesto de patitas en la frontera. Pero es que el Lévy ha sido sólo uno de los agitadores enviados por la Unión Europea y EEUU a Ucrania; otro ha sido el yanqui John Mc Cain que ha sido últimamente un habitual en los movimientos de oposicion ucranianos, sin olvidar en fin el grifo del dinero que seguramente habrá estado bien abierto.


Una vez hecha la jugada, ante la irritación y las acusaciones por parte de Rusia, Obama y otros políticos americanos han deplorado la “mentalidad de guerra fría” de Rusia que ve el mundo como “un tablero de ajedrez”, advirtiendo que se debe respetar la integridad territorial de los países y no intervenir con tropas.


No dejan de ser curiosos estos sermones viniendo de donde vienen, pero claro, hay que entenderlos y descodificarlos en cristiano. Lo que quieren decir en realidad es que la guerra fría continúa y el tablero de ajedrez existe pero sólo ellos pueden mover las piezas; que ellos pueden desestabilizar y subvertir un país mientras los demás deben estar atados de pies y manos, limitándose a aceptar los hechos consumados.


Sobre la soberanía y la integridad territorial harían mejor en callar, porque tiene cojones que digan esto quienes en los últimos quince años han invadido Irak y Afganistán, han agredido Serbia para quitarle una provincia y derribar su gobierno, han provocado una guerra civil en Libia interviniendo para dar la victoria a sus protegidos y han intentado hacer lo mismo en Siria, donde no han tenido escrúpulos en utilizar su franquicia de terrorismo islámico Al Qaeda® para subvertir y destruir el país.


Como podemos ver, la superioridad moral del Yes We Can y sus compadres es apabullante, cualquiera que no esté de acuerdo es un malvado o defiende oscuros intereses. Después de todo tiene el Premio Nobel, aunque se lo hayan dado porque es moreno.

La retórica democrática y derechohumanista se muestra, una vez más, por lo que es: una colosal verbena de cinismo e hipocresía.


Una mención especial merece la participación en la revuelta ucraniana de los movimientos nacionalistas como Svoboda, que han jugado un papel fundamental y representan también – especialmente el partido citado - una gran fuerza, sea a nivel electoral que en la calle con su combativa militancia. Este hecho se está pasando bajo silencio en los medios occidentales y no es difícil comprender por qué. La ideología de Svoboda en muchos aspectos está en línea con los movimientos patrióticos y antimundialistas de los países occidentales, su visión del mundo se basa en valores cristianos, rechazan el liberalismo y el capitalismo de la democracia occidental, así como como el culto del libre mercado.


Yo sí les invitaría a comer a mi casa, pero para la ideología que domina Occidente son impresentables desde la cabeza a los pies.


En efecto, su programa comprende, en lo social y económico, la inalienabilidad de la tierra y la restricción de su comercio, el control sobre la economía con un importante sector bancario estatal y controles sobre el Banco Central, la tendencia a la autarquía con la defensa del producto nacional y la protección de agricultura e industria, la propiedad pública de los servicios esenciales, la lucha contra el aborto, la defensa de la familia y el rechazo de la propaganda de las desviaciones sexuales. Así como criterios étnicos para la ciudadanía y el fomento de una educación patriótica.

En lo político la esencia de sus posiciones consiste en la oposición a Rusia y la eliminación de su influencia en Ucrania, un poco como una de las aspiraciones de los movimientos patrióticos en Occidente es la liberación de la OTAN y la influencia americana. Pero en el caso de Svoboda llegan auna rusofobia explítica y persecutoria hacia su propia población rusa o de habla rusa, con un programa agresivo de normalización lingüística que no sólo fomenta el ucraniano sino que quiere perseguir el ruso, y a la misma población rusófona o de etnia rusa – ignoro hasta qué punto es posible distinguir étnicamente rusos y ucranianos – así como varios otros puntos que traen a la memoria la “ley de memoria histórica” del Z-Infame en nuestro país.

En lo militar, evidentemente con un enfoque antirruso, aspiran al rearme convencional y nuclear, así como buscar la protección de EEUU y Reino Unido (evidentemente les resulta claro quién manda en la OTAN y que los demás “aliados” cuentan como un cero a la izquierda).


Nada habría que objetar contra buena parte de este programa, al contrario, muchas cosas me parecen excelentes y deseables, además de necesarias en cualquier movimiento de liberación europea.


Sobre la parte geopolítica de su programa, probablemente sean inevitables las posiciones antirrusas en un movimiento patriótico, dado el peso de la historia que tienen en común con un largo período de dominio ruso, y el desorden que dejó la disolución de la Unión Soviética. Por limitarnos a la historia más reciente, hubo un movimiento de resistencia antisoviético en Ucrania hasta bien entrados los años 50, apoyado por Occidente, y muchos patriotas ucranianos reivindican explícitamente el período de la Segunda Guerra Mundial en que un estado ucraniano satélite de Alemania combatió contra la Rusia de Stalin.


Las primeras acciones llevadas a cabo tras la toma del poder, como abolir la oficialidad de la lengua rusa en todas las regiones y abatir símbolos y monumentos relacionados con Rusia, indican el papel importante, si no principal, que tienen el nacionalismo y en particular Svoboda en la nueva etapa. Lo que quieren en primer lugar es dejar claro que son antirrusos, aunque con estas provocaciones esencialmente inútiles lo que van a provocar es una fractura del país, cada vez más si siguen a ultranza en esta línea. Y en el momento en que escribo estas líneas regiones enteras están mostrando su rechazo al nuevo gobierno, no solamente en Crimea donde las tropas rusas ya han intervenido. Veremos cómo sale al final todo esto.


Naturalmente es para utilizarlos como arma contra Rusia y en virtud de esta parte de su programa, que Occidente ha apoyado a los movimientos patrióticos ucranianos, a pesar de la afinidad de éstos con el “área” identitaria o – en jerga mundialista – de extrema derecha, en lo social y económico. De hecho si fuera un partido en un pais occidental los pondrían de neonazis para arriba. Y quizá lo hagan cuando llegue el momento de desembarazarse de ellos.


Porque ese momento llegará si Ucrania o una parte de ella se estabiliza en la órbita occidental. Es difícil descifrar el juego que llevan Svoboda y los patriotas ucranianos, porque seguramente Occidente les ayudará a separarse de Rusia y también a potenciar su ejército, aunque desde luego se pueden olvidar de las armas nucleares. Pero si piensan que el Occidente de los “matrimonios” y las adopciones homosexuales, exportador de degeneración moral y social, les va a permitir una política de defensa de valores cristianos y tradicionales, van de culo.


Como también van de culo si piensan que van a dejarles controlar el Banco Central, la moneda y la economía, si creen que van a poder proteger la industria y la agricultura nacionales contra los tiburones de la especulación y las leyes del mercado, si creen que Ucrania va a conquistar así soberanía nacional y ser dueña de su destino. Muy al contrario, los expertos del FMI y de la finanza internacional ya están afilando los colmillos y se están relamiendo ante su nueva víctima, para ayudarla - es decir hundirla hasta el fondo en la esclavitud de la deuda - con las habituales condiciones draconianas, que obligarán a Ucrania a malvender su sector público y a ceder hasta la última migaja de su soberanía monetaria y económica.


No creo que sea esto lo que quiere Svoboda ni lo que querría un patriota ucraniano. Quizá otros componentes del movimiento que ha tomado el poder, o falsos políticos nacionalistas, lo asumen y simplemente obren con engaño y mala fe. Pero suponiendo la buena fe al menos en una parte de los líderes del movimiento nacionalista, hay que pensar que estas cosas las han considerado y por tanto que su juego es utilizar a Occidente, que les apoya contra Rusia, manteniéndose en una especie de equilibrio a tres bandas para llevar adelante su ideario.


Pero es como mínimo muy dudoso que ellos solitos – aunque se crean el centro geopolítico de Europa como afirman – sean capaces de utilizar el poder de Occidente para sus fines; es bastante más verosímil que sean ellos los utilizados e instrumentalizados.

No es la primera vez que se utilizan movimientos o personajes que en teoría son ideológicamente hostiles al poder que actualmente domina Occidente: por ejemplo durante la disolución de Yugoslavia el presidente croato Franco Tudjman no tenía problemas en reivindicar el legado del movimiento nacionalista Ustacha, que gobernó el estado croata aliado de la Alemania nacionalsocialista. Tudjman era un revisionista histórico y no lo ocultaba. Sin embargo todo ello no impidió que cumpliera un papel útil en la disolución de Yugoslavia, impulsado por el odio antiserbio de forma muy parecida a como el odio antirruso impulsa el nacionalismo ucraniano. Se le dejaba hablar con tal de que hiciera su parte y hoy, después de dos décadas, el señor Tudjman ya ha pasado sin que sus ideas hayan influido de manera relevante, y Croacia se ha integrado totalmente en el sistema occidental.


Asimismo los islamistas radicales serán todo lo antimodernos, antioccidentales y antiamericanos que quieran, pero evidentemente no crean preocupación ni representan una verdadera amenaza al sistema mundialista que los ha utilizado abundantemente y lo sigue haciendo. Había islamistas luchando en Bosnia contra los serbios, los ha habido en el derrocamiento de Gadafi, han sido enviados también a Siria para que luchen contra el gobierno de Assad.


Así, movimientos que serían llamados fascistas o neonazis en Europa son apoyados tranquilamente por Estados Unidos y la Unión Europea en Ucrania. No parece preocupar que participen en un gobierno o incluso que lo dominen: intentando hacer de adivino, la estrategia puede ser separar Ucrania de Rusia, sujetarla bien financiera y militarmente, para en un segundo momento neutralizar los movimientos patrióticos. 

Claro que todo esto puede salir bien o mal, existe un fermento europeo contra el mundialismo que está creciendo, y el tiro bien les puede salir por la culata. Todo depende, como siempre, de los hombres y de su lucha que es lo que da forma a la historia.

El futuro ahora más que nunca parece impenetrable y cargado de posibilidades. En el momento que escribo Rusia ha intervenido militarmente, por el momento en Crimea, y el futuro de la parte oriental de Ucrania, con abundante poblacion rusa, es incierto. Ciertamente quienes han desencadenado esta situación no podían esperar tocar las narices a los rusos tan de cerca sin que estos reaccionaran: ya lo intentaron a mucha menor escala y en un punto menos vital en 2008, en Georgia, con el resultado de una pequeña guerra resuelta en pocos días por el Ejército ruso.


Concluyendo ya, podemos extraer de estos acontecimientos una reflexión final sobre el límite de los movimientos nacionalistas europeos, y precisamente que si se quedan en la defensa del interés nacional, si su horizonte no va más allá, están condenados a ser instrumentos del mundialismo porque terminarán enfrentando antes o después unos países europeos con otros.


Evidentemente es inevitable que haya roces entre países vecinos por motivos históricos, políticos, económicos, que pueden llegar a ser enemistad; es la palanca sobre el cual actuarán las fuerzas que dominan actualmente Europa, si el continente comienza a escapárseles de las manos. La antigua máxima divide et impera es siempre válida; el límite de las fuerzas identitarias y los movimientos patriotas en Europa es que si no logran sobrepasar el horizonte del interés puramente nacional no tienen ninguna posibilidad de ser un peligro para el sistema.


Pueden ser un peligro y una alternativa real sólo en el caso de que los antagonismos – que siempre van a existir – se subordinen a un patriotismo europeo – patria no como nación histórica, sino como tierra de los padres – que respete las peculiaridades de cada país sin imponerle a nadie modelos que le sean extraños, sin ninguna enfermiza y opresiva obsesión por reglamentar todo y controlar todo como la actual burocracia europea. Un patriotismo europeo que sepa contener en su interior los nacionalismos, y éstos sepan reconocer la prioridad de la idea europea, en un orden nuevo que aún se debe formular. De lo contrario el horizonte del nacionalismo europeo estará limitado con una cadena muy corta y la lucha contra el sistema estará destinada al fracaso.

ARTICULO EXTRAIDO ORIGINALMENTE DE :

viernes, 28 de febrero de 2014

Dominique Venner, BALTIKUM. Los Freikorps y el origen del Nacional-Socialismo (1918-1923)

Tras la derrota, después de la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán desapareció. Unidades de combatientes organizados en torno a mandos prestigiosos se agruparon para combatir a los bolcheviques, para acudir en ayuda de las comunidades alemanas del Báltico y de Alta Silesia, para combatir contra la ocupación francesa del Rhur y para castigar a los traidores. A estas unidades de les llamó Freikorps, Cuerpos Francos.
Formados a partir de las tropas de asalto creadas para soportar los momentos decisivos de la guerra de trincheras, los primeros pasos del nacionalsocialismo son completamente incomprensibles si no se conoce antes la epopeya de estas unidades de combatientes.
Entre el final de la guerra en noviembre de 1918 y el golpe de Munich en noviembre de 1923, los Freikorps se configuraron como un ejército político. La aventura de los Freikorps no forma parte de la historia militar sino de la historia de las revoluciones políticas del Siglo XX.
Es la historia de aquellos que, crecidos en la guerra, no pudieron soportar ni la paz ni la derrota.
Dominique Venner (1935-2013), periodista e historiador francés (que no dudó en afirmar su compromiso político en defensa de la libertad y de la identidad de Europa desde muy joven) tiene una abultada producción destinada a realizar la crónica de “las guerras civiles europeas” ensombrecieron el Viejo Continente a lo largo del Siglo XX. Baltikum es una de ellas.
Suboficial durante la guerra de Argelia, militante de Jeune Nation, activista de la OAS y luego fundador de la revista Europe-Action y de la Féderation des Étudiants Nationalistes, miembro luego del “Groupe de recherches et d`études pour la civilisation européenne” su vida como militante es tan desmesurada como su obra como historiador. En el momento de fallecer llevaba publicando durante once años, mensualmente La Nouvelle Revue d`Historie.
El 21 de mayo de 2013 optó por dar el último ejemplo de valor y entrega a sus ideas, suicidándose ante el altar mayor de Notre Dame de París.


Suplemento de la Revista de Historia del Fascismo, eminves@gmail.com

domingo, 2 de febrero de 2014

PLATÓN Y LA REVOLUCIÓN EUROPEA


Como ya se ha indicado el totalitarismo platónico evoca, aunque sólo sea por analogías formales, el totalitarismo europeo contemporáneo. Tanto en uno como en otro estamos ante la pretensión del Estado de guiar la vida del individuo, tanto en uno como en otro una idea se sitúa en el centro de la vida con la pretensión de sellar todas sus manifestaciones. Es cierto que Platón habría podido suscribir el eslogan mussoliniano «Todo dentro el Estado nada fuera del Estado, nada contra el Estado». Y es también cierto que habría podido escribir de su puño y letra una declaración como la aparecida en Pravda el 21 de agosto de 1946: «El deber de la literatura es ayudar adecuadamente al Estado a educar a su juventud, responder a sus necesidades, educar a la nueva generación a ser valerosa, a creer en su causa, a mostrarse intrépida ante los obstáculos y preparada para superar todas las barreras…».

El totalitarismo platónico no nace solamente de la concepción del Estado como un macro-hombre, como unidad orgánica, sino también de la conciencia de la descomposición social, de la crisis de la ciudad griega que exigía soluciones drásticas, medidas urgentes y coercitivas. Nace de la conciencia de que la antigua clase dirigente estaba muerta y la nueva no estaba todavía preparada. Visto desde esta perspectiva, el totalitarismo platónico presenta relevantes coincidencias históricas con el totalitarismo moderno, surgido para sustituir las elites políticas derribadas por las revoluciones liberales. Ambos totalitarismos, nacidos de una meditación pesimista sobre el momento presente, acusan un optimismo fundamental. Creer que un Estado, una civilización, puedan ser salvados mediante el dominio de una sola idea es, ante todo, una manifestación de esperanza. Sólo se está dispuesto a reconocer una autoridad política ilimitada a aquel principio del cual se acepta, fielmente, su ilimitada bondad. En este sentido, el totalitarismo de Platón, la idea del Estado-organismo, se nos presenta cono un mito, como mitos son las concepciones de los Estados fascista, nacionalsocialista y bolchevique. Considerado en su líneas generales, el mito del Estado platónico puede relacionarse con las más diversas tendencias del totalitarismo moderno, sean éstas de derecha o de izquierda: «En la República se puede encontrar la autorización a predicar la revolución social, la caída del capitalismo y el poder del dinero; pero igualmente puede encontrarse una justificación de la coexistencia de dos sistemas diferentes de educación, uno para los pocos y otro para los muchos, y una justificación de la clase dirigente hereditaria»[1].

Sin embargo, observando con más atención, el sentido del totalitarismo platónico nos obliga a hacer distinciones: no se trata de la tiranía de una clase o de una facción sino del gobierno de los mejores, los cuales, encarnando los valores heroicos y sacrales, pueden razonablemente pretender representar la totalidad de los valores del espíritu. Esta cualificación más precisa nos permite, sin embargo, rechazar toda posible vinculación entre bolchevismo y platonismo. En efecto, este último no es un Estado-totalidad sino una parte del todo, la más ínfima y plebeya, que pretende situarse como absoluto social y espiritual. La dictadura del proletariado constituye la inversión perfecta del ideal platónico. Más complejo resulta el discurso para el fascismo y el nacionalsocialismo que, si bien han ignorado la suprema exigencia de situar nuevamente en la cima del Estado valores trascendentes, también es cierto que han luchado por la creación de una elite heroica capaz de situar la política por encima de la economía e imponer una nueva jerarquía de los rangos. En cierto sentido representan un intento de remontar el ciclo de la decadencia de las formas políticas tal y como se halla delineado en la República.

Las relaciones entre platonismo y nacionalsocialismo merecen una consideración a parte. Es conocida la influencia ejercida por el platonismo sobre la cultura alemana de la primera mitad del siglo XX. El círculo que dirige el poeta-profeta Stefan George difunde una imagen heroica de Platón que no deja de influir en las corrientes políticas de extrema derecha. Así, izada la roja bandera de la esvástica sobre el mástil de la Cancillería, se eleva un coro de voces proclamando a Platón «precursor», «defensor del derecho de los mejores», «nórdico», «Gründer», «Hüter des Lebens» o incluso «Führer»[2]. Para la reconstrucción de la imagen de Platón en el III Reich resulta de interés el libro de Hans Günther, el máximo teórico nacionalsocialista de la idea «nórdica», dedicado a Platon als Hüter des Lebens. Platons Zucht und Erziehunggedanken und deren Bedeutung fur die Gegenwart («Platón como custodio de la vida. La concepción educativa y selectiva platónica y sus significado para nuestro tiempo»). En él se puede leer: «No debemos dejarnos seducir por aquellos que definen la eugenesia como una ciencia “animal”. Fue Platón quien proporcionó al término griego “idea” su actual significado filosófico y quien con su doctrina se ha impuesto como fundador del idealismo… y ha sido precisamente el propio Platón quien, en tanto que idealista, el primero en definir el ideal de la selección»[3].

Para Günther, Platón es el salvador de la sangre elegida, el asertor de la vida como totalidad de alma y cuerpo. Para Platón, como para todos los arios primitivos, «no existía nada espiritual que no concerniese también al cuerpo ni nada físico que no concerniese igualmente al alma. Esta constituye precisamente la manera característica de pensar del nórdico»[4]. En la concepción aria de la vida, interpretada por Platón, la nobleza de ánimo y la belleza comienzan a existir «cuando las tenemos ante los ojos, personificadas. Esta sana concepción genera el concepto helénico de la kalokagathía, de la bondad-belleza, y la kalokagathía no se considera como un modelo de perfección individual sino como algo mucho más vasto: una teoría de la cría de una humanidad superior. Sólo por medio de una selección, de la educación de una estirpe elegida, puede lograrse que la belleza y la bondad aparezcan un día personificadas ante nosotros»[5].
Resulta evidente que la interpretación nacionalsocialista de Platón es propagandística y unilateral. Pero, igualmente, algunas afirmaciones fundamentales son irrebatibles. Muy difícilmente se hubiese escandalizado Platón ante la quema de los libros «corruptores» o ante las leyes para la protección de la sangre. Evidentes influjos platónicos se encuentran además en la doctrina interna de las S.S., dedicadas a someter a una paciente selección física y espiritual a los futuros jefes, educados en los Ordensburgen, los «Castillos de la Orden» surgidos por doquier en Alemania. La Ordnungstaatgedanke, la concepción del Estado como Orden viril que se identifica con la voluntad política, se nos muestra como una revivificación de las ideas de la República.

Concluyendo, se puede afirmar que se encuentra una herencia platónica incontestable en los movimientos fascistas europeos. La identificación del Estado con una minoría heroica que lo rige, el ardiente sentimiento comunitario, la educación espartana de la juventud, la difusión de ideas-fuerza por medio del mito, la movilización permanente de todas las virtudes cívicas y guerreras, la concepción de la vida pública como un espectáculo noble y bello en el que todos participan: todo esto es fascista, nacionalsocialista y platónico a la vez. La evidencia habla por sí sola.
Hoy, consumida en una sola e inmensa pira la esperanza de volver a dar una elite a la Europa invertebrada, la enseñanza política de Platón parece lejana y casi perdida para siempre. Los valores económicos, que él colocó no en la cúspide sino en la base de la sociedad, se exaltan como soberanos. Burguesía y proletariado, Occidente y Oriente, capitalismo y comunismo proclaman al unísono la llegada de un Estado cuya única meta es el bienestar de los más. Aquello que Platón habría denominado como la parte apetitiva del Estado ha aplastado a la parte heroica y cognoscitiva. La civilización de las masas pesa como la opaca mole de las inmensas ciudades de cemento. Pero este mundo de las masas lleva en su seno los gérmenes de su propia descomposición. Por un lado, se asiste a una creciente especialización de las funciones, por otro, al nacimiento de una estructura cada vez más parecida a un mecanismo perfecto[6]. Entretanto, las masas, insertas en este gran mecanismo, vegetan en la comodidad en un estado de creciente abulia política. Surge así la posibilidad del dominio de una elite especializada sobre una masa satisfecha e indiferente. Escribe Nietzsche en la Voluntad de Poder: «Un día los obreros vivirán como hoy los burgueses pero sobre ello vivirá la casta superior; ésta será más pobre y más simple pero poseerá el poder». Es una afirmación profética que proyecta en el futuro la visión de una elite platónica interiormente forjada por un moderno doricismo, habitando con sobria pobreza en el centro inmóvil donde accionan las ruedas del brillante mecanismo de la civilización occidental[7].

Llegados a este punto, cuando estamos a punto de concluir estas notas introductorias, concédasenos el finalizar a la manera platónica introduciendo un mito. Un mito que no hemos inventado nosotros sino que se encuentra en las páginas de una novela de Daniel Halévy, Histoire de quatre ans. 1997-2001. Estamos en 1997: Europa se pudre en el bienestar y el libertinaje. La corrupción crece por lo que «heridos los centros de energía aria», la marea de los pueblos de color amenaza a los europeos decadentes. Pero he aquí que, un poco por todos lados, grupos de individuos se aíslan, dándose una estructura ascético-militar, una disciplina severa. En sus cenobios se recompone la antigua ley de la vida, vuelve a florecer el espíritu de obediencia y sacrificio. Alcanzando el poder, el grupo de monjes-laicos pone fin al desorden y a la corrupción democrática dividiendo la sociedad en las tres castas de asociados, novicios y sometidos. El esfuerzo del nuevo orden salva Europa, y la Federación Europea, fundada el 16 de abril de 2001, se prepara para marchar contra los bárbaros de Oriente. Hasta aquí el mito, un mito didascálico que no habría desagradado a Platón. Pero, en el mito y más allá del mito, el ideal político de Platón se mantiene como un elemento permanente de toda verdadera batalla por el orden. El perno de su sistema político está constituido por la exigencia de hacer coincidir la jerarquía espiritual con la jerarquía política, de asegurar al espíritu la dirección del Estado.

No sin motivo Kurt Hildebrandt ha podido titular su libro Platón, la lucha del espíritu por la potencia. Esta exigencia, formulada con tanta claridad por el más grande pensador de la Hélade y de Occidente, permanece en todo tiempo, al igual que las historias de Tucídides ktéma es aéi, una conquista para la eternidad. Nadie como Platón ha sufrido por la ineptitud de la inteligencia, incapaz de dar un orden a la vida. Ha contemplado hasta en los abismos más insondables la tragedia de la escisión entre espíritu y vida, entre espíritu y poder político. Y nos ha mostrado la vía real que conduce más allá de esta trágica escisión: no la vana tentativa idealista de adecuar la política a esquemas abstractos, sino un esfuerzo heroico y disciplinado para infundir sangre y energía a la pura inteligencia, para confiar los valores del espíritu a una especie de hombre fuerte, templada, victoriosa. En la oscuridad contemporánea la doctrina de Platón arde como un fuego lejano que orienta nuestro camino. Hacia ella deberá saber mirar una nueva clase política resuelta a fundar el verdadero Estado, a dar a cada uno lo suyo, a imponer contra la tiranía de la masa y del dinero la nueva jerarquía.

ADRIANO ROMUALDI

Notas
[1] Thomas A. Sinclair, Il pensiero politico classico, Bari, 1961, p. 223.
[2] Sobre la imagen de Platón en la Alemania de este periodo véanse: J. Bannes, Hitlers Kampf und Platons Staat, Berlín y Leipzig 1933 y Die Philosophie des heroischen Vorbildes; C. Bering, Der Staat der Königlichen Weisen, 1932; K. Gabler, Platon der Führer, 1932; H. Kutter, Platon und die europäische Entscheidung; F. J. Brecht, Platon und der George-Kreis, Leipzig 1929.
[3] Platon als Hüter des Lebens, Munich 1928, p. 66.
[4] Op. cit., p. 39.
[5] Op. cit., p. 46.
[6] Véase J. Evola, Cavalcare la tigre, Milán 1961: «En el lugar de las unidades tradicionales – de los cuerpos particulares, de los órdenes de las castas y de las clases funcionales, de las corporaciones – conjunto de miembros a los que el individuo se sentía ligado en función de un principio supraindividual que informaba su entera vida, proporcionándole un significado y una orientación específicos, hoy se poseen asociaciones determinadas únicamente por el interés material de los individuos, que sólo se unen sobre una base: sindicatos, organizaciones de categoría, partidos. El estado informe de los pueblos, en la actualidad convertidos en meras masas, hace que todo posible orden posea un carácter necesariamente centralista y coercitivo».

[7] Una perspectiva similar se delinea en Der Arbeiter de Ernst Jünger: «Al igual que produce placer ver a las tribus libres del desierto que, vestidas de harapos, poseen como única riqueza sus caballos y sus valiosas armas, también resultaría placentero ver el grandioso y valioso instrumental de la “civilización” servido y dirigido por un personal que vive en una pobreza monacal y militar. Es éste un espectáculo que produce alegría viril y que hace su aparición allí donde al hombre se le imponen exigencias superiores para alcanzar grandes fines. Fenómenos cono la Orden de los Caballeros Teutónicos, el ejército prusiano, y la Compañía de Jesús constituyen ejemplos a tal efecto…». Citado en J. Evola, L’operaio nel pensiero di Ernst Jünger, Roma 1960, pp. 75.

lunes, 10 de junio de 2013

JULIUS EVOLA Y EL ZEN


En varias obras, Evola ha estudiado el Zen, sirviéndose de poemas, textos y frases de maestros Zen para expresar sus ideas. Sin embargo, en la mayor parte del tiempo no se extiende mucho sobre este tema. El autor de "Revuelta Contra El Mundo Moderno" ha escrito más sobre tantrismo o alquimia que sobre el Zen. Solamente algunos artículos han sido dedicados a esta cuestión.
Para Evola el Zen representa hoy el budismo original. "El Zen no constituye una anomalía extremo oriental del budismo, tal como algunos han pretendido equivocadamente, sino que es una reiteración de los temas y de las exigencias que dan vida al budismo de los orígenes (...)". Igualmente precisa: Es suficientemente notorio que el Zen en su espíritu, puede ser considerado como un retorno al budismo de los orígenes. El budismo nació como reacción vigorosa contra las especulaciones y los ritualismos vacíos en los cuales la antigua casta sacerdotal india había caído. El budismo hizo tabula rasa con todo esto (...). En los desarrollos subsiguientes del budismo, la situación contra la cual éste había reaccionado, se reprodujo. El budismo se convirtió en una religión con sus dogmas, sus rituales, su escolástica, sus minuciosas reglas morales. El Zen intervino de nuevo para hacer tabula rasa con todo esto, para colocar en primer lugar lo que había constituido el núcleo vital del budismo en su forma original, a saber, la conquista de la iluminación, del despertar interior.
Evola, en ocasiones, emplea la palabra "budismo esotérico" para referirse al Zen. Según la Tradición, el Buda lo habría transmitido a un solo discípulo, Mahakashiapa, quien abrió un lugar de patriarcas detentadores de este conocimiento que habían recibido la Transmisión legítima. En el siglo V d. J.C., Bodhidharma llevó esta enseñanza a China en donde se desarrolló con el nombre de Tch’an, que sufrió una rápida influencia del taoísmo, trascripción de la palabra sanscrita DHYANA (=contemplación), luego pasó a Japón a fines del siglo XII y principios del XIII, gracias a Yosai (Eisai en japonés) y sobre todo Dogen.
Por su carácter abrupto, desprovisto de cualquier sentimentalismo y devoción, por su rechazo al formalismo y el conformismo, el Zen apareció como una vía difícil, reservada a una élite. El Zen debe ser considerado, bajo su aspecto absoluto, como la doctrina de los iniciados, indica Evola, es decir, válida para personas ya bien orientadas en la vía que conduce al despertar. La doctrina del despertar posee un carácter esencialmente iniciático. Por ello no podía aplicarse más que a una minoría, al contrario del budismo más tardío, el cual toma la forma de una religión abierta a todos o de un código de moralidad pura y simple.
De hecho, la esencia y el fin del Zen, el SATORI, la iluminación, el despertar, no pueden ser expresados. Los KOAN -especie de enigmas que no pueden ser resueltos por la razón- son, a este respecto, característicos. El discípulo debe superar todo lo que es forma, prejuicios, hábitos, clasificaciones, creencias, etc., para encontrar una respuesta. El Zen no tiene concesiones, no promete nada; los maestros dicen: "Practicad" y no hablan nada del despertar sino es bajo una forma velada. En cuanto al contenido de su experiencia, el Buda guarda silencio, para impedir que, de nuevo, en lugar de actuar, no se entregue al placer de especular y filosofar, explica Evola.
Toda palabra, todo escrito, cualquier descripción, son limitadas, pues "según lo que dicen los maestros del Zen, el rasgo esencial de la nueva experiencia es la superación del dualismo, dualismo entre el fuera y el dentro, entre el yo y el no-yo, entre lo finito y lo infinito, entre el ser y el no-ser, entre la apariencia y la realidad, entre lo vacío y lo lleno, entre la sustancia y los accidentes, y, paralelamente, la imposibilidad de discernir cualquier valor planteado dualísticamente por la conciencia finita y ofuscada por la particular, hasta límites paradójicos: el liberado y el no-liberado, el iluminado y el no iluminado, este mundo y el otro mundo, la falta y la virtud, no son más que una sola y misma cosa". Y también: "el estado de la budeidad, no puede ser comprendido más que por quien el mismo es Buda (...)".
Esta apariencia irracional, rebelde a cualquier forma, sedujo mucho a algunos contestatarios, como los beat en los años cincuenta: Puede comprenderse que todo esto haya atraído mucho al joven occidental desarraigado que no soporta ninguna disciplina, que vive a la aventura y le gusta la revuelta. Evola separa cualquier equívoco: Aquel que precisa que puede encontrar en el Zen la confirmación de una ética que podría equivaler a la libertad, pero que sea intolerante a toda disciplina interior, a toda dirección emanando de las partes superiores de su propio ser, se verá decepcionado. Igualmente, para quien en un intento de recuperación del Zen por el psicoanálisis, operado por Jung, Evola observa: (...) Según Jung, el significado verdadero y positivo, no solo de las religiones sino también del misticismo y de las doctrinas iniciáticas, sería el alma, desgarrada y torturada por los complejos; en otros términos, sería cambiar a un neurótico y anormal... lo que encontramos en todas las doctrinas espirituales y tradicionales, es algo completamente diferente. El hombre sano y normal no es aquí el punto de llegada, sino el punto de partida, y son facilitados los medios por los cuales quien lo desea, si tiene verdadera vocación, puede intentar la aventura de superar efectivamente la condición humana (...). Precisiones netas, sin equívocos para el psicoanálisis y los charlatanes pseudoespiritualistas que manipulan una clientela de tarados.
No hay que creer que el adepto al Zen huye del mundo o busca evadirse. Por el contrario, se trata de reencontrar su rostro original, "la condición normal". En la alegoría de la captura del búfalo, el interesado está en las primeras imágenes, enteramente preocupado por encontrar, luego amansar, y por fin, subir a lomos del animal. Una vez realizado, el búfalo desaparece, igualmente el hombre; en su lugar, ocupa toda la imagen un círculo. Ultima imagen, el "despertado" discute con gentes en un mercado, ha vuelto al mundo. Evola, en la "Doctrina del despertar", recupera esta explicación: Antes que un hombre se ponga a estudiar el Zen, para él las montañas son montañas y las aguas, aguas. Cuando gracias a las enseñanzas de un maestro cualificado, ha tenido la visión interior de la verdad del Zen, para él las montañas ya no son montañas, ni las aguas son aguas. Pero luego, cuando ha llegado verdaderamente al asilo de calma, de nuevo, las montañas son montañas y las aguas, aguas. La vida en Japón fue penetrada por el espíritu del Zen, sea la vía de la espada, el Ken-do, la vía del guerrero, Bushido, la vía del té, de las flores, del tiro con arco, de la poesía (...). Todas las actividades de la vida pueden ser impregnadas por el Zen y, por ello, elevadas a un significado superior, a una totalidad y a una impersonalidad activa: un sentido de insignificancia del individuo que no paraliza, sino que asegura una calma y un distanciamiento, permitiendo una asunción absoluta y pura de la vida (...). El Zen tiende a aportar una estabilidad interior (...) permitiendo, como dice Lao Tsé ser un todo en un fragmento.
Existe en el Zen una búsqueda de la simplicidad, de lo natural, evacuación del razonamiento abstracto, intelectual. (...) El universo es la verdadera escritura del Zen (...). Árboles, hierba, montañas, corrientes, astros, mar, luna, es con estos elementos que se escriben los textos Zen (...). El Sol se alza, la luna decrece. Altura de las montañas. Profundidad de la mar. Flores primaverales. Fresca brisa estival. Otoño de amplia luna. Copos de nieve invernal. Estas cosas pueden ser demasiado simples para que un observador común les preste atención, pero poseer para el Zen un significado profundo. El practicante del Zen reencuentra la unidad, la intimidad, con la naturaleza, tal como lo expresa este Koan del maestro Taisen Deshimaru:
El hombre mira a la flor, la flor mira al hombre.
Estos diferentes aspectos -antiintelectualismo-, ausencia de sentimentalismo, de devoción, rechazo de las formas, abandono del individuo, llamada a la intuición, exigencia de una disciplina interior, no podían sino seducir Evola. Sin embargo, este desconfió siempre del Zen occidentalizado, tal como lo comprenden los modernos, habiendo perdido su fuerza, su altura, su virtud. En cuyo caso se convierte en una forma, una contra imagen suplementaria establecida por el mundo moderno.

Christophe Levalois


martes, 28 de mayo de 2013

LOS DELIRIOS DE LOS CULOS BENDITOS (1)



La muerte heroica de Dominique Venner ha provocado una ola de odio entre las ranas de pilas de agua bendita (2).
Algunos de estos tarados se han expresado en Rivarol (de este 24 de Mayo). Vierten en las columnas de tal periódico, que acogen sin duda a lo mejor y lo peor, su veneno de fanáticos sectarios, cuyos delirios son comparables a los de los zelotes de las otras dos religiones monoteístas. Son unos grandes enfermos. Firman François Berger [«su acción no puede ser defendida ni justificada»], Pierre Labat [«un acto cobarde, odioso (…) que inspira el más profundo asco» (…) «Venner ha muerto como vivió: De manera cobarde y penosa»], Nicolas Bertrand [«los cristianos se indignan por el sacrilegio de su acto», es «una forma de abandono», una «tradición no europea»]. Este miserable no tiene, ante la evidencia, ningún conocimiento de la tradición europea [desde los romanos a las berlinesas matándose para escapar de los rojos], lo que es normal puesto que la suya viene de las orillas del Jordán.
En todo caso, anotemos debidamente los nombres de estas cochinillas.

Pierre VIAL


Notas de los traductores

(0) Texto publicado originalmente en la página electrónica de la organización etno-socialista hermana Terre et Peuple, el lunes, 27 de Mayo de 2013 e. c.
(1) ‘Culos benditos’, del francés ‘culs bénits’, expresión común francesa con la que se denomina coloquialmente a aquellos individuos que se caracterizan por ser devotos en extremo.
(2) ‘Ranas de pilas de agua bendita’, del francés ‘grenouilles de bénitiers’, expresión común francesa con la que se nombra coloquialmente a aquellos sujetos, generalmente de sexo femenino, que pasan la mayor parte de su tiempo en la iglesia como si de ranas con una necesidad casi vital de tal agua se tratara; en pocas palabras, de misa y comunión diarias.

Traducción a cargo de Tierra y Pueblo.