martes, 24 de junio de 2014
viernes, 20 de junio de 2014
jueves, 5 de junio de 2014
RATAS NEGRAS. Historia de los estudiantes nacionalistas en Francia. 1965-1995
«Representamos a la juventud, la alegría de vivir de este país, que ha
olvidado lo que es eso. No somos conformistas. Nuestro pequeño lado “espontaneísta”
no lo negamos. Ese estado de espíritu es único ¡Debemos mantenerlo! Recobremos
la virtud de la insolencia, queremos ser hoscos y desagradables. No nos
avergüenza ser lo que somos, por lo que pensamos no sentimos ninguna
culpabilidad. Sabemos de dónde venimos, tenemos héroes, mártires, no renegamos
de ellos. Nuestro símbolo es la Cruz Céltica... Eso puede desagradar, pero a
nosotros nos gusta. Ordre Nouveau puede asustar
pero no asustarnos. Nuestras virtudes son el orgullo, la insolencia y la
juventud. Tenemos tiempo, precisamente porque somos jóvenes, pero también una
inmensa impaciencia».
Alain Robert,
antiguo secretario general de Ordre Nouveau y del Front National
d
RATAS NEGRAS
Historia de los estudiantes nacionalistas en Francia
1965-1995
1965-1995
(268 páginas)
sábado, 31 de mayo de 2014
EL “BUDISMO ARISTOCRÁTICO” DE JULIUS EVOLA
El “Budismo aristocrático” de Julius Evola
Era 1943 e. c. cuando Evola publicaba La
dottrina del risveglio (La doctrina del despertar), o sea, un momento en
que la Historia daba un trágico giro, en particular en Italia, donde el
estallido de una de las más crueles guerras civiles se injertaba en un
conflicto mundial que parecía haber echado a doblar las campanas pregonando la
muerte de la cultura europea. Ciudades enteras, transformadas en piras, habían
dejado de existir, y esto no era más que el preludio del inminente
Apocalipsis... En esta atmósfera trágica, cuando cabría haber esperado de los
intelectuales una actitud combativa, fundada sobre los valores de la acción,
del coraje y del heroísmo, Julius Evola daba a leer a su
público un libro ¡sobre Budismo! Habida cuenta de la imagen que Occidente se
había formado de las tradiciones orientales y más en particular de la enseñanza
de Sakiamuni, cabe pensar que entre los numerosos
posibles lectores de obra tan inesperada en un período crucial de la Historia de
Italia, hubiera quienes vieran en este “ensayo sobre el ascetismo budista” una
especie de ¡provocación! Tanto más que los orígenes aristocráticos del autor no
parecían predisponerlo, en modo alguno, a interesarse de manera particular por
una religión donde los monjes, ajenos al Mundo, desempeñan el papel principal.
Se trataba, en realidad, de un malentendido. Se olvidaba, por ejemplo,
que el futuro Buda era también de estirpe noble
o, más exactamente, era hijo de rey y príncipe heredero y había sido educado en
vistas a que un día heredaría la corona. Se le había enseñado la profesión de
las armas y el arte de gobernar y, a la edad justa, se había casado y tenido un
hijo. Cosas, todas éstas, que evocarían más la formación física y mental de un
futuro samurái que la de un seminarista que se prepara a tomar las órdenes. Un
hombre como Julius Evola era el más
apropiado para disipar tal error.
Y lo hace en dos frentes: Por un lado, no deja de recordar en su libro
cuáles fueron los orígenes de Buda, el príncipe Sidarta, destinado al
trono de Kapilavastu; por otro, se empeña en demostrar que el ascetismo budista
no es una resignación pusilánime frente a las desgracias de la vida, si no un
combate de orden espiritual no menos heroico que el de un caballero en el campo
de batalla. Como dice el propio Buda (en Mahavagga, II, 15): «Mejor morir combatiendo que vivir
como vencido». Tal resolución coincide con el ideal de Evola de triunfar sobre las resistencias materiales con el fin de alcanzar el
Despertar a través de la meditación; no obstante, hay que señalar que el
vocabulario guerrero está contenido en los escritos más antiguos del Budismo, o
sea, los que mejor reflejan la enseñanza viva del maestro. Evola se entrega incansablemente a borrar esa imagen flaca y desteñida que
Occidente se ha creado de una doctrina que en sus orígenes se la quería
aristocrática y reservada a “campeones”.
Es sabido que después de Schopenhauer, en la cultura occidental, se difundió la idea de que el Budismo
enseñaba una doctrina de renuncia al Mundo, entendida como actitud pasiva: «Dejemos
que las cosas sigan su curso; al fin y al cabo, no nos interesan». Dado que
en este mundo inferior “todo es malo”, sabio es aquel que, como San Simeón
Estilita, se retira, si no a vivir sobre una columna, por lo
menos a un lugar aislado para meditar. Y la imagen más corriente que nos
hacemos de los budistas es la de monjes con hábitos de color azafrán que van
mendigando su alimento y no hacen –según se cree– más que recitar textos
aprendidos de carrerilla, puesto que la oración propiamente dicha está
prohibida, por lo cual su religión se antoja una forma de ateísmo.
Evola demuestra muy bien que esa noción del Budismo está radicalmente falseada
por una serie de prejuicios. ¿Pasividad? ¿Inacción? ¡Todo lo contrario! Buda no cesa de exhortar a sus discípulos a “esforzarse por la victoria” y él
mismo, en el ocaso de su vida, podrá decir con ufanía: «Katam karaniyam»
(“¡Lo que debía hacer lo he hecho!”). ¿Pesimismo? Es cierto que Buda, tomando una fórmula del Brahmanismo, religión en la que había sido
educado antes de partir de Kapilavastu, afirma que sobre la Tierra “todo es
sufrimiento”; pero es así, aclara él mismo, porque esperamos que nuestros actos
nos reporten de inmediato beneficios concretos. Los guerreros arriesgan su vida
por el ansia del saqueo y por el placer de la gloria; pero quedan
inevitablemente decepcionados: El botín es magro y pronto malversado y la
gloria se marchita con rapidez... Mas si se toma conciencia de este estado de
cosas –he aquí un aspecto del Despertar–, el pesimismo se disipa, por cuanto
que la realidad es la que es, ni buena ni mala de por sí: Pertenece a un
devenir que no puede ser interrumpido. Es preciso vivir y actuar, pues, a
sabiendas de que para nosotros ha de contar sólo el instante. Por lo tanto, el
deber (el dharma) se afirma como la única referencia válida: “Haz lo que
debes”, o sea, “haz, pero de modo que tu actuar sea del todo desinteresado”.
Se adivina cómo Evola no ha tenido que
fatigarse mucho para mostrar que este ideal es el de los caballeros andantes de
nuestro Medievo, los cuales ponían su espada al servicio de toda causa noble,
sin aguardar recompensa alguna. Combatían porque un día fueron preparados para
rendir tal servicio y no para enriquecerse despojando a sus adversarios. ¿Eran
pesimistas? Desde luego que no, si al concluir su vida podían decir, como Buda: “¡Lo que debía hacer lo he hecho!”. Tampoco eran optimistas, puesto que
el principio “todo marcha bien en el mejor de los mundos posibles” no es menos
ilusorio que su contrario.
Por fin, el término de “ascetismo” es susceptible de generar errores en
quien observe el Budismo desde el exterior. Evola recuerda, a tal propósito, que el sentido original de esta palabra es
“ejercicio práctico”, “disciplina” y, se podría decir también, “aprendizaje”.
Mas no, como estamos inclinados a creer, una voluntad de mortificación ligada a
la idea de penitencia que llega, por ejemplo, a la autoflagelación, pues “es
preciso sufrir para expiar los propios pecados”, si no una escuela de voluntad,
un heroísmo puro –o sea, desinteresado–, que Evola, conocedor de la materia, parangona con el esfuerzo del alpinista. Para
el profano, la escalada es un esfuerzo inútil; para el alpinista, es un desafío
que se lanza a sí mismo con el solo propósito de poner a prueba su valentía, su
perseverancia y, eventualmente, su heroísmo. Hay aquí una actitud que el
Brahmanismo conocía ya bajo ciertas formas del yoga, en especial las tántricas.
A esto, Evola, unos años antes
–concretamente, en 1926 e. c.–, había dedicado el libro L’uomo come potenza
(El hombre como potencia).
En el ámbito espiritual el modo de proceder es el mismo. Buda en determinado momento, según se sabe, estuvo tentado de una forma de
ascetismo semejante a la del ermitaño del desierto; ayunos prolongados,
prácticas tendientes a “quebrantar la resistencia del cuerpo”, etc. Pero llegó
a ser verdaderamente él mismo, accedió al Despertar, sólo cuando comprendió que
este camino no llevaba a ninguna parte. Con gran escándalo de sus primeros
discípulos dejó de mortificarse, comió hasta satisfacer el hambre y volvió a
mezclarse con el mundo de los hombres. Pero a partir de entonces comenzó a
actuar con desprendimiento: El Mundo ya no podía hacer presa de él, que se
había convertido en un “héroe”, como habrían dicho los griegos antiguos, o casi
un Dios.
Tal es el significado profundo de la enseñanza del príncipe Sidarta, transformado en “el Despertado”, el Buda, o “el asceta salido de la dinastía real Sakia (Sakiamuni)”. Y todo el
valor del libro de Evola está en poner de
manifiesto este Budismo auténtico. Para ello recurre masivamente a las fuentes
originales, las recogidas en el canon en lengua pali, la lengua utilizada por Buda en su predicación. Aunque se trata siempre de una erudición mantenida
bajo control, que no se tiene ella misma como fin, cual a menudo ocurre con los
especialistas, si no que cumple su papel, esencial pero subalterno, de medio de
demostración. La obra de Evola, como él mismo
recalca en el título, es un “ensayo”, un compendio, no una summa. No es
una historia del Budismo primitivo, antes bien una reflexión sobre la verdadera
naturaleza del ascetismo budista y sobre su posible integración en el mundo
moderno.
¿Quién puede saber lo que Evola pensaba mientras escribía este libro? Por mi parte, me inclino a creer
que, presintiendo la tragedia inminente, quiso ilustrar la virtud de la
perseverancia y de la fidelidad, aunque el combate no tuviera camino de salida.
Y cuando, en 1945 e. c., recibió en Viena la terrible herida que lo dejó
inmovilizado los treinta años que aún le quedaban por vivir, se puede creer
que, sobreponiéndose a sus sufrimientos y a su desazón por no poder ya escalar
las cimas que siempre le habían atraído, se dijo que, como fuera, había hecho
lo que debía hacer, habiendo nacido tal día y en tal lugar: Testimoniar la
verdad. Y si, por desgracia, en esta edad oscura en la que el Universo se
precipita hacia su fin (necesario para que aparezca un Mundo nuevo, según la
doctrina cíclica del tiempo), la gente no es capaz de recibir tal testimonio,
¿qué más da? Como dijo el propio Buda: «Quien ha despertado es semejante a un león que ruge hacia las
cuatro direcciones del espacio». ¿Quién puede saber cómo resonará el eco de
este rugido? Como quiera, es el rugido de un vencedor y esto es sólo lo que
cuenta.
Jean Varenne,
Doctor en Letras, indólogo, cofundador y Presidente del G.R.E.C.E.
viernes, 25 de abril de 2014
lunes, 21 de abril de 2014
Primer coloquio sobre Dominique Venner
El primer simposio sobre el trabajo y las ideas de Dominique Venner se celebrará 17 de mayo 2014 en la Maison de la Chimie , en París, a partir de las 14.30 ( 28 rue Saint- Dominique 75017 Paris ).
Las intervenciones del programa :
- " Dominique Venner , historiador y ensayista de la historia" por Philippe Conrad
- " Dominique Venner , Corazón rebelde" por Pierre -Guillaume Roux
- " Las lecciones del Samurai " de Javier Portella
- " Dominique Venner visto desde Italia " por Casapound
- "El espíritu del Cuerpo Franco " de Bernard Lugan
- " Un ejemplo de la participación " de Alain de Benoist
También marcará el lanzamiento de la reedición de Corazón rebelde por Éditions Pierre -Guillaume Roux.
El cupo es limitado, así que recomendamos que se use la compra de entradas online.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Chiítas y sunnitas
Adjuntamos un enlace a un interesante documental de poducción iraní, concretamente de Hispan TV, en el que se explica para el publico neofito, la manipulación a la que estan siendo sometidas las distintas sectas sunnies para sembrar el caos y la guerra entre los musulmanes. Fruto de esta manipulación es la actual invasión de elementos yihaddistas que esta sufriendo Siria, asi como los constantes ataques y atentados entre las distintas facciones islamicas en todo el mundo musulman.
viernes, 7 de marzo de 2014
LA BÚSQUEDA DE MIGUEL SERRANO EN INDIA
Medio
siglo después de su primera edición, vuelve a imprimirse La Serpiente del
Paraíso, uno de los libros más profundos e importantes de Miguel Serrano, mi
padre, en el cual relata su búsqueda por las ciudades, valles, ríos sagrados,
altas cumbres, templos y “ashrams” de la legendaria India. Vivió allá por diez
años como un peregrino más, pero no cualquier peregrino, pues en realidad tenía
la sagrada misión de encontrar el Monte Kailás en algún recóndito lugar del alto
Himalaya, cercano a la frontera con el Tíbet. En el interior de ese monte
estarían los Guías de la orden a la cual perteneció mi padre, quienes eran
poseedores de antiguas sabidurías y las lenguas olvidadas de los atlantes, o
quizás de sus antecesores.
Fue
aquel un viaje místico que se realizó por el mundo exterior e interior, y
aunque tuve la fortuna de acompañarlo junto a mi madre y hermanos durante un
extenso periplo por esa nación, era yo demasiado joven para darme cuenta de la
real importancia de su paso por India. Pero luego, con el devenir del tiempo,
vendría a descubrir esta trascendencia y su “dimensión cuasi cósmica”, como se
podría decir. Artículos en la prensa de Nueva Delhi, libros de swamis como
Bhagwan Shree Rajneesh, lo mencionaban con profundo respeto y admiración. Fue
realzado mucho más en el extranjero que en su propio país, situación que no me
parece extraña conociendo ciertos rasgos muy típicos de Chile, sobre todo su
tacañería intelectual.
Ahora
entiendo con absoluta claridad que él fue un chileno -diplomático por añadidura-,
que se identificó, como muy pocos han logrado hacerlo, con las costumbres,
religión, filosofía y mitología hinduistas. Sin embargo, cuando vivíamos en
India era simplemente mi padre, el hombre y el amigo a quien tanto quise, y que
ahora me visita en sueños. Y regresan a mi mente aquellos viajes que realizamos
juntos, como si el tiempo se hubiese detenido por unos instantes…
Recuerdo
que en una ocasión nos dirigimos en automóvil hacia Rishikesh, a orillas del
Ganges, puerta de entrada hacia el alto Himalaya donde residen las deidades
Shiva y Vishnú. Era muy temprano por la mañana y un Sol inmenso aparecía en el
horizonte para entibiar el paisaje. Pronto el calor comenzaría a caer desde el
cielo, surgiendo también desde las profundidades mismas del suelo polvoriento.
A esa temprana hora se observaba una caravana permanente de hombres, mujeres,
camellos y carretas, desfilando por el borde del camino ante nuestros ojos
atónitos. Un paisaje externo que se repetiría mil veces durante el largo
peregrinaje de mi padre por India.
Ya
en Rishikesh conoceríamos al Swami Sivananda y su famoso “ashram”. En
anteriores visitas el Swami le había contado a mi padre sobre sus experiencias
en el sagrado Kailás, mencionando que en el monte propiamente tal no había
ningún monasterio habitado por seres especiales, como brahmanes y siddhas;
ninguna sombra extraordinaria, ninguna luz singular emanaba desde la montaña.
Aunque éstas deben haber sido palabras decepcionantes, no impidieron que mi
padre continuara su búsqueda a lo largo y ancho de la India milenaria con el
propósito de encontrar una entrada que le permitiera acceder a esa otra
dimensión, donde él creía que habitaban los gigantes y los héroes de antaño.
Apropiado
es recordar todo aquello en estos momentos, cuando se cumple un lustro desde su
partida hacia las estrellas y el firmamento.
miércoles, 5 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
SUBVERSIÓN EN UCRANIA
Vale
la pena seguir con atención los acontecimientos de Ucrania, que se encuadran en
la penetración hacia el Este de la
OTAN – es decir el brazo armado del mundialismo anglosajón –
y su vasallo la Unión
Europea. Porque parece bastante claro que la revuelta en
Ucrania que ha depuesto a su presidente Yanukóvich (elegido en 2010,
recordemos, en elecciones por todos consideradas bastante correctas) ha sido
fomentada por Occidente.
Han
sido tres meses de protestas culminadas en una mini revolución, en la cual –
como en toda revolución – grupos bien organizados y encuadrados han aplicado la
fuerza en el momento oportuno y han dirigido a las masas o han canalizado su
furia. No se quería esperar a nuevas elecciones para acabar con el gobierno, se
tenía mucha prisa. Suponiendo que los ucranianos en general y en todo el país
estuvieran tan hartos de Yanukóvich como nos dicen, porque quizás el presidente
habría cambiado pero difícilmente se habría instalado en el poder un gobierno
tan pro-occidental y anti-ruso.
¿Manifestaciones
de masa espontáneas? ¿Una protesta ciudadana multitudinaria con una tal
capacidad de combate, con policías linchados y edificios del gobierno quemados, porque no se ha firmado un acuerdo comercial con
Europa? ¿Esto es lo que pretenden que creamos?
Por
otra parte un movimiento de este tipo y con esta fuerza no sale de la nada, ni
se le puede crear desde el exterior. Ciertamente existía mucho descontento en
el país, y no se lo ha inventado Occidente. Pero lo que sí se puede es fomentar
la subversión y aprovechar los conflictos existentes, según técnicas que han
sido repetidamente empleadas en los últimos años y dejan muy lejos las técnicas
de subversión comunista de la
Guerra Fría.
La
famosa subversión comunista de la segunda mitad del siglo XX, en efecto, se
queda como algo superado y cosa de aficionados, bien poco en comparación con
las modernas ONG’s y fundaciones regadas con los ríos de dinero del poder
financiero internacional, con las técnicas se subversión a distancia a través
de Internet, el espionaje telemático, y en fin los medios de comunicación de
masas globales. Medios que, como comprende a estas alturas cualquiera que no se
tape voluntariamente los ojos, siguen directivas ocultas y férreas que vienen
de arriba, rígidamente alineados en una propaganda convergente.
Es
totalmente evidente que se ha tratado, en esta pequeña revolución ucraniana, de
una revuelta cultivada durante varios meses de agitación, canalizando un
descontento popular existente. En su fase final llevada a cabo, en un momento
bien elegido, con una estrategia militar de guerrilla urbana y tropas de choque
bien encuadradas y adiestradas; una fuerza de choque que ha llevado el peso
principal de los combates y tras la cual no es difícil adivinar las milicias
paramilitares de partidos patrióticos, en primer lugar Svoboda que es
el más combativo: Es un movimiento cuyas ideas desde luego no cuadran con la
degeneración social propugnada por Occidente (comentaré esto después) pero que,
en nombre de la lucha contra Rusia, ha combatido en un golpe organizado por
Occidente.
Acompañando
la lucha política sobre el terreno, en el frente virtual y mediático de la
opinión pública los medios de comunicación afines han cumplido fielmente con la parte que
tenían encomendada.
Naturalmente
también los medios rusos presentan las cosas a su manera, pero tras haber leído
varios artículos de una y otra parte debo decir que sus análisis son mucho más
equilibrados y significativos, aun defendiendo generalmente el punto de vista
ruso. Los medios occidentales en cambio raramente se elevan sobre el nivel de
una burda propaganda y una tendenciosidad absolutamente falta de pudor.
La
elección de las palabras nunca es casual: es curioso cómo en algunos artículos
se habla del “pueblo” ucraniano que se ha rebelado y, en cambio, del
“populacho” en Crimea que se siente ruso. Así como los medios hablan del autoproclamado gobierno de la región de Crimea, que no acepta el
nuevo poder y terminará probablemente uniéndose a Rusia antes o después. Por lo
visto no es autoproclamado el gobierno de Kiev que ha derribado con la fuerza
el anterior, de manera totalmente ilegítima desde el punto de vista del sistema
democrático.
Pero
esto no es nada nuevo: quien tenga algo de memoria recordará cómo durante las
guerras yugoslavas en los años 90 eran autoproclamadas la república serbia de Bosnia y la Krajina en Croacia (esta
última invadida por los croatas que expulsaron a 700.000 serbios) porque se
había decidido que estos últimos eran los malos. En cambio no eran autoproclamadas las repúblicas que se separaban de Yugoslavia y no
era autoproclamado el Kosovo, porque Occidente les apoyaba.
Y no
sólo son abiertamente tendenciosos los artículos generalistas, digamos para las
masas, sino también en los que se presentan como análisis en profundidad,
destinados a quien tiene la paciencia de leerlos. Es un signo interesante de
que las élites occidentales empiecen a confundir la realidad y la propaganda. Pero
es natural al fin y al cabo: quien admite defender sus intereses y los de su
gente es siempre más honesto de quien hipócritamente se arropa de superioridad
moral en nombre de pretendidos principios universales. Este último, con el
tiempo, pierde hasta la capacidad de ver la realidad porque en mayor o menor
medida termina creyéndose su propia propaganda.
Y los
modernos misioneros occidentales del libre mercado, el orgullo gay, la ideología de género y la tiranía del
neofeudalismo del dinero – que todo hunde la raíz en el mismo suelo como he
comentado en otras entradas – se creen realmente los salvadores de la humanidad.
Volviendo
a lo de Ucrania, subrayemos una vez más que ha sido a todos los efectos un
golpe de Estado, resultado de una insurrección apoyada y fomentada por
Occidente. Un ejemplo de este apoyo es el discurso inflamatorio de Bernard
Henry-Lévy frente a la multitud en Kiev el 9 de Febrero.
¿Qué se le había perdido en Kiev a nuestro conocido “filósofo” (además de apreciado consejero del gobierno francés y apologista de todas las recientes agresiones y campañas terroristas apoyadas por
Es superfluo
indicar que si un agitador extranjero fuera enviado a Estados Unidos o
cualquier otro país para incitar al derrocamiento del gobierno con la
violencia, está bastante claro que sería inmediatamente arrestado y puesto de
patitas en la frontera. Pero es que el Lévy ha sido sólo uno de los agitadores
enviados por la Unión
Europea y EEUU a Ucrania; otro ha sido el yanqui John Mc Cain
que ha sido últimamente un habitual en los movimientos de oposicion ucranianos,
sin olvidar en fin el grifo del dinero que seguramente habrá estado bien
abierto.
Una
vez hecha la jugada, ante la irritación y las acusaciones por parte de Rusia,
Obama y otros políticos americanos han deplorado la “mentalidad de guerra fría”
de Rusia que ve el mundo como “un tablero de ajedrez”, advirtiendo que se debe
respetar la integridad territorial de los países y no intervenir con tropas.
No
dejan de ser curiosos estos sermones viniendo de donde vienen, pero claro, hay
que entenderlos y descodificarlos en cristiano. Lo que quieren decir en
realidad es que la guerra fría continúa y el tablero de ajedrez existe pero
sólo ellos pueden mover las piezas; que ellos pueden desestabilizar y subvertir
un país mientras los demás deben estar atados de pies y manos, limitándose a
aceptar los hechos consumados.
Sobre
la soberanía y la integridad territorial harían mejor en callar, porque tiene
cojones que digan esto quienes en los últimos quince años han invadido Irak y
Afganistán, han agredido Serbia para quitarle una provincia y derribar su
gobierno, han provocado una guerra civil en Libia interviniendo para dar la
victoria a sus protegidos y han intentado hacer lo mismo en Siria, donde no han
tenido escrúpulos en utilizar su franquicia de terrorismo islámico Al Qaeda® para subvertir y destruir el país.
Como
podemos ver, la superioridad moral del Yes We Can y sus compadres es apabullante, cualquiera que no
esté de acuerdo es un malvado o defiende oscuros intereses. Después de todo
tiene el Premio Nobel, aunque se lo hayan dado porque es moreno.
La retórica
democrática y derechohumanista se muestra, una vez más, por lo que es: una
colosal verbena de cinismo e hipocresía.
Una
mención especial merece la participación en la revuelta ucraniana de los
movimientos nacionalistas como Svoboda, que
han jugado un papel fundamental y representan también – especialmente el
partido citado - una gran fuerza, sea a nivel electoral que en la calle con su
combativa militancia. Este hecho se está pasando bajo silencio en los medios
occidentales y no es difícil comprender por qué. La ideología de Svoboda en
muchos aspectos está en línea con los movimientos patrióticos y
antimundialistas de los países occidentales, su visión del mundo se basa en
valores cristianos, rechazan el liberalismo y el capitalismo de la democracia occidental,
así como como el culto del libre mercado.
Yo sí
les invitaría a comer a mi casa, pero para la ideología que domina Occidente
son impresentables desde la cabeza a los pies.
En
efecto, su programa comprende, en lo social y económico, la inalienabilidad de
la tierra y la restricción de su comercio, el control sobre la economía con un
importante sector bancario estatal y controles sobre el Banco Central, la
tendencia a la autarquía con la defensa del producto nacional y la protección
de agricultura e industria, la propiedad pública de los servicios esenciales,
la lucha contra el aborto, la defensa de la familia y el rechazo de la
propaganda de las desviaciones sexuales. Así como criterios étnicos para la
ciudadanía y el fomento de una educación patriótica.
En lo
político la esencia de sus posiciones consiste en la oposición a Rusia y la
eliminación de su influencia en Ucrania, un poco como una de las aspiraciones
de los movimientos patrióticos en Occidente es la liberación de la OTAN y la influencia
americana. Pero en el caso de Svoboda llegan auna
rusofobia explítica
y persecutoria hacia su propia población rusa o de habla rusa, con un programa
agresivo de normalización lingüística que no sólo fomenta el ucraniano sino
que quiere perseguir el ruso, y a la misma población rusófona o de etnia rusa –
ignoro hasta qué punto es posible distinguir étnicamente rusos y ucranianos –
así como varios otros puntos que traen a la memoria la “ley de memoria
histórica” del Z-Infame en nuestro país.
En lo
militar, evidentemente con un enfoque antirruso, aspiran al rearme convencional
y nuclear, así como buscar la protección de EEUU y Reino Unido (evidentemente
les resulta claro quién manda en la
OTAN y que los demás “aliados” cuentan como un cero a la
izquierda).
Nada
habría que objetar contra buena parte de este programa, al contrario, muchas
cosas me parecen excelentes y deseables, además de necesarias en cualquier
movimiento de liberación europea.
Sobre
la parte geopolítica de su programa, probablemente sean inevitables las
posiciones antirrusas en un movimiento patriótico, dado el peso de la historia
que tienen en común con un largo período de dominio ruso, y el desorden que
dejó la disolución de la
Unión Soviética. Por limitarnos a la historia más reciente,
hubo un movimiento de resistencia antisoviético en Ucrania hasta bien entrados
los años 50, apoyado por Occidente, y muchos patriotas ucranianos reivindican
explícitamente el período de la Segunda Guerra Mundial en que un estado ucraniano
satélite de Alemania combatió contra la Rusia de Stalin.
Las
primeras acciones llevadas a cabo tras la toma del poder, como abolir la
oficialidad de la lengua rusa en todas las regiones y abatir símbolos y
monumentos relacionados con Rusia, indican el papel importante, si no
principal, que tienen el nacionalismo y en particular Svoboda en la
nueva etapa. Lo que quieren en primer lugar es dejar claro que son antirrusos,
aunque con estas provocaciones esencialmente inútiles lo que van a provocar es
una fractura del país, cada vez más si siguen a ultranza en esta línea. Y en el
momento en que escribo estas líneas regiones enteras están mostrando su rechazo
al nuevo gobierno, no solamente en Crimea donde las tropas rusas ya han
intervenido. Veremos cómo sale al final todo esto.
Naturalmente
es para utilizarlos como arma contra Rusia y en virtud de esta parte de su
programa, que Occidente ha apoyado a los movimientos patrióticos ucranianos, a
pesar de la afinidad de éstos con el “área” identitaria o – en jerga
mundialista – de extrema derecha, en lo social y económico. De hecho si fuera
un partido en un pais occidental los pondrían de neonazis para arriba. Y quizá
lo hagan cuando llegue el momento de desembarazarse de ellos.
Porque
ese momento llegará si Ucrania o una parte de ella se estabiliza en la órbita
occidental. Es difícil descifrar el juego que llevan Svoboda y los
patriotas ucranianos, porque seguramente Occidente les ayudará a separarse de
Rusia y también a potenciar su ejército, aunque desde luego se pueden olvidar
de las armas nucleares. Pero si piensan que el Occidente de los “matrimonios” y
las adopciones homosexuales, exportador de degeneración moral y social, les va
a permitir una política de defensa de valores cristianos y tradicionales, van
de culo.
Como
también van de culo si piensan que van a dejarles controlar el Banco Central,
la moneda y la economía, si creen que van a poder proteger la industria y la
agricultura nacionales contra los tiburones de la especulación y las leyes del
mercado, si creen que Ucrania va a conquistar así soberanía nacional y ser
dueña de su destino. Muy al contrario, los expertos del FMI y de la finanza
internacional ya están afilando los colmillos y se están relamiendo ante su
nueva víctima, para ayudarla - es decir hundirla hasta el fondo en la
esclavitud de la deuda - con las habituales condiciones draconianas, que
obligarán a Ucrania a malvender su sector público y a ceder hasta la última
migaja de su soberanía monetaria y económica.
No
creo que sea esto lo que quiere Svoboda ni lo que querría un patriota ucraniano. Quizá
otros componentes del movimiento que ha tomado el poder, o falsos políticos
nacionalistas, lo asumen y simplemente obren con engaño y mala fe. Pero
suponiendo la buena fe al menos en una parte de los líderes del movimiento
nacionalista, hay que pensar que estas cosas las han considerado y por tanto
que su juego es utilizar a Occidente, que les apoya contra Rusia,
manteniéndose en una especie de equilibrio a tres bandas para llevar adelante
su ideario.
Pero
es como mínimo muy dudoso que ellos solitos – aunque se crean el centro geopolítico de Europa como afirman – sean capaces de utilizar el poder
de Occidente para sus fines; es bastante más verosímil que sean ellos los
utilizados e instrumentalizados.
No es
la primera vez que se utilizan movimientos o personajes que en teoría son
ideológicamente hostiles al poder que actualmente domina Occidente: por ejemplo
durante la disolución de Yugoslavia el presidente croato Franco Tudjman no
tenía problemas en reivindicar el legado del movimiento nacionalista Ustacha,
que gobernó el estado croata aliado de la Alemania nacionalsocialista. Tudjman era un
revisionista histórico y no lo ocultaba. Sin embargo todo ello no impidió que
cumpliera un papel útil en la disolución de Yugoslavia, impulsado por el odio
antiserbio de forma muy parecida a como el odio antirruso impulsa el nacionalismo
ucraniano. Se le dejaba hablar con tal de que hiciera su parte y hoy, después
de dos décadas, el señor Tudjman ya ha pasado sin que sus ideas hayan influido
de manera relevante, y Croacia se ha integrado totalmente en el sistema
occidental.
Asimismo
los islamistas radicales serán todo lo antimodernos, antioccidentales y
antiamericanos que quieran, pero evidentemente no crean preocupación ni
representan una verdadera amenaza al sistema mundialista que los ha utilizado
abundantemente y lo sigue haciendo. Había islamistas luchando en Bosnia contra
los serbios, los ha habido en el derrocamiento de Gadafi, han sido enviados
también a Siria para que luchen contra el gobierno de Assad.
Así,
movimientos que serían llamados fascistas o neonazis en Europa son apoyados tranquilamente por Estados
Unidos y la Unión
Europea en Ucrania. No parece preocupar que participen en un
gobierno o incluso que lo dominen: intentando hacer de adivino, la estrategia
puede ser separar Ucrania de Rusia, sujetarla bien financiera y militarmente,
para en un segundo momento neutralizar los movimientos patrióticos.
Claro
que todo esto puede salir bien o mal, existe un fermento europeo contra el
mundialismo que está creciendo, y el tiro bien les puede salir por la culata.
Todo depende, como siempre, de los hombres y de su lucha que es lo que da forma
a la historia.
El
futuro ahora más que nunca parece impenetrable y cargado de posibilidades. En
el momento que escribo Rusia ha intervenido militarmente, por el momento en
Crimea, y el futuro de la parte oriental de Ucrania, con abundante poblacion
rusa, es incierto. Ciertamente quienes han desencadenado esta situación no
podían esperar tocar las narices a los rusos tan de cerca sin que estos
reaccionaran: ya lo intentaron a mucha menor escala y en un punto menos vital
en 2008, en Georgia, con el resultado de una pequeña guerra resuelta en pocos
días por el Ejército ruso.
Concluyendo
ya, podemos extraer de estos acontecimientos una reflexión final sobre el
límite de los movimientos nacionalistas europeos, y precisamente que si se
quedan en la defensa del interés nacional, si su horizonte no va más allá,
están condenados a ser instrumentos del mundialismo porque terminarán
enfrentando antes o después unos países europeos con otros.
Evidentemente
es inevitable que haya roces entre países vecinos por motivos históricos,
políticos, económicos, que pueden llegar a ser enemistad; es la palanca sobre
el cual actuarán las fuerzas que dominan actualmente Europa, si el continente
comienza a escapárseles de las manos. La antigua máxima divide et impera es siempre válida; el límite de las fuerzas
identitarias y los movimientos patriotas en Europa es que si no logran
sobrepasar el horizonte del interés puramente nacional no tienen ninguna
posibilidad de ser un peligro para el sistema.
Pueden
ser un peligro y una alternativa real sólo en el caso de que los antagonismos –
que siempre van a existir – se subordinen a un patriotismo europeo – patria no
como nación histórica, sino como tierra de los padres – que respete las peculiaridades de cada país sin
imponerle a nadie modelos que le sean extraños, sin ninguna enfermiza y
opresiva obsesión por reglamentar todo y controlar todo como la actual
burocracia europea. Un patriotismo europeo que sepa contener en su interior los
nacionalismos, y éstos sepan reconocer la prioridad de la idea europea, en un
orden nuevo que aún se debe formular. De lo contrario el horizonte del
nacionalismo europeo estará limitado con una cadena muy corta y la lucha contra
el sistema estará destinada al fracaso.
ARTICULO EXTRAIDO ORIGINALMENTE DE :
viernes, 28 de febrero de 2014
Dominique Venner, BALTIKUM. Los Freikorps y el origen del Nacional-Socialismo (1918-1923)
Tras la derrota,
después de la Primera
Guerra Mundial, el ejército alemán desapareció. Unidades de
combatientes organizados en torno a mandos prestigiosos se agruparon para
combatir a los bolcheviques, para acudir en ayuda de las comunidades alemanas
del Báltico y de Alta Silesia, para combatir contra la ocupación francesa del
Rhur y para castigar a los traidores. A estas unidades de les llamó Freikorps, Cuerpos Francos.
Formados a partir
de las tropas de asalto creadas para soportar los momentos decisivos de la
guerra de trincheras, los primeros pasos del nacionalsocialismo son
completamente incomprensibles si no se conoce antes la epopeya de estas
unidades de combatientes.
Entre el final de
la guerra en noviembre de 1918 y el golpe de Munich en noviembre de 1923, los Freikorps se configuraron como un
ejército político. La aventura de los Freikorps
no forma parte de la historia militar sino de la historia de las revoluciones
políticas del Siglo XX.
Es la historia de
aquellos que, crecidos en la guerra, no pudieron soportar ni la paz ni la
derrota.
Dominique Venner (1935-2013), periodista e
historiador francés (que no dudó en afirmar su compromiso político en defensa
de la libertad y de la identidad de Europa desde muy joven) tiene una abultada
producción destinada a realizar la crónica de “las guerras civiles europeas”
ensombrecieron el Viejo Continente a lo largo del Siglo XX. Baltikum es una de ellas.
Suboficial
durante la guerra de Argelia, militante de Jeune Nation, activista de la OAS y luego fundador de la
revista Europe-Action y de la Féderation des
Étudiants Nationalistes, miembro luego del “Groupe de recherches et d`études
pour la civilisation européenne” su vida como militante es tan desmesurada como
su obra como historiador. En el momento de fallecer llevaba publicando durante
once años, mensualmente La Nouvelle Revue d`Historie.
El 21 de mayo de
2013 optó por dar el último ejemplo de valor y entrega a sus ideas,
suicidándose ante el altar mayor de Notre Dame de París.
lunes, 10 de febrero de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
PLATÓN Y LA REVOLUCIÓN EUROPEA
Como ya
se ha indicado el totalitarismo platónico evoca, aunque sólo sea por analogías
formales, el totalitarismo europeo contemporáneo. Tanto en uno como en otro
estamos ante la pretensión del Estado de guiar la vida del individuo, tanto en
uno como en otro una idea se sitúa en el centro de la vida con la pretensión de
sellar todas sus manifestaciones. Es cierto que Platón habría podido suscribir
el eslogan mussoliniano «Todo dentro el Estado nada fuera del Estado, nada
contra el Estado». Y es también cierto que habría podido escribir de su puño y
letra una declaración como la aparecida en Pravda
el 21 de agosto de 1946: «El deber de la literatura es ayudar adecuadamente al
Estado a educar a su juventud, responder a sus necesidades, educar a la nueva
generación a ser valerosa, a creer en su causa, a mostrarse intrépida ante los
obstáculos y preparada para superar todas las barreras…».
El
totalitarismo platónico no nace solamente de la concepción del Estado como un
macro-hombre, como unidad orgánica, sino también de la conciencia de la
descomposición social, de la crisis de la ciudad griega que exigía soluciones
drásticas, medidas urgentes y coercitivas. Nace de la conciencia de que la
antigua clase dirigente estaba muerta y la nueva no estaba todavía preparada.
Visto desde esta perspectiva, el totalitarismo platónico presenta relevantes
coincidencias históricas con el totalitarismo moderno, surgido para sustituir
las elites políticas derribadas por las revoluciones liberales. Ambos
totalitarismos, nacidos de una meditación pesimista sobre el momento presente,
acusan un optimismo fundamental. Creer que un Estado, una civilización, puedan
ser salvados mediante el dominio de una sola idea es, ante todo, una
manifestación de esperanza. Sólo se está dispuesto a reconocer una autoridad
política ilimitada a aquel principio del cual se acepta, fielmente, su
ilimitada bondad. En este sentido, el totalitarismo de Platón, la idea del
Estado-organismo, se nos presenta cono un mito, como mitos son las concepciones
de los Estados fascista, nacionalsocialista y bolchevique. Considerado en su
líneas generales, el mito del Estado platónico puede relacionarse con las más
diversas tendencias del totalitarismo moderno, sean éstas de derecha o de
izquierda: «En la República se puede encontrar la autorización a predicar la
revolución social, la caída del capitalismo y el poder del dinero; pero
igualmente puede encontrarse una justificación de la coexistencia de dos
sistemas diferentes de educación, uno para los pocos y otro para los muchos, y
una justificación de la clase dirigente hereditaria»[1].
Sin
embargo, observando con más atención, el sentido del totalitarismo platónico
nos obliga a hacer distinciones: no se trata de la tiranía de una clase o de
una facción sino del gobierno de los mejores, los cuales, encarnando los
valores heroicos y sacrales, pueden razonablemente pretender representar la
totalidad de los valores del espíritu. Esta cualificación más precisa nos
permite, sin embargo, rechazar toda posible vinculación entre bolchevismo y
platonismo. En efecto, este último no es un Estado-totalidad sino una parte del
todo, la más ínfima y plebeya, que pretende situarse como absoluto social y
espiritual. La dictadura del proletariado constituye la inversión perfecta del
ideal platónico. Más complejo resulta el discurso para el fascismo y el nacionalsocialismo
que, si bien han ignorado la suprema exigencia de situar nuevamente en la cima
del Estado valores trascendentes, también es cierto que han luchado por la
creación de una elite heroica capaz de situar la política por encima de la
economía e imponer una nueva jerarquía de los rangos. En cierto sentido
representan un intento de remontar el ciclo de la decadencia de las formas
políticas tal y como se halla delineado en la República.
Las
relaciones entre platonismo y nacionalsocialismo merecen una consideración a
parte. Es conocida la influencia ejercida por el platonismo sobre la cultura
alemana de la primera mitad del siglo XX. El círculo que dirige el
poeta-profeta Stefan George difunde una imagen heroica de Platón que no deja de
influir en las corrientes políticas de extrema derecha. Así, izada la roja
bandera de la esvástica sobre el mástil de la Cancillería, se eleva un coro de
voces proclamando a Platón «precursor», «defensor del derecho de los mejores»,
«nórdico», «Gründer», «Hüter des Lebens»
o incluso «Führer»[2]. Para la
reconstrucción de la imagen de Platón en el III Reich resulta de interés el
libro de Hans Günther, el máximo teórico nacionalsocialista de la idea «nórdica»,
dedicado a Platon als Hüter des Lebens.
Platons Zucht und Erziehunggedanken und deren Bedeutung fur die Gegenwart
(«Platón como custodio de la vida. La concepción educativa y selectiva
platónica y sus significado para nuestro tiempo»). En él se puede leer: «No
debemos dejarnos seducir por aquellos que definen la eugenesia como una ciencia
“animal”. Fue Platón quien proporcionó al término griego “idea” su actual
significado filosófico y quien con su doctrina se ha impuesto como fundador del
idealismo… y ha sido precisamente el propio Platón quien, en tanto que
idealista, el primero en definir el ideal de la selección»[3].
Para
Günther, Platón es el salvador de la sangre elegida, el asertor de la vida como
totalidad de alma y cuerpo. Para Platón, como para todos los arios primitivos,
«no existía nada espiritual que no concerniese también al cuerpo ni nada físico
que no concerniese igualmente al alma. Esta constituye precisamente la manera
característica de pensar del nórdico»[4]. En la concepción aria de la vida,
interpretada por Platón, la nobleza de ánimo y la belleza comienzan a existir
«cuando las tenemos ante los ojos, personificadas. Esta sana concepción genera
el concepto helénico de la kalokagathía,
de la bondad-belleza, y la kalokagathía
no se considera como un modelo de perfección individual sino como algo mucho
más vasto: una teoría de la cría de una humanidad superior. Sólo por medio de
una selección, de la educación de una estirpe elegida, puede lograrse que la
belleza y la bondad aparezcan un día personificadas ante nosotros»[5].
Resulta
evidente que la interpretación nacionalsocialista de Platón es propagandística
y unilateral. Pero, igualmente, algunas afirmaciones fundamentales son
irrebatibles. Muy difícilmente se hubiese escandalizado Platón ante la quema de
los libros «corruptores» o ante las leyes para la protección de la sangre.
Evidentes influjos platónicos se encuentran además en la doctrina interna de
las S.S., dedicadas a someter a una paciente selección física y espiritual a
los futuros jefes, educados en los Ordensburgen, los «Castillos de la Orden»
surgidos por doquier en Alemania. La Ordnungstaatgedanke,
la concepción del Estado como Orden viril que se identifica con la voluntad
política, se nos muestra como una revivificación de las ideas de la República.
Concluyendo,
se puede afirmar que se encuentra una herencia platónica incontestable en los
movimientos fascistas europeos. La identificación del Estado con una minoría
heroica que lo rige, el ardiente sentimiento comunitario, la educación
espartana de la juventud, la difusión de ideas-fuerza por medio del mito, la
movilización permanente de todas las virtudes cívicas y guerreras, la
concepción de la vida pública como un espectáculo noble y bello en el que todos
participan: todo esto es fascista, nacionalsocialista y platónico a la vez. La
evidencia habla por sí sola.
Hoy,
consumida en una sola e inmensa pira la esperanza de volver a dar una elite a
la Europa invertebrada, la enseñanza política de Platón parece lejana y casi
perdida para siempre. Los valores económicos, que él colocó no en la cúspide
sino en la base de la sociedad, se exaltan como soberanos. Burguesía y
proletariado, Occidente y Oriente, capitalismo y comunismo proclaman al unísono
la llegada de un Estado cuya única meta es el bienestar de los más. Aquello que
Platón habría denominado como la parte apetitiva del Estado ha aplastado a la
parte heroica y cognoscitiva. La civilización de las masas pesa como la opaca
mole de las inmensas ciudades de cemento. Pero este mundo de las masas lleva en
su seno los gérmenes de su propia descomposición. Por un lado, se asiste a una
creciente especialización de las funciones, por otro, al nacimiento de una
estructura cada vez más parecida a un mecanismo perfecto[6]. Entretanto, las masas,
insertas en este gran mecanismo, vegetan en la comodidad en un estado de
creciente abulia política. Surge así la posibilidad del dominio de una elite
especializada sobre una masa satisfecha e indiferente. Escribe Nietzsche en la Voluntad de Poder: «Un día los obreros
vivirán como hoy los burgueses pero sobre ello vivirá la casta superior; ésta
será más pobre y más simple pero poseerá el poder». Es una afirmación profética
que proyecta en el futuro la visión de una elite platónica interiormente forjada
por un moderno doricismo, habitando con sobria pobreza en el centro inmóvil
donde accionan las ruedas del brillante mecanismo de la civilización
occidental[7].
Llegados
a este punto, cuando estamos a punto de concluir estas notas introductorias,
concédasenos el finalizar a la manera platónica introduciendo un mito. Un mito
que no hemos inventado nosotros sino que se encuentra en las páginas de una
novela de Daniel Halévy, Histoire de
quatre ans. 1997-2001. Estamos en
1997: Europa se pudre en el bienestar y el libertinaje. La corrupción crece por
lo que «heridos los centros de energía aria», la marea de los pueblos de color
amenaza a los europeos decadentes. Pero he aquí que, un poco por todos lados,
grupos de individuos se aíslan, dándose una estructura ascético-militar, una
disciplina severa. En sus cenobios se recompone la antigua ley de la vida,
vuelve a florecer el espíritu de obediencia y sacrificio. Alcanzando el poder,
el grupo de monjes-laicos pone fin al desorden y a la corrupción democrática dividiendo
la sociedad en las tres castas de asociados, novicios y sometidos. El esfuerzo
del nuevo orden salva Europa, y la Federación Europea, fundada el 16 de abril
de 2001, se prepara para marchar contra los bárbaros de Oriente. Hasta aquí el
mito, un mito didascálico que no habría desagradado a Platón. Pero, en el mito
y más allá del mito, el ideal político de Platón se mantiene como un elemento
permanente de toda verdadera batalla por el orden. El perno de su sistema
político está constituido por la exigencia de hacer coincidir la jerarquía
espiritual con la jerarquía política, de asegurar al espíritu la dirección del
Estado.
No sin
motivo Kurt Hildebrandt ha podido titular su libro Platón, la lucha del espíritu por
la potencia. Esta exigencia, formulada con tanta claridad por el más grande
pensador de la Hélade y de Occidente, permanece en todo tiempo, al igual que
las historias de Tucídides ktéma es aéi,
una conquista para la eternidad. Nadie como Platón ha sufrido por la ineptitud
de la inteligencia, incapaz de dar un orden a la vida. Ha contemplado hasta en
los abismos más insondables la tragedia de la escisión entre espíritu y vida,
entre espíritu y poder político. Y nos ha mostrado la vía real que conduce más
allá de esta trágica escisión: no la vana tentativa idealista de adecuar la
política a esquemas abstractos, sino un esfuerzo heroico y disciplinado para
infundir sangre y energía a la pura inteligencia, para confiar los valores del
espíritu a una especie de hombre fuerte, templada, victoriosa. En la oscuridad
contemporánea la doctrina de Platón arde como un fuego lejano que orienta
nuestro camino. Hacia ella deberá saber mirar una nueva clase política resuelta
a fundar el verdadero Estado, a dar a cada uno lo suyo, a imponer contra la
tiranía de la masa y del dinero la nueva jerarquía.
ADRIANO ROMUALDI
Notas
[1]
Thomas A. Sinclair, Il pensiero politico
classico, Bari, 1961, p. 223.
[2]
Sobre la imagen de Platón en la Alemania de este periodo véanse: J. Bannes, Hitlers Kampf und Platons Staat, Berlín
y Leipzig 1933 y Die Philosophie des
heroischen Vorbildes; C. Bering, Der
Staat der Königlichen Weisen, 1932; K. Gabler, Platon der Führer, 1932; H. Kutter, Platon und die europäische Entscheidung; F. J. Brecht, Platon und der George-Kreis, Leipzig 1929.
[3] Platon als
Hüter des Lebens, Munich 1928, p. 66.
[4] Op. cit., p. 39.
[5] Op. cit., p. 46.
[6]
Véase J. Evola, Cavalcare la tigre,
Milán 1961: «En el lugar de las unidades tradicionales – de los cuerpos
particulares, de los órdenes de las castas y de las clases funcionales, de las
corporaciones – conjunto de miembros a los que el individuo se sentía ligado en
función de un principio supraindividual que informaba su entera vida,
proporcionándole un significado y una orientación específicos, hoy se poseen
asociaciones determinadas únicamente por el interés material de los individuos,
que sólo se unen sobre una base: sindicatos, organizaciones de categoría,
partidos. El estado informe de los pueblos, en la actualidad convertidos en
meras masas, hace que todo posible orden posea un carácter necesariamente
centralista y coercitivo».
[7] Una
perspectiva similar se delinea en Der
Arbeiter de Ernst Jünger: «Al igual que produce placer ver a las tribus
libres del desierto que, vestidas de harapos, poseen como única riqueza sus
caballos y sus valiosas armas, también resultaría placentero ver el grandioso y
valioso instrumental de la “civilización” servido y dirigido por un personal
que vive en una pobreza monacal y militar. Es éste un espectáculo que produce
alegría viril y que hace su aparición allí donde al hombre se le imponen
exigencias superiores para alcanzar grandes fines. Fenómenos cono la Orden de
los Caballeros Teutónicos, el ejército prusiano, y la Compañía de Jesús
constituyen ejemplos a tal efecto…». Citado en J. Evola, L’operaio nel pensiero di Ernst Jünger, Roma 1960, pp. 75.
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